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El cine es ensueño, es música. No hay forma de arte que vaya más allá de la conciencia ordinaria como lo hace el cine, directamente a nuestras emociones, al penumbroso recinto del alma.

Ingmar Bergman.

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Este blog no es de crítica especializada ni académica; solamente de comentarios «al dente» de un espectador común.

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Algunos comentarios hacen referencia a momentos claves del argumento o al desenlace de este (spoilers).

11 enero 2012

Metrópolis – Fritz Lang (1927)



Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo
El justo medio aristotélico


Pese a algunos detalles que quizás hoy no convenzan a los cinéfilos contemporáneos, tales como la sobreactuación de algunos actores –si no te todos-, justificada porque en aquella época los actores venían directamente del teatro y aún no existía “el método” (de actuación) de Lee Strasberg, o la súbita conversión de Freder, que de ser un “hijo de papá” (u hombre-masa) cambia, con agustiniana rapidez, a ser hermano de los proletarios, Metrópolis es una obra maestra del séptimo arte. Desde el punto de vista meramente cinematográfico constituyó un hito en la filmografía mundial, una monumental puesta en escena y un desafío en lo que refiere a los efectos especiales. Muy cuidada desde el aspecto fílmico por su director Fritz Lang, también es poseedora de un argumento de primera, escrito por su esposa Thea von Harbou. Ha sido una de las pocas películas incluidas en el Programa Memoria del Mundo (Memory of the World Programme) de la UNESCO, por lo que constituye Patrimonio Cultural de la Humanidad (comentario en el portal de la UNESCO).

La historia narra la sublevación (auto aniquilante) de los obreros ante un patrono despótico, director de la ciudad, y finalmente una conciliación basada en la premisa del film: el mediador entre el cerebro y las manos es el corazón. Vale decir: el mediador entre la mente y la fuerza es el sentimiento. El mediador es el hijo (Freder) del patrono (Frederson), que se anexó al proletariado a raíz de su enamoramiento con la joven dirigente María, la cual desde un podio cristiano (lleno de cruces, cual altar), dirigía reflexiones a la masa proletaria, y les instaba a esperar al mediador entre ellos (las manos, la fuerza laboral) y el patrono (el intelecto, el capital) en lugar de desesperar en sus demandas. Este argumento no es complejo en lo que refiere a su enunciado en sí, pero lo es la diégesis del film.




Esta cinta está plagada de símbolos y alegorías, muchas de éstas últimas de carácter religioso, específicamente cristiano. Es así como figuran escenas inspiradas en el Becerro de oro: la adoración del mal; María predicando en un seudo altar (un podio lleno de cruces) con una estrella de cinco puntas de fondo; las catacumbas donde vive el proletariado y el lumpen, alusión directa a las catacumbas romanas de los inicios del cristianismo, por mencionar algunas alegorías inscritas en la muy cuidada escenografía del film. También se hace uso del engaño al estilo del caballo de Troya: el patrono Frederic, para incitar a los trabajadores, les envía un androide (con forma idéntica a la de su líder María), el cual los instiga a la sublevación. Este robot antes ya había despertado los apetitos de la burguesía (hombres-masa), y les había hecho caer –aún más- en la vanalidad y la apatía. Un elemento destacado es el reloj de 10 horas, duración de la jornada laboral, cuyas campanadas señalan el cambio de turno de los trabajadores, que acuden como un ejército de borregos al matadero. Más alegorías y símbolos, muchos subliminales, están insertados en esta excelente película, cuya temática es política, o socio-política.

Un tema importante que presenta este filme es la presencia de la tecnología, o la máquina, que desde los inicios de la revolución industrial ha sido el fantasma que ensombrece el trabajo del obrero, siempre con la amenaza de sustituirlo. Hay aspectos morales que la película toca, de manera explícita o de manera implícita, pero el quid del argumento de Metrópolis es que toca diversas aristas del problema social básico: explotados y explotadores, por decirlo una manera un tanto marxista.

Pirámide del sistema capitalista

Pasando por macabras situaciones como que el patrono instiga a los obreros a la sublevación, a través del androide, aunque en ello se ponga en riesgo la integridad tecnológica de la ciudad y la vida de las personas, con el objeto de justificar más represión a posteriori; o el descuido de los obreros que, en medio de la jácara con la que celebran la destrucción del núcleo tecnológico de la ciudad, han dejado sus hijos a su suerte mientras la ciudad se inunda y se desmorona, y ni siquiera se han dado cuenta de que esa destrucción también los afecta a ellos; y por boicoteo, espionaje, chantaje, y otras perlas de la conducta humana, el aspecto medular del filme es la diferencia entre las napas antes mencionadas, y la búsqueda de una solución al ancestral conflicto. La clave está en la frase de cierre de la película, cuyo análisis puede ser útil para la comprensión de ésta.

No se puede pasar por alto algunas imprecisiones (por llamarlas de alguna manera) sobre la frase en cuestión: el mediador entre el cerebro y las manos es el corazón. El cerebro, personificado en la película por el patrono déspota, no es necesariamente la razón, ni el cerebro. Podría ser el capital, o el poder, o el poderoso, más que el cerebro o la razón o la inteligencia. Ciertamente para ser un empresario de alto calibre hay que tener inteligencia para los negocios (que no para otra cosa), pero esa inteligencia no necesariamente es útil para mediar con el proletariado. Justamente se necesita un mediador que el patrono no posee. Dicho de manera frontal: todos conocemos gente que tiene mucho dinero, pero que es tan pobre que solo tiene dinero. En algunos casos es simplemente inexplicable como tienen tanto dinero con tan poco cociente intelectual. En segundo término, las manos constituyen solamente la fuerza laboral, pero ¿carente de cerebro? El tomar decisiones irracionales, como la destrucción de la tecnología de soporte de la ciudad, descuidando sus hijos y el hecho mismo de que esa destrucción los afecta a ellos, es un indicio de que no utilizaron la racionalidad que se supone tendrían. La maleabilidad de sus ánimos entre dos extremos diametralmente opuestos (esperar al mediador en paz, o destruir para ser escuchados), llevada a cabo por la misma persona (María, robot o real, pero de igual aspecto), desdice de esa clase obrera como pensante. Esta curiosa reacción todavía persiste hoy, incluso en sociedades que se suponen medianamente pensantes. Finalmente, lo que la frase menciona como el corazón, ¿no será, mas bien, la razón que le falta a ambas partes, el patrono y los obreros? A la luz de estas imprecisiones, y dejándolas de lado, el meollo del asunto es la conciliación entre las napas sociales antes mencionadas.




La importancia de este tema era vital en la Alemania de la época, víctima (justa o injustamente) del tratado de Versalles, lo que tenía al pueblo alemán con la autoestima y la motivación notablemente disminuidas. No es de extrañar que Thea von Harbou, a medio camino entre el capitalismo y el socialismo, posteriormente se uniera al movimiento nacionalsocialista, el cual, en sus comienzos, realizó importantes cambios en las direcciones correctas, pero que luego devino en uno de los regímenes más monstruosos de la Historia.

Es de antiquísima data este problema. La película, en vez de dejar la solución de éste al espectador, con un final abierto, plantea una reconciliación amistosa. Se suponía que de esa manera se coadyuvaba al rescate del ánimo del pueblo alemán. Las soluciones comunistas que se han ensayado han resultado un fiasco total, genocidio incluido. El capitalismo voraz e impersonal también causa estragos en las relaciones sociales, y perjuicio en las capas inferiores, hambrunas incluidas. Todavía las sociedades están buscando una solución a este viejo problema, con ojiva de injusticia, cada una de acuerdo a sus características particulares. Una sociedad cohesionada mediante un sistema democrático, donde las leyes del libre mercado sean susceptibles de ser reguladas para evitar su perniciosa desviación, y un Estado comprometido con la mejora sustancial de las condiciones de vida de los habitantes, un capitalismo con marcado compromiso social, parece ser una solución viable, y es la que han adoptado ciertos países.




Una premisa fundamental para que una sociedad sea exitosa, tanto en la ideología comunitarista como en la liberalista, consiste en que las diferencias entre “los de abajo” y “los de arriba” sea la menor posible. No podemos pretender que sea cero, eso no solo es utópico, simplemente no es real. Todos somos distintos, y tenemos habilidades distintas. Una solución necesariamente debe considerar los intereses de las diversas partes, lo que la haría estar en el justo medio aristotélico. Muy probablemente se obtenga luego de la respectiva deliberación entre las partes, dentro de un marco similar al de la democracia deliberativa que plantea Jürgen Habermas. Una sociedad ideal está siendo dibujada por Jacque Fresco: el Proyecto Venus, en la que el trabajo será realizado por máquinas, sin patronos, y el sistema de gobierno dirigido por tecnología informática, para evitar la contaminación del Hombre. Una sociedad tan eficiente energéticamente que los individuos se dedicarán cada uno a lo que quiera dedicarse, pues tendrán todos los problemas básicos ya resueltos sin trabajar ex profeso para ello (educación, salud, alimentación, servicios) y suficiente tiempo para hacer lo que cada uno siempre ha querido hacer.

Metrópolis es, repito, una obra maestra del cinema universal, de la que cualquier comentario queda corto. Solo me resta por decir que no está exenta de poesía en su hilo narrativo, cosa que atrapa al espectador de principio a fin. Otro comentario interesante sobre esta película se encuentra en este enlace.


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Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, mayormente a través de Translate Google. Actualmente la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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