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El cine es ensueño, es música. No hay forma de arte que vaya más allá de la conciencia ordinaria como lo hace el cine, directamente a nuestras emociones, al penumbroso recinto del alma.

Ingmar Bergman.

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18 octubre 2013

Zeitgeist – Peter Joseph (2007)



Nadie está más desesperanzadamente esclavizado que aquellos que falsamente se creen libres.


Zeitgeist es la película oficial del movimiento homónimo. Es la primera de una serie de cintas en las que el director Peter Joseph nos plantea una visión de lo que podría entenderse como nuestra cárcel, y nos propone un escape de tan absurda situación. Según el filme, estamos sometidos desde el nacimiento a un sistema que nos tiene pisados, sin posibilidad cierta de emerger, controlado por las clases dirigentes, formadas estas básicamente por banqueros, políticos y corporaciones financieras, sin excluir a la religión, que es la primera institución que nos dogmatiza y construye unos muros difícilmente franqueables.

Este filme no es una gran película desde el punto de vista cinematográfico. Consiste en un guión que nos describe lo que ocurre tras bastidores y quienes manejan los hilos para controlar a las marionetas (a nosotros). Pero la forma en que lo cuenta, sin tapujo alguno, captura la atención e invita a reflexionar sobre lo que plantea. Tiene, sin embargo, un gran trabajo de edición, también realizado por Peter Joseph. Las horas hombre que se le tuvo que haber dedicado a una película así debieron haber sido interminables. Escoger el material, cortarlo y coordinarlo con la música y el guión no es tarea fácil ni rápida, pues se trata de material previamente preparado por terceros: publicidad, entrevistas, conferencias, reportajes, fotografía fija, escenas de noticias y de películas, y uno que otro material original.




La película comienza enumerando las similitudes entre las diversas religiones, dándonos a entender que todas son básicamente lo mismo y que sus mitos son comunes. Enuncia que el Cristianismo es un producto de las anteriores religiones y que cuenta una historia romana desde el punto de vista político para el control social. Bueno, no es una novedad interpretar la religión (no solo el Cristianismo) como una instancia política para el control social. En tal sentido, el mismo Marx no fue precisamente malévolo al calificarla como opio. Esta parte adolece de -al menos- una falacia: señala que Dios necesita dinero. Confunde -deliberadamente o no- religiosos, o personas de la iglesia, con Dios. Tiene aciertos, pero quizás su más grave error sea presentarnos la religión como algo impuesto por las clases dirigentes, por los emperifollados de Wall Street, las grandes corporaciones, los billonarios, los políticos, los sacerdotes, cuando su origen está en la necesidad que tenía el hombre primitivo por entender el mundo, o por la necesidad que tiene el hombre moderno por entender ciertas cosas que la ciencia no ha explicado cabalmente, o por lograr la paz espiritual.

La segunda parte trata sobre la teoría de la conspiración, particularmente en lo que concierne a los hechos del 9/11. Nos recuerda las innumerables incógnitas que hay tras esos hechos: el fallo del sistema NORAD, las explosiones que oyeron los testigos cuando caían las torres gemelas del World Trade Center, la inexistencia de los restos del avión que chocó contra el Pentágono, el colapso inexplicable del edificio 7, el metal derretido en cortes a 45 grados en las columnas de las torres gemelas, lo absurdo que es suponer que un hombre escondido en una cueva y vestido casi con harapos ha sido la mente detrás del monstruoso atentado, y pare usted de contar. Incluso en una alocución de J. F. Kennedy, este da a entender que hay un grupo omnipotente que conspira para controlar todo. También esta parte tiene sus contradicciones. Una de ellas, por ejemplo, refiere a ingenieros que afirman que las torres se diseñaron para resistir colisiones de varios aviones. Habría que confirmar que eso es así, pero en nuestros códigos de diseño y construcción no figura el impacto de aviones como solicitación para edificaciones de oficinas o residenciales. Otras estructuras, como las centrales nucleares, sí deben ser competentes para tal carga, pero dudo mucho que los rascacielos también deban serlo. Es suficiente con el sismo y el viento como cargas laterales demandantes.

Sobre la teoría de la conspiración se podría hablar, al igual que de la religión, durante muchos días. Al final, presentados todos los argumentos de parte y parte, usted se queda con una subjetiva opinión con la que comparte una u otra creencia, pues ambas son muy convincentes. Ese es, precisamente, el problema de la teoría de la conspiración, y por eso desde el punto de vista rigurosamente científico es teoría, no es ley.

Al final, un sinsabor pesa sobre la sociedad tras los atentados del 9/11: la ley antiterrorismo elimina derechos y libertades civiles. El film incluso plantea que la paranoia sobre el terrorismo ha sido premeditadamente instaurada por el estamento dirigente. Es un simple negocio, pues se gastan sumas ingentes de dinero con la excusa de defenderse del terrorismo cuando el número de víctimas por ese flagelo es infinitamente inferior (70 norteamericanos al año) que el de las muertes ocasionadas por enfermedades u otras causas (más de 400.000 por enfermedades coronarias). También representa una cuerda más con la que los titiriteros manejan a su antojo la sociedad.

En su tercera parte, Zeitgeist habla del poder económico (la primera es el religioso y la segunda el político). Comienza con frases de personajes célebres ofreciendo respaldo a la teoría de la conspiración, y sigue explicándonos el mecanismo con el cual el sistema monetario funciona y nos fastidia la vida a todos los que no pertenecemos al grupo de los titiriteros: crecimiento exponencial del dinero circulante genera deuda creciente, la guerra como instrumento para incrementar las ganancias de los poderosos (tesis que contradice diametralmente la idea sobre este tema que tienen algunos, como Umberto Eco), entre otros efugios. Considera que el entretenimiento, el sistema educativo o la droga son para controlar al público, y que los magnates no están interesados en que la gente estudie y piense sobre cómo es manipulada. Abunda en algunos datos como que Rockefeller ganó el equivalente a 3.000.000.000 de dólares en la II Guerra Mundial, pues la Standard Oil vendía a los alemanes un aditivo para la maquinaria de guerra nazi. Ciertamente ignoro muchos de los datos que la película expone, pero son creíbles muchos de ellos. Algunos no, por ejemplo que una hipotética unión de USA, Canadá y México (de la que se habló en años recientes) se concretaría con una moneda llamada «Amero», pero eso no ha ocurrido.




El Addendum y el Proyecto Venus

El Addendum (P. Joseph, 2008), segunda película de la serie, continúa con la explicación del funcionamiento del sistema monetario: si no hay deuda no hay dinero, el dinero se crea de la nada (dinero inorgánico) y genera una creciente inflación. La sociedad cae en la trampa de requerir un empleo para pagar los préstamos, es la esclavitud moderna. Esa misma de la que, en muchas ocasiones, nos damos cuenta los que tenemos que trabajar para canjear bienes y servicios que requerimos para vivir. Es decir, trabajamos para los bancos. Introduce un nuevo término político, algo que vendría a traducirse como «corporatocracia» o gobierno de las corporaciones. Estas señoras se encargan solamente de maximizar las ganancias sin importar costos sociales o ambientes. La llamada «globalización» consiste en implementar ese sistema en todo el mundo, a escala global.

Según este movimiento (y su película), los corruptos grupos que controlan el poder no son la fuente del problema, son los síntomas, pues el sistema no funciona con la honestidad como valor, sino con la mentira, con la corrupción, que es la clave motora. Otro elemento importante es la escasez, con la que se controlan los precios que quieren controlar los señores todopoderosos. Hay que recordar que, similar a lo ocurrido con la religión, la moneda y las transacciones comerciales basadas en el sistema monetario, nacieron hace miles de años, presumiblemente para facilitar el primitivo y poco práctico trueque; no han sido un invento de las corporaciones modernas.




Ambas películas son realmente un proemio al Proyecto Venus, que lidera Jacque Fresco. Esta iniciativa propone una solución a nuestros males: el cambio radical de la civilización. Dice el ingeniero Fresco que los políticos no saben cómo resolver problemas, son los técnicos los que los resolvemos y la economía debería estar basada en los recursos. La sociedad que nos pinta la gente del PV no requiere del dinero para funcionar. Todas nuestras necesidades serían cubiertas gracias a las tecnologías adecuadas, sin esclavitud. Es una sociedad que está mucho más allá del comunismo, al que critica de igual manera que al capitalismo. Las energías alternas son más que suficientes para garantizar nuestra vida y nuestro desarrollo, pero el interés en el petróleo es meramente por las ganancias que representa para los grandes emporios. No habría crimen, pues los rousseunianos del PV aseguran que al no haber escasez y tener todas las necesidades cubiertas, no habría porqué delinquir, ya que no es propio del comportamiento humano. La educación actual crea trabajadores especializados. En una economía de recursos la educación estaría enfocada en el individuo, sería muy distinta. En una sociedad tal, que erradicara el elitismo, no habría Estado, ni políticos, ni corredores de bolsa, ni economistas, quizás tampoco abogados. La gente podría dedicarse a lo que realmente le gusta, a desarrollar sus destrezas y crecer como persona.

Habría que ver qué tan dispuestos estamos los títeres de aventurarnos con un sistema como el propuesto por J. Fresco; los capos obviamente no lo estarían. Es difícil pensar que un mundo sin política pueda funcionar, tal como los sistemas totalitarios, en donde la política no es más que una palabra inutilizada del diccionario. La política, ese arte que regula nuestras relaciones, ¿podría realmente desaparecer? Quizás muchos preferirían el malo conocido al bueno por conocer. Otros quizás preferirían al bueno por conocer, tal como hace 3 lustros pensamos equivocadamente los venezolanos, y resultó que hemos caído en algo mucho peor que el malo conocido. Quizás las generaciones postreras solucionen las aberraciones que este sistema impone y que también imponen otros sistemas que prometen falsas soluciones. Eso esperamos quienes, con toda seguridad, no veremos eso. Mientras tanto, debo terminar tan largo escrito porque tengo que trabajar. Quizás luego me incorpore en algún foro del movimiento Zeitgeist o navegue para ver las ensoñaciones del Proyecto Venus.

Como quiera que sea, son películas que vale la pena ver, para reflexionar sobre lo que tenemos y lo que podríamos llegar a tener...



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Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, mayormente a través de Translate Google. Actualmente la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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