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El cine es ensueño, es música. No hay forma de arte que vaya más allá de la conciencia ordinaria como lo hace el cine, directamente a nuestras emociones, al penumbroso recinto del alma.

Ingmar Bergman.

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Este blog no es de crítica especializada ni académica; solamente de comentarios «al dente» de un espectador común.

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17 mayo 2013

El secreto de sus ojos – Juan José Campanella (2009)



¿Cómo se hace para vivir una vida llena de nada?
Benjamin, personaje del filme.


No hace falta que transcurran siquiera los primeros cinco minutos para uno darse cuenta de la calidad de esta película (haciendo caso omiso de la fama que le precede). El secreto de sus ojos es la segunda película argentina que ostenta el Óscar a la mejor película de habla no inglesa (la primera fue La historia oficial, en 1985), y ha sido galardonada en numerosos festivales, muy merecidamente.

Benjamín (Ricardo Darín), un instructor del poder judicial ya jubilado, se aboca a escribir un libro basado en un caso de homicidio que resolvieron, pero el condenado fue liberado por el corrupto sistema político. Es decir, no se hizo justicia. A lo largo de la historia (detallada en este enlace), se evocan los sucesos ocurridos 25 años atrás y los hechos colaterales; también se pasa revista al conato de romance entre Benjamín y su antigua jefa, Irene (la hermosa Soledad Villamil). Desde que comienza, el filme captura la atención del espectador tan solo con la historia policial que se narra. La realización desde el punto de vista técnico es de primera línea, las actuaciones son excelentes, al igual que los demás elementos cinematográficos. El asombroso acercamiento que hace la cámara partiendo de una vista lejana de un estadio hasta llegar a un primer plano de Benjamín –espectador en el estadio- y el empalme con la toma de la cámara que está en las gradas, hace palidecer el famoso acercamiento de Hitchcock en Encadenados, dando cuenta del nivel técnico de quienes hicieron esta película.

El filme puede verse como una historia policial la mar de interesante y cautivadora, pero Campanella no se queda ahí. Expone en las miradas de los actores, en sus expresiones faciales y en sus diálogos, diversos elementos que van desde lo metafísico hasta la política. La crítica a la política del país sureño no puede ser más directa e incisiva, al mostrarnos a un asesino convicto y confeso que el sistema político, igualmente delincuente, ha puesto en libertad y a su servicio. Cualquier parecido con la vida real no es coincidencia, como dijera Costa-Gavras en Z. Los países latinoamericanos, que están tan lejos del ideal que inspirara a Tomás Moro para escribir Utopía como se pueda estar, tienen un imán especial para atraer a sus gobiernos a los delincuentes, a ser gobernados por delincuentes.

En el ámbito metafísico, este filme tiene interesantes alusiones. Una de ellas es la clave para hallar al homicida que descubre el brillante asistente de Benjamín, Pablo Sandoval (Guillermo Francella): que algo que el delincuente no puede cambiar para que lo rastreen es su pasión. Su pasión por el fútbol, descubierta a través de cartas, lleva a los investigadores a encontrarlo. ¿Qué tan cierto es que no podemos cambiar nuestras pasiones? Más tarde, durante un interrogatorio, Irene lo lleva a confesar su crimen cuando mueve el interrogatorio del plano racional al pasional, hiriéndole en su autoestima. La pasión y la furia emergentes evidenciaron sus frustraciones y lo hicieron confesar la autoría del homicidio.

Otra alusión, aún más compleja, también es metafísica y tiene que ver con la vacuidad de la existencia. La heideggeriana pregunta que encabeza este comentario, que se hace Basilio, aplica de igual manera a los personajes principales. Irene, que vive expectante de que el pánfilo Basilio le confiese su amor, a pesar de que ella lleva una vida normal en apariencia; Pablo Sandoval, que evade la realidad teñida de vacío a través del alcohol; Morales, el esposo de la víctima, por la que sentía tan grande amor que en su ausencia solo le queda la nada como compañera; el homicida, que inexorablemente también estará acompañado por la nada; finalmente Benjamin, cuyo vacío existencial le sale por los poros, lo incapacita para declararle su amor a Irene y para contestar preguntas existenciales de las que quisiera conocer la respuesta. La película hace una pregunta (¿por qué la nada parece colmar la existencia?) que se antoja similar a lo que sería el negativo de la que formuló el filósofo alemán: ¿por qué hay ente y no mas bien nada? [1].

El lector podrá apreciar otros asuntos que se tratan, que no he comentado, y que enriquecen esta producción. Extraordinaria e imprescindible película argentina, una obra maestra que se erige desde el sur del sur para beneplácito de los cinéfilos y que enaltece la lista de las grandes realizaciones fílmicas latinoamericanas.

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Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, mayormente a través de Translate Google. Actualmente la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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