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El cine es ensueño, es música. No hay forma de arte que vaya más allá de la conciencia ordinaria como lo hace el cine, directamente a nuestras emociones, al penumbroso recinto del alma.

Ingmar Bergman.

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Este blog no es de crítica especializada ni académica; solamente de comentarios «al dente» de un espectador común.

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10 julio 2012

La historia oficial – Luis Puenzo (1985)



La historia es la memoria de los pueblos
Alicia, personaje principal de la película.


La historia oficial, una de las mejores películas argentinas, segundo largometraje de Luis Puenzo, es una muy galardonada película, que toca el tema de los desaparecidos durante el Proceso de Reorganización Nacional que sufrió la república Argentina entre los años 1976 y 1983, conocido genéricamente como la dictadura de Jorge Videla, primer déspota de dicho período. La acción, sin embargo, transcurre luego de dicho proceso, durante la naciente democracia de Raúl Alfonsín. Protagonizan los excelentes actores Norma Aleandro y Héctor Alterio, quienes en la vida real se exiliaron durante ese período, justamente debido al régimen totalitario instaurado en su país. Alicia (la bella Norma Aleandro) es una muy estricta y escolástica profesora de historia que, sin embargo, no tiene una clara noción del terrible proceso que recién ha concluido. Su esposo Roberto (Héctor Alterio) ha logrado sobrevivir, incluso escalar económicamente, gracias a sus negocios con el ala militar de la sociedad. Adoptaron una hija –Gaby, personaje interpretado por Analia Castro- años atrás, y en ocasión del quinto cumpleaños de la niña, Alicia comienza a interesarse por el origen de ésta. Una conversación con una amiga que fue torturada durante la dictadura coadyuva a que esa inquietud crezca en el ánimo de Alicia. Ella investiga y logra toparse con una de las Abuelas de la Plaza de Mayo, quien presuntamente es la abuela de Gaby. Alicia, en este proceso, comienza a ver los intríngulis de la dictadura y sus secuelas. Esa verdad la hace padecer una angustia enorme, y culpa de ello la tiene su esposo Roberto.
Los planteamientos de la película, que son varios, nos hacen reflexionar sobre una de las dictaduras más férreas –y genocidas- que ha padecido el continente, la lucha heroica de las mujeres clamando por sus hijos desaparecidos, la fortuna de los niños nacidos en cautiverio (de las mujeres embarazadas que fueran detenidas), y la búsqueda de la verdad como acicate para lograr el sosiego ante la amenazante ansiedad existencial.



Sobre el régimen de Videla y sus secuaces se ha escrito mucho, y no hace falta ahondar en ello. Basta con saber que fueron unos asesinos y que luego de instalarse en el poder llegaron a aberraciones tan bizarras como prohibir la llamada “matemática moderna”. Son cosas que están más allá del entendimiento de quienes abrazamos la razón como elemento vital para la negociación y la posterior concertación entre las partes enfrentadas.
Quienes somos foráneos a Argentina hemos percibido la lucha de las Madres de la Plaza de Mayo, así como de las abuelas, como un ícono contra los regímenes dictatoriales. Es extraordinariamente laudable lo que estas damas hicieron todos esos años (y seguramente aún hacen) por ubicar a sus hijos y nietos desaparecidos, y reclamar al régimen sus crímenes. Llama la atención, eso sí, que fueron las mujeres las que abanderaron esa lucha, a sabiendas que el régimen asesinaba sin piedad tanto a hombres como a mujeres, con el mínimo requisito de que resultasen sospechosos de profesar ideas contrarias a las de los déspotas. Eso lo hace aún más meritorio y digno de la mayor admiración.



Durante la instauración del régimen de facto, detuvieron a hombres y mujeres. Muchas de ellas, en estado prenatal, dieron a luz durante su detención. Esos niños fueron vendidos a quienes querían adoptarlos y podían pagar a las corruptas autoridades. Alicia presiente que su hija Gaby es una niña nacida en esas circunstancias. Esta situación es tan peculiar, y tan especial, que ni el film se pronunció ni uno es capaz de sentenciar. Lo cierto es que para los niños sobrevivientes el haber sido adoptados, aún a pesar de ser por la modalidad de compra-venta, fue el menor de los males, si lo comparamos, por ejemplo, con la fortuna que les deparó a muchas criaturas el régimen nazi: asesinato y experimentación médica a manos del macabro Josef Mengele. La película deja abierta a la libre especulación del espectador la suerte posterior de Gaby. En rigor, estos niños deberían haber sido entregados a los familiares de los detenidos, pero eso habría significado que las autoridades conocían el paradero de dichos detenidos; de manera que tuvieron que darlos (venderlos) en adopción para respaldar su excusa de que no sabían quienes estaban detenidos, ni dónde estaban, si es que estaban detenidos.
Por último, no deja de ser irónico que una profesora de historia esté ausente de los acontecimientos históricos que le rodean en su entorno inmediato, y que sea un problema personal el que dispare su curiosidad y posterior angustia por conocer la verdad. Esa búsqueda de la verdad del origen de su hija adoptiva obedece, sin embargo, a un motivo moral, más que a una inquietud académica. Es decir, la historia personal tiene una importancia existencial, moral; mientras que la historia nacional tiene importancia como memoria del colectivo, como uno de los hilos del tejido que unifica a la nación, pero también como elemento ético. Al final, al conocer la verdad, surgen el alivio y la distensión, que abrirán las puertas a un devenir más sopesado. Sin embargo, la crítica de Puenzo es patente (y vigente): que hay personas que están tan distanciadas de lo que ocurre a su alrededor como se pueda estar, que no tienen noción de su realidad inmediata, y eso es preocupante, eso no forma verdaderos ciudadanos republicanos.
La ambientación, la fotografía y el sonido de este filme son de primera. Las actuaciones de todo el reparto son muy buenas, y destacan sobremanera las de Norma Aleandro y Héctor Alterio. Una sobria dirección y un guión bien hecho respaldan esta producción argentina, holgadamente merecedora de los premios que le han otorgado. Extraordinario filme.


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Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, mayormente a través de Translate Google. Actualmente la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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