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Este blog no es de crítica especializada ni académica, solo de comentarios «al dente» de un espectador común.

Advertencia: destripe.

Algunos comentarios hacen referencia a momentos claves del argumento o al desenlace de este (destripe, spoilers).
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11 enero 2022

La virgen de la lujuria - Arturo Ripstein (2002)


Imagen del póster en IMDb.

La ramera de la injuria


Esta irregular película de Arturo Ripstein tiene como escenario a Veracruz en los años 1940 y está basada en un relato de Max Aub (La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco y otros cuentos). El guion corre a cargo de Paz Alicia Garciadiego.


Nacho y Lola; siervo y ama.


Nacho (Luis Felipe Tovar) es camarero en el Café Ofelia, cuyo dueño es un mexicano de ascendencia española, don Lázaro (Julián Pastor). Su monótona vida va del trabajo en el café a la contemplación, en las noches, de una colección de fotografías de mujeres desnudas que le regaló un cliente. Lola (Ariadna Gil) es la hermosa prostituta española de la que se enamora y que le hará volar por los aires esa vida. Ella está enamorada de Gardenia Wilson (Alberto Estrella), un luchador enmascarado que fue su cliente una vez y que no quiere saber nada de ella. Es una historia de desprecios unidireccionales y reiterados: Gardenia desprecia a Lola y ella desprecia a Nacho; quien desarrolla una dependencia servil y sumisa hacia su objeto del deseo, al que solo le lame los pies; a pesar de que ella se le ofrece para salir de él. Nacho llega al extremo de ser rastrero con Gardenia para congraciarse con Lola. Su autoestima es infinitesimal.


Lola bebe, fuma, es adicta al opio y malhablada.


Son asiduos al café un grupo de refugiados republicanos españoles que alientan la idea de que hay que matar a Franco. Lola, más republicana que ellos, sueña con esto. Nacho, en un arrebato de adrenalina, a objeto de ganar la buena voluntad de la meretriz —que en mala hora conoció—, logra tan disparatado objetivo; aunque sea virtual. Después de lo cual, Lola se pone a sus pies, literalmente. Y Nacho, de súbito, tiene la autoestima de Narciso o de James Bond.


Una de las características que no tiene el personaje de
Lola es la sensualidad, que solo la roza de forma sutil.


Es irregular porque la historia, en lugar de ser como las demás historias que ha llevado Ripstein a la pantalla grande (narrativa lineal con los elementos dramáticos estándar: inicio, nudo y desenlace), es circular (autocontenida), repetitiva y monótona hasta la exasperación. Si el objetivo era lograr que el espectador sintiera repugnancia por la sumisión absurda de Nacho ante los constantes desprecios de Lola, y de esta ante la indiferencia de Gardenia Wilson; entonces se alcanzó. De lo contrario, no. Pero ese mismo objetivo se hubiera alcanzado con una película de 80 a 90 minutos; no necesita de 150 minutos. El portero de noche (Liliana Cavani, 1978), tiene 120 minutos de duración. La película de Cavani; que también explora el mundo de las relaciones sadomasoquistas y del ejercicio del poder durante el III Reich (en este caso del hombre sobre la mujer), no presenta una narrativa circular para un planteamiento similar.


Cual James Bond, Nacho ahora es amo y señor de
la doncella, que cae a sus pies. Quizás había que
visionar la película desde la óptica del humor...


También es irregular porque la subtrama de los refugiados republicanos casi no juega nada en comparación con la relación de servidumbre de Nacho, a los pies de la doncella despreciativa y grosera. El peso específico de la trama central y su repetición hasta la saciedad obligan al naufragio de las subtramas.

La fotografía es muy buena, es excelente; incluso hay escenas notables. Los letreros al comienzo, presentando los personajes, le dan un tono jocoso; que después pierde. La actuación de Luis Felipe Tovar es buena, aunque no excepcional; es mejor la de Julián Pastor y la de Patricia Reyes Spíndola. La interpretación de Ariadna Gil no es la mejor. Su personaje, por cierto, emplea un lenguaje soez que no le va bien a la cinta ni al porte de Lola; por muy prostituta que sea, también es elegante. La ambientación luce artificial; a diferencia de las otras películas de Ripstein. Son escenarios muy asépticos, impolutos; se extraña alguna suciedad, una impureza... La música sí está bien; incluso los números que cantan los personajes, que remeda un musical sin serlo. En fín... Hasta los genios a veces fallan.

No está entre lo mejor del gran cineasta Arturo Ripstein; se refleja en su bajo ranking en los portales de cine (entre 4.5 y 5.5). A pesar de ello, puede que este filme tenga algunos seguidores; sería justo y deseable. 


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La virgen de la lujuria; The virgin of lust.
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Reseña en Wikipedia:
Reseña en Wikipedia en inglés:


12 noviembre 2021

El imperio de la fortuna - Arturo Ripstein (1986)


Imagen del póster en IMDb.

¿Por qué habría de ser feliz si puedo ser infeliz?


Dionisio Pinzón (Ernesto Gómez Cruz) es un humilde pregonero de un pueblo mexicano. Vive con su anciana madre y tiene la mano izquierda «seca»(1), inútil. Recibe de regalo un gallo moribundo de manos del desencantado dueño. Cuida con primor al animal mientras su madre muere. Logra rescatar al gallo de las manos de Tánatos y después dispone del cadáver de su madre, a la que sepulta en el terreno de la casa por carecer de ataúd y de recursos para un entierro digno(2). Con el gallo logra espantar la pobreza un poco, hasta que este muere en una pelea. Lorenzo Benavides (Alejandro Parodi) le había ofrecido buen dinero por el gallo, pero él se rehusó y Benavides le garantizó que sería la última pelea; también le hizo entrever que la suerte de los animales se podía manipular, algo que Dionisio no sabía ni creía posible(3).


Dionisio con el cadáver de su madre envuelto en
una estera. De lo más estrafalario.


Dionisio acepta la propuesta de trabajar como soltador de gallos para Benavides, que en ese entonces tenía como pareja a «La Caponera» (la bella Blanca Guerra), una mediocre cantante de ferias y palenques. Vivían en una gran edificación, que había sido en otro tiempo un colegio. Con Benavides, Dionisio crece desde el punto de vista económico; pero llega el momento de continuar con su vida y se va. Marcha al pueblo para darle cristiana sepultura a su progenitora; compra el mejor ataúd (que él pronuncia «taúd») y se dispone a exhumar la osamenta, pero no la encuentra. En un bar local encuentra a La Caponera con su banda de músicos. Ella abandonó a Benavides porque estaba encerrada en la casa y esa no era vida para ella. Se convierte de inmediato en amante de Dionisio. Él volverá a los gallos y ella al canto de fiestas pueblerinas y galleras. Dionisio la considera su talismán. Pronto tienen una hija.


La Caponera. El ambiente pobre y decadente
está logrado a la perfección. Se emplearon escenarios
reales, no se rodó en estudio.


Visitan a Benavides un día de invierno, que las galleras están cerradas; ellos dos juegan a las cartas mientras madre e hija (niña) se aburren como ostras durante horas. Con la Caponera presente, la suerte le sonríe a Dionisio y Benavides pierde hasta la casa en la apuesta: los Pinzón son los nuevos residentes. Dionisio convierte la casa en un garito. Siempre que la Caponera esté presente en la sala, él tiene la suerte de su parte. Madre e hija (adolescente) se cansan de esa vida enclaustrada y un día huyen; para nada, la banda de música que antaño acompañaba a la Caponera ya tiene otra cantante y la hija de ella, conocida como la Pinzona (la hermosa Zaide Silvia Gutiérrez), no tiene talento para el canto. Dionisio las sorprende y las regresa a casa. En un juego de cartas, él no tiene la suerte de siempre, pese a que la Caponera está presente en la sala... al menos eso es lo que parece.


En la gallera (Dionisio a la derecha). Al fondo se
aprecia a la Caponera, el amuleto de Dionisio.


Esta película es una de las varias versiones que se han llevado a la pantalla de la novela homónima de Juan Rulfo. Esta ocasión fue el primer guion de Paz Alicia Garciadiego para Arturo Ripstein. La película arrasó con los premios Ariel de 1987. La interpretación de Ernesto Gómez Cruz es de antología. Él es Dionisio; pero los demás actores también se lucieron. La ambientación decadente, típica de los filmes de Ripstein, es sorprendente, pese a no ser de estudio. Es una gran película.


La Caponera presenta a su hija ante el director de
la banda de música. Un fracaso.


Algunos personajes ripsteinianos no pueden alcanzar la felicidad, el éxito, la buenaventura, por factores exógenos al personaje. Es el caso de Javier en Cadena perpetua; él se redime y emprende una nueva vida casi modélica, pero el comandante Prieto lo vuelve a sumergir en el excremento del que había salido. Otros personajes tienen como antagonistas a sí mismos. Los de Profundo carmesí son un ejemplo patente; también los de El lugar sin límites o los de Principio y fin, entre otros. Dionisio es de esta estirpe, de los que alcanzan el logro, el éxito, incluso cierta forma de felicidad, y no son capaces de asirla. Una vez que la dicha les toca a la puerta de su vida, la dejan entrar solo para expulsarla a patadas poco después. El espectador asiste impávido ante el infortunio anunciado del protagonista por culpa de su desidia y desprecio hacia las virtudes que podrían encauzarlo por el camino de la vida buena. No, estos personajes no quieren, o no pueden, apreciar las virtudes allende su pequeño mundo de la inmediatez, de la ignorancia, del mito; se hunden cada vez más en el estercolero en que han convertido su existencia y la de su entorno íntimo. La ficción no deja de ser un reflejo de la realidad; por desgracia hay gente así.


¿Casa por garito o garito por casa? No hay diferencia
para un hombre como Dionisio.


Imagen del póster en Filmaffinity.


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(1) No puede abrir la mano, siempre la tiene vendada.
(2) Las escenas de Dionisio cargando el cadáver de su madre, envuelto en una estera, son de las más macabras del cine.
(3) Como bien puede uno apreciar por experiencia propia, muchísimas cosas, entre estas resultados de eventos, son manipuladas a priori.

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Artículo en Wikipedia:
Reseña en Wikipedia en inglés:


02 noviembre 2021

La mujer del puerto - Arcady Boytler (1934) / Emilio Gómez Muriel (1949) / Arturo Ripstein (1991)


Imagen del póster, versión de
1934, en IMDb.

Película de 1934
Dirigida por Arcady Boytler


La mujer con la tragedia escrita en su rostro.


Las tres versiones se basan en el cuento El puerto, del francés Guy de Maupassant, y la estructura central de las versiones de 1934 y 1949 es la misma: a una hermosa joven, huérfana de madre y engañada por el novio, le muere el padre; sola y desamparada, se marcha a una ciudad portuaria e ingresa al sórdido mundo de la prostitución. Escogió una ciudad que es puerto porque un hermano abandonó el hogar años atrás, para dedicarse a la marina, y tiene esperanzas de encontrarlo. Un día, siente atracción por un cliente que atracó en un gran barco. Este cliente resultó ser su hermano.


Rosario y su novio Victorio en el idílico inicio
del film. Imagen tomada de IMDb.


Este cuento es tan brillante que ha generado, solo en la cinematografía azteca, tres filmes. Quizá los haya también en la filmografía de otros países. Con similar estructura, las tres versiones muestran vertientes distintas del cuento, en particular en la conclusión de la historia.


Icónica toma de Andrea Palma en la puerta
de la mancebía. Imagen tomada de IMDb.


Rosario Venegas (Andrea Palma) es una alegre y hermosa joven cuyo novio, Victorio, vive en la misma vecindad que ella. Su padre, Antonio, que trabaja en una funeraria fabricando ataúdes, enferma de gravedad. Rosario descubre que Victorio la engaña y Antonio, mientras ella sale a comprarle la medicina, toma un martillo para golpear a Victorio, pero cae por las escaleras y fallece. En el sepelio, el carro fúnebre atraviesa una comparsa de carnaval y la multitud vocea que están enterrando al mal humor. Rosario, indignada, llora y pide que la dejen en paz; un hombre grita que es el entierro de Antonio; avergonzados, todos se quitan las máscaras y le abren paso a la carroza. Al dueño de la funeraria, don Basilio, le gusta Rosario; se acerca a consolarla en la tumba de su padre y se le sugiere, pero ella no le permite ir más allá.


Los marineros y las chicas del lupanar.
Imagen tomada de IMDb.


Rosario abandona Córdoba y se va a Veracruz, en donde ejerce de meretriz en un lupanar. Un gran barco hace escala en el puerto y los marineros visitan la casa de lenocinio donde, después de consumar el acto sexual, Rosario conversa con el cliente y le pregunta si conoce a Alberto Venegas (Domingo Soler).


Rosario Venegas (Andrea Palma) y Alberto Venegas
(Domingo Soler) al conocer la dolorosa verdad.
Imagen tomada de IMDb.


Varias son las escenas que destacan. Las imágenes iniciales de Rosario con el novio en las praderas nos envuelven en una atmósfera idílica; el entierro de Antonio, en plena movilización carnestolenda, es no solo extravagante, también trágico e inolvidable; las escenas de los marinos en el barco son muy buenas también. Algunas secuencias pertenecientes a la mancebía son, de igual manera, de gran calidad.


La carroza fúnebre. Esta escena tiene mucho de
expresionismo alemán.


Rosario en el malecón. Imagen tomada de IMDb.


La actuación de Andrea Palma es excelente; quizás la mejor interpretación de la joven en las tres versiones. Hay que aclarar que el estilo interpretativo de esta versión corresponde a los cánones de la época; hoy luce sobreactuada, trágica; pero de esa forma actuaban en los años 20 y 30 del siglo XX las grandes estrellas de Hollywood. Andrea Palma, en filmes posteriores, interpretó de otra forma, cónsona con los nuevos tiempos. Gran actriz. La estética de esta versión presenta algunas reminiscencias del expresionismo alemán; aún así goza de personalidad propia. La canción La mujer del puerto, de Manuel Esperón, la interpretó Lina Boytler. Está incluida en las 100 mejores películas del cine mexicano de todos los tiempos en el honroso 8º lugar.


Imagen del póster, versión de 
1934, en Filmaffinity.


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Artículo en Wikipedia:
Artículo en Wikipedia en inglés:


—o—


Imagen del póster, versión
de 1949, tomado de IMDb.

Película de 1949
Dirigida por Emilio Gómez Muriel


La Rosario bailarina y cantante.

«Vendo placer
a los hombres que vienen del mar
si se marchan al amanecer
para qué yo he de amar».
Fragmento de la canción La mujer del puerto.


En esta versión, la historia comienza en el lupanar, in medias res. Rosario Méndez (María Antonieta Pons), además de ejercer como prostituta, canta y baila en el bar. Ya llegaron los marineros y ella, luego de un percance, sube a su alcoba muy atribulada. Tiene una conversación con Julián, el pianista de la banda, en la que le cuenta su historia; esto resulta en un flashback de cuando era Carolina Méndez... vivía con su padre en Córdoba y tenía un novio de nombre Carlos... que era casado. La mayor diferencia es que, al morir su padre, Marcelo (Arturo Martínez), un hombre que la vio bailar en el carnaval, le ofrece formar un dúo con ella; no queda tan desamparada. Se dedica al baile y al canto en cabarés; pero tras ser presionada por Marcelo para prostituirse, se va a Veracruz y se prostituye ella por sí misma.

En el burdel, Rosario canta y baila para amenizar el ambiente. Un buen día, llega un barco grande... y el flashback enlaza con las escenas iniciales. Bajan del cuarto ella y Julián y de inmediato ella canta La mujer del puerto (la misma canción de la versión de 1934). Se prenda de uno de los marineros, Alberto Méndez (Víctor Junco), y él de ella. Sin embargo, en esta versión no se llega a consumar el incesto, ya que se enteran de sus nombres a tiempo. Debido a ello, es un tanto inexplicable e injustificado su desenlace.


Rosario Méndez (María Antonieta Pons) y
Alberto Méndez (Víctor Junco). 
Imagen tomada de IMDb.


Entre las diferencias con la versión de 1934 se pueden enumerar las siguientes. Las actuaciones son de acuerdo a la usanza de los años 40 (la diferencia con la de 1934 es notable). Pese a ello, las actuaciones del filme de 1934 son mejores.

Con casi total seguridad, el haber recaído el protagonismo de la historia en la sensual María Antonieta Pons, actriz, cantante y bailarina cubana; famosa por ser la primera estrella del cine de rumberas de la época de oro del cine mexicano; la historia tuvo la variante de Rosario como bailarina y cantante, tanto en su andar con Marcelo como en la mancebía. Se explotó los atributos artísticos de canto y baile de la actriz; pero no por ello es una película de rumberas. Esto dio pie a que el film incorpore coreografías muy vistosas y bien realizadas, en las que se luce María Antonieta Pons como gran bailarina.


La hermosa María Antonieta Pons en el malecón.
Imagen tomada de IMDb.


Una gran diferencia lo constituyen los diálogos: los parlamentos de Julián y del padre de Rosario tienen contenidos filosóficos de cierta profundidad, quizás a un nivel ininteligible para el personaje Rosario; los de Rosario y Alberto están impregnados de poesía y pasión, con una prosa muy florida. Muy buenos diálogos; supongo que obra de Jesús Cárdenas y de Emilio Gómez Muriel.

Para concluir, hay una notable diferencia en el final que, siendo el mismo, no consigue un asidero en el guion de este filme, tal como sí lo tuvo en el de 1934, y en la personalidad de Rosario: ella es una mujer que, después de la muerte de su padre, se va por el mundo con un desconocido y rehace su vida a partir de sus dotes como bailarina, se supera. Cuesta creer que después se halle deprimida en la conversación que sostiene con Julián y cuesta más aún creer que una mujer así se quitaría la vida sin haber consumado el gran pecado. Esta personalidad dual no está bien respaldada en la historia. A este respecto, esta versión cojea un poco.


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Artículo en Wikipedia:
Reseña en Wikipedia en inglés:
Enlace al filme en YouTube:
https://www.youtube.com/watch?v=oIPPUaWpD0w

—o—


Imagen del póster, versión de
1991, en IMDb.

Película de 1991
Dirigida por Arturo Ripstein(1)

El incesto irredento y gozoso.


Este filme es un concierto en tres movimientos, que corresponden a las tres visiones de los personajes principales: Perla, la joven prostituida por su propia madre, también prostituta; el Marro, el marinero que resulta ser su hermano y Tomasa, la madre de ambos. No solo se consuma el incesto por accidente, sino que se continúa cometiendo después de su conocimiento. Ambos, Perla y el Marro, disfrutan viviendo en incesto sin importarles lo pecaminoso que es desde el punto de vista religioso, lo inmoral desde el punto de vista social, y lo inconveniente desde el punto de vista biológico; tal como se evidencia en la escena final, en la que se presenta un hijo de ambos con síndrome de Down. Tomasa termina aceptándolo, al igual que otro personaje cercano a ellos, Carmelo. Recuerda el caso de Rashōmon, de Akira Kurosawa, en el que el homicidio es narrado de acuerdo a los tres personajes que lo presenciaron, incluyendo la víctima.

Tal como señalaron en el coloquio posterior a la película, tanto el director como la guionista, Paz Alicia Garciadiego (esposa de Arturo Ripstein), no pretenden hacer cine sociológico; su cine cuenta historias con personajes irreales, son ficciones. Sin embargo, podemos suponer que la vida real —inspiración para más de un relato, tanto de literatura como de teatro o de cine— presenta casos similares. O peores. La ficción ha superado a la realidad solo en los casos de fantasías y de ciencia ficción, pero nunca en los temas terrenales y humanos. De hecho, afirmaron que el incesto hoy en día no es tan anormal en una ciudad atiborrada de gente como es Ciudad de México, metrópoli que, en una pequeña área, cuenta con más habitantes que países enteros. Sí lo era cuando se realizaron las otras versiones de esta película, en 1934 y en 1949(2), las que no hurgaron en el incesto como sí lo hizo Ripstein en la suya. ¿Lo hubiera hecho si la película la rodase en 1934 o en 1949? Probablemente no. Quizás no le hubieran permitido hacerla. Como sea, en México nunca ha sido exhibida, según dijeron sus autores.


Imagen tomada del sitio web de la Academia
Reseña del coloquio en el website de la 


Arturo Ripstein es, sin duda, uno de los cineastas mexicanos más importantes. Su cine no es complaciente, no es preciosista; todo lo contrario, se centra en personajes que no solo son perdedores (loosers), sino que se hunden cada vez más en sus miserias, hasta la exasperación. En algunos casos, como Profundo Carmesí o El lugar sin límites, hasta la abyección... y más allá. Hay espectadores que no lo soportan. La mujer del puerto no es la excepción a este cine de los bajos fondos, de las penurias, de lo mugriento, de la desgracia sin coto; como si se tratase de un fractal, que se autoalimenta para generar más desgracia tras una desgracia. Dijo el director en el coloquio, que se le dan mejor estos personajes que los bien vestidos, peinados y calzados, en elegantes y opulentos entornos. Parece ser una cuestión de narrativa, de dramatización, más que de querer hacer análisis social. Su esposa, la guionista, lo secundó en esta visión. Pero ello no exime de que los espectadores especulemos sobre significados y significantes. La obra, que siempre abandona a su autor, queda ahí, expuesta para percibirla, para reflexionar, para valorarla, para relacionar conceptos y situaciones. Es parte del arte.

Otras películas que han tocado este tema son La Luna, de Bernardo Bertolucci, la inolvidable El color púrpura, de Steven Spielberg, la grandiosa Chinatown, de Roman Polanski, entre muchas otras. Cada uno en su estilo, han bregado con este tema, tan legendario como la humanidad misma. La cinta de Ripstein es para tragar grueso mientras se ve, es descarnada. Como la vida misma, especialmente la vida de los personajes y los entornos que describen sus películas. Además, al desarrollarse la trama en un medio tan afin para uno como el hispanoamericano(3), se siente más cercana que las mencionadas al principio de este párrafo.


Arturo Ripstein y Paz Alicia Garciadiego en el coloquio.
Imagen tomada del sitio web de la Academia


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(1) Este comentario fue publicado por separado en fecha 18 de octubre de 2019. Ha sido transcrito (con comentarios adicionales y correcciones) a esta entrada para agrupar los tres filmes, de igual título, en un solo artículo (y una sola etiqueta).
(2) Las tres películas basadas en un corto cuento de Guy de Maupassant, titulado El puerto. Maupassant es el autor de Bola de sebo, cuento en el que se basó la célebre La diligencia, de John Ford. Muy bien calificadas las tres, en especial las de 1934 y 1949; puede ser por lo dicho antes, que el cine de Ripstein no es amable, no es fácil de ver; es casi deprimente en los planteamientos.

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Reseña en Wikipedia en inglés:


15 octubre 2021

Cadena perpetua - Arturo Ripstein (1979)


Imagen del póster en IMDb.

El macabro círculo vicioso.


Javier Lira (Pedro Armendáriz hijo) fue proxeneta y delincuente menor; ahora es un ciudadano honorable, con esposa e hijo, y trabaja como cobrador de un banco. Un infeliz día, recibe la visita de quien lo había capturado varias veces en el oscuro y olvidado pasado, el comandante Prieto (Narciso Busquets). Prieto se mofa de la nueva vida de Javier, antes alias «el Tarzán», y lo extorsiona; le pide 600 pesos diarios, 50% más de lo que Javier gana. A cambio, ellos «lo protegerán», puesto que esa cantidad de dinero solo la conseguirá delinquiendo. Prieto y su secuaz lo abandonan maltrecho. Javier busca a su jefe para denunciar los hechos, no lo encuentra; piensa mientras vaga por la ciudad desesperado. No sabe qué hacer. Sus pensamientos lo obligan a debatirse entre la denuncia, la huida a otra ciudad u otro país o la complacencia de los deseos de Prieto. Exhausto y con deseos de una opinión fresca, imparcial, visita a Gallito (Roberto Cobo), quien tiene un billar y comercia con mercancía robada, para pedirle consejo. La potente (quizás descarada) escena final es una invitación del cineasta a la reflexión impostergable del espectador.


En su vida pasada, Javier era mujeriego y delincuente.
Pero luego de su prisión en las islas Marías, se regeneró.


Mientras la película cuenta la historia sintetizada en el párrafo anterior, presenta flashbacks del pasado de Javier (el Tarzán). Lo vemos en sus facetas de proxeneta, chuleando a las prostitutas que protege; en robos menores; en la policía declarando y recibiendo palizas; con mujeres, muchas mujeres (parecía sufrir de satiriasis). A pesar de este perfil, Javier era un hombre dócil y respetuoso con la autoridad. Este talante apacible fue aprovechado por el malévolo comandante Prieto para establecer una relación amo-esclavo entre él y el Tarzán. De por vida, de ahí el título. El mecanismo utilizado por Prieto fue la violencia por la supremacía de la autoridad que él representaba. Más o menos el mismo que empleaba Javier con las prostitutas.


Prieto forjó una relación de poder con el Tarzán,
en la que él era el amo y Javier el esclavo.


Una parte importante de su pasado transcurre en la prisión de las islas Marías, donde trabajó en las salinas y se hizo amigo del cabo Pantoja (Ernesto Gómez Cruz). El cabo le cambió el duro trabajo de pico y pala por uno administrativo y departía con él en su propia casa, tomando aguardiente. Un día que el cabo regresaba de tierra firme, lo convidó a beber y le pidió a su mujer (Pilar Pellicer) que buscara más licor. Pantoja le contó que él sabía que su mujer era una piruja (prostituta), pero que un hombre que tenga madre no se debe acostar con la mujer de su amigo; acto seguido lo apuñaló. Javier no pudo negarse a la mujer de Pantoja, que lo solicitó; es una de las desventajas de la satiriasis. Él le susurró al oído: «no tenemos madre» y ella contestó: «¡cállate y dale!» mientras fornicaban a un par de metros de Pantoja, que estaba dormido en la cama, borracho.


En la salina de las islas Marías forja amistad con
el cabo Pantoja, que lo respeta. Javier traiciona
esta confianza acostándose con su mujer.


Arturo Ripstein no rueda películas en las que no cuente algo relevante de su sociedad. Esta no es la excepción. Hace un retrato vívido del bajo mundo en México (extensible a Latinoamérica), el que comprende a los criminales y a los policías, que muchos también son criminales. En esta historia (que no es para nada descabellada) se lleva a cabo un ejercicio de prestidigitación inmoral en el que una relación que pudo haber sido ganar-ganar, se trueca por una perder-perder hábilmente disfrazada por una macabra lógica utilitarista. No es exclusivo de Latinoamérica y tampoco se inventó allá; pero la estructura social y política, la educación, la idiosincrasia, hacen de esta región un caldo de cultivo idóneo para estas prácticas.


La relación de antaño vuelve a cobrar vida. Prieto
se hace dueño y señor de «el Tarzán» otra vez.


La película está muy bien realizada; destacan la actuación de Pedro Armendáriz hijo, digno descendiente del inolvidable ícono Pedro Armendáriz, y las de los demás integrantes del reparto, el guion y el montaje. En el guion colaboró Luis Spota, autor de la novela Lo de antes, en la que se basa la película. No es de las películas de Ripstein favoritas de quien esto escribe, pero debo admitir que es una gran película; describe con fidelidad el mundo latinoamericano de hoy (a pesar de sus cuarenta años de edad). Está incluida en la lista de las 100 mejores películas de todos los tiempos de la extensa cinematografía mexicana. Con sobrados méritos.


Gallito (Roberto Cobo) y el Tarzán (P. Armendáriz h.)


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27 octubre 2020

El lugar sin límites - Arturo Ripstein (1977)


Imagen del póster en IMDb.

Fausto: Primero te interrogaré acerca del infierno. Dime, ¿dónde queda el lugar que los hombres llaman infierno?
Mefistófeles: Debajo del cielo.
Fausto: Sí, pero ¿en qué lugar?
Mefistófeles: En las entrañas de estos elementos. Donde somos torturados y permanecemos siempre. El infierno no tiene límites, ni queda circunscrito a un solo lugar, porque el infierno es aquí donde estamos y aquí donde es el infierno tenemos que permanecer...
Epígrafe del filme.


La historia se desarrolla en un pueblo mexicano de nombre El Olivo. El cacique del pueblo, don Alejo (el legendario Fernando Soler), ha comprado casi todas las casas para venderlas a una empresa. Le falta por comprar la del prostíbulo. Don Alejo se ha encargado de que no llegue la electricidad al pueblo; de manera que sus moradores han emigrado a medida que le han vendido sus casas. Él también quiere irse con su esposa enferma (¿de Alzheimer?). La vieja casa donde funciona la mancebía (y donde viven las mujeres) es propiedad de la Manuela (Roberto Cobo, el Jaibo en Los Olvidados), un travesti viejo y decrépito y de su hija, la Japonesita (la hermosa Ana Martín). Él quiere irse, pero su hija no. La casa era de don Alejo, pero la perdió en una apuesta con la Japonesa (la bella Lucha Villa): le apostó a don Alejo que ella lograba que la Manuela se portase «como un hombre» con ella. De ese coito nació la Japonesita y cambió la propiedad de la casa. Eran los buenos tiempos del pueblo; había mucha gente, alegría, movimiento. Ahora está apagado.


La Japonesa (Lucha Villa, muy sensual 
en este filme). Imagen tomada de IMDb.


Al pueblo llega Pancho (Gonzalo Vega), conduciendo un viejo camión que compró gracias a un préstamo de don Alejo. Su cuñado Octavio (Julián Pastor), le ayuda para que termine de pagar el préstamo que le adeuda al viejo y así no depender más de él ni ser víctima de su trato despótico. Luego se van a celebrar al lupanar (o lo que queda de él). La Manuela se esconde, pues tiempo atrás fue golpeado por Pancho; pero él (ella) gusta de Pancho. Cuando Pancho, que está muy bebido, se excede en su trato con la Japonesita, aparece la Manuela vestida para bailar. Le baila a Pancho, luego bailan los dos y llega a besar a Pancho en la boca; su cuñado se percata de ello y lo llama maricón. La Manuela, anticipándose a la furia, escapa y, tras él (ella), van Octavio y Pancho. Siendo un filme de Arturo Ripstein, ya podrá suponer el lector cómo concluye.


La Japonesita (¡bella Ana Martin!) y Pancho.
Imagen tomada de IMDb.


El macho machote, el estereotípico macho alfa, se enfrenta a su propia e insoportable homosexualidad y reacciona como una bestia; pero no se ataca a sí mismo. El cacique se lava las manos, pero con seguridad logrará su objetivo; apenas un poco antes de morir, pues le dan un año de vida. Las chicas se retiran a dormir y esperarán por un nuevo día. Un nuevo día; en el que tendrán que someterse a los designios de don Alejo: venderle la casa e irse a San Juan, el poblado cercano que se menciona en el filme, donde se supone que viven las esposas de Octavio y de Pancho. Las chicas son jóvenes y aún pueden prosperar. Así, nadie más quedará en el pueblo y podrá ser borrado de la tierra y de la memoria. Quedará como un recuerdo de lo que fue, como la Comala de Pedro Páramo o el Macondo de los Buendía; pleno de ánimas en pena, vagando por caserones vacíos y arruinados.


Interpretación inolvidable de Roberto Cobo como
la Manuela, aquí flirteando con Pancho.
Imagen tomada de IMDb.


La película está basada en la novela homónima de José Donoso. Ripstein, coguionista con Donoso y unos ayudantes, se ciñó al argumento literario. No solo se plantea el tema de la homosexualidad velada, también asoman el machismo, la prostitución, la decrepitud de los pueblos (en este caso porque la vía férrea cambió de trayecto), la voracidad de los amos y señores, el resentimiento de los de abajo, la infidelidad, la pérdida de sindéresis por el licor, el masoquismo por amor. Toca más asuntos de los que parece.


La Manuela presta a bailar La leyenda
del beso para su objeto de deseo.
Imagen tomada de IMDb.


Las atmósferas que logra Ripstein en sus películas pintan la cara oscura y preocupante de México; dan cuenta de las capas sociales que son arropadas por la miseria (no la miseria en sentido económico o pobreza física; mas la miseria humana, la pobreza de espíritu). Sus personajes tienen un patrimonio mucho mayor de penas que de alegrías, de fracasos que de éxitos; son los loosers, los perdedores. Creo que no ha habido en el cine mexicano un cineasta que lo haya hecho mejor. Buñuel lo hizo muy bien en Los Olvidados (demasiado bien para no ser mexicano); pero solo en esa película y se circunscribió a la pobreza física. Ripstein lo hace en todas; es un maestro dibujando los bajos mundos de la sociedad mexicana. Muy parecidos, por cierto, a los bajos mundos de otros países latinoamericanos. Por eso su cine le es afín a uno.


Poco antes del fatídico beso en la boca.
Imagen tomada de IMDb.


Extraordinaria película; entre las diez mejores del cine mexicano, según una encuesta de la revista Somos a 25 especialistas en cine mexicano. Solo comparable con algunas películas del mismo Ripstein(1) y con El callejón de los milagros; película que, inexplicablemente no está en esa lista de las 100 mejores películas del cine mexicano. La lista está en este enlace. La actuación de Roberto Cobo fue sobresaliente; pero todos lo hicieron muy bien. Parece que Ripstein es buen director de actores. La fotografía, muy buena, logró expresar esa atmósfera de sopor, tan característica de los pueblos en el medio de la nada, en la zona tórrida, al mediodía. La música, muy apropiada, incluye legendarios temas caribeños de Dámaso Pérez Prado o Miguel Matamoros, entre otros; el Juancito Trucupey cantado por Celia Cruz o pasodobles (El beso y La leyenda del beso) de Los Churumbeles de España. ¡Excelente!


Imagen del póster en Filmaffinity.


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Artículo en Wikipedia:


10 enero 2020

Profundo carmesí - Arturo Ripstein (1996)


Imagen tomada de IMDb.

Raymond Fernández y Martha Beck en Sonora.


Coral Fabre (Regina Orozco), bipolar enfermera, vive alienada con sus dos hijos pequeños, es fan de Charles Boyer y sueña con su príncipe azul. Un día, ve un anuncio de un «caballero español que busca una relación sentimental», Nicolás Estrella (Daniel Giménez Cacho), en una revista y le escribe. Él la rechaza, pero ella quedó prendada y se le presenta con los hijos en su casa. Nicolás no quiere a los niños con ellos y ella los abandona en un hospicio. Coral descubre el modus vivendi de él: enamorar a mujeres solitarias para robarles y acepta gustosa ser su cómplice, seleccionando a las mujeres a timar, ante quienes finge ser la hermana de Nicolás. Al mínimo síntoma de verse descubiertos por las víctimas, siempre optan por el asesinato para solventar el impasse. El último caso, el más aberrante, involucra a una joven mujer embarazada de Nicolás y a su pequeña hija. Se entregan a la policía, que los ajusticia aplicando la ley de fugas.

Esta película está inspirada en el caso de Raymond Fernández y Martha Beck, una pareja de asesinos de Estados Unidos a finales de los años cuarenta del siglo XX, que también vivían de robar a mujeres solitarias. De hecho, varios episodios son similares a los crímenes de la pareja real, al igual que algunas características de los personajes principales. Ripstein (director) y Casadiego (guionista) recrean las andanzas del dúo de criminales de manera magistral, con una impecable ambientación, buenas actuaciones y una descripción detallada del mundo sicológico de los abyectos personajes. 

Tal recreación no tiene por objeto «entender» su ininteligible comportamiento, pero sí es útil para que el espectador se haga una idea de lo que tenían en la cabeza ese par de locos. Su turbulento mundo mental; desde el complejo de la gordura que tiene ella o de la alopecia que lo hace sufrir a él hasta su delirante amor, o la banalización de sus crímenes, evidenciada en los diálogos; pasa por el tamiz del dueto Casadiego-Ripstein, que lo disecciona para nosotros y lo transforma en una gran película que ausculta el alma de estos ruines sujetos. Bueno, es el estándar en su filmografía, esa pintura detallada de la psique de los personajes, de su deprimente entorno (que hace juego con su taciturno mundo interno) y de la secuencia de eventos que tuercen su devenir hacia una inexorable tragedia final que es anunciada por la misma personalidad de los protagonistas. Extraordinario filme.


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Artículo en Wikipedia de la película: 
Artículo en Wikipedia del caso real de Raymond Fernández y Martha Beck:


20 diciembre 2019

El evangelio de las maravillas - Arturo Ripstein (1998)


Imagen tomada de IMDb.

Los preceptos religiosos son lo que sus profetas quieran.


Al poco de comenzar la película, sin que haya sido la intención de su director, Arturo Ripstein, uno recuerda El decamerón, de Pier Paolo Pasolini, y la gran Viridiana, de Luis Buñuel. La irreverencia disruptiva del cineasta italiano y la mordacidad hilarante del aragonés, sumadas, han dado este film extraordinario de Ripstein que, sin embargo, no parece bien avenido con la crítica y el público, a decir por las calificaciones de la película que muestran los diferentes sitios web. Quizá sea una producción que se sale un poco del estándar ripsteiniano, quizás haya sido mal apreciada. 

La puesta en escena es la típica a las que este director mexicano nos tiene acostumbrados: personajes mugrientos, perdedores, encerrados en su mundo mediocre, en el que luchan con sus fantasmas, sus deseos y sus exiguas opciones, sin riesgo alguno de tener éxito. Caben destacar la fotografía y las actuaciones; si bien la de Francisco Rabal no es muy lucida, sí lo es la de Katy Jurado y las de otros actores y actrices. La escenografía de bajo mundo, en la que Ripstein se mueve a sus anchas, no puede ser más acorde a los personajes y a su deprimente devenir.

Una comunidad religiosa suigéneris, de nombre Nueva Jerusalén, cerrada como si fuera una secta, es liderada por dos viejos: la profeta, mamá Dorita (Katy Jurado), y su esposo, papá Basilio (Francisco Rabal). Ella le cede el liderazgo a una voluptuosa joven recién llegada, Tomasa, solo porque tiene la premonición de que es la elegida, al verla «comunicarse con Dios» a través de un dispositivo de juegos portátil (un brick game). Esta es, por cierto, una de las más esperpénticas escenas. La joven, según aprecia Dorita, será la madre del nuevo mesías. Sin embargo, Tomasa (Flor Eduarda Gurrola), a la muerte de mamá Dorita, cambia todos los preceptos anteriores y se entrega licenciosamente a los placeres carnales, llegando a desencadenar pecado tras pecado (de acuerdo al canon anterior) hasta llegar al máximo: el homicidio. Aún así, sigue siendo la cabeza de esa iglesia peculiar y roñosa. El final, que parece desentonar a primera vista, no está, empero, desconectado del resto de la trama y del planteamiento global de la cinta.
Resultado de imagen de brick game
Brick game, dispositivo para comunicarse con Dios.

La película está plagada de símbolos, metáforas y rincones conceptuales, algunos muy sutiles y todos muy críticos. Sin pretender interpretar lo que Ripstein y Paz Alicia Garciadiego, la guionista, hayan querido dar a entender, El evangelio de las maravillas plantea, grosso modo, la arbitrariedad de los ritos religiosos, nos muestra el germen posible de una doctrina, que bien pudo ser la cristiana o cualquier otra, y las consecuencias del arbitrario decálogo que el profeta de turno impone a los feligreses.

La inspiración para esta crítica la conseguimos en la religión misma, en cualquiera de ellas, y en sus ritos y creencias, muchos de ellos tan absurdos e inconsistentes como los que Tomasa impone en la secta(1). A través de esta historia, el cineasta no deja de mostrarnos escenas de reflexión de otros ámbitos distintos al religioso y muy diversos, como el sexo, la milicia, el homosexualismo, la caridad, el machismo, la senilidad, la subyugación de los dispositivos electrónicos (como el brick game o el smartphone), la necesidad humana de la fe y un largo etcétera.

En resumen, una gran película que examina los alcances y las posibilidades de la religión y lo que podríamos entender como su orígen, entre otras cosas. 

A pesar de que aún hoy muchísima gente sigue los preceptos religiosos de su culto, cualquiera que este sea, la religión parece haber sido desplazada por su hermana la política, más terrenal, más pragmática, más del aquí y del ahora... pero eso es otro cuento.

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(1) Basta con recordar las desavenencias internas que produjeron los varios cismas de la Iglesia Católica, su división desencadenada por la Reforma de Martín Lutero o el reciente descubrimiento y traducción de los Evangelios Apócrifos (de Judas Iscariote), que ponen a temblar el dogma cristiano.

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Corto comentario en YouTube, Cinema 22: https://www.youtube.com/watch?v=LEBWWO7Av60


15 noviembre 2019

El coronel no tiene quien le escriba - Arturo Ripstein (1999)


Imagen tomada de IMDb.

Un genuino García Ripstein.


Esta cinta es una adaptación de la novela homónima del Gabo, que Arturo Ripstein llevó a la pantalla en 1999. El guion es de Paz Alicia Garciadiego. Dice el artículo de Wikipedia que, en opinión de García Márquez, esta era su mejor novela. La película cuenta con un excelente reparto, en el que se incluye a la gran actriz Marisa Paredes, en el impecable papel de Lola, esposa del coronel, una hermosa y joven Salma Hayek en un rol secundario y el recientemente fallecido Fernando Luján interpretando, muy bien por cierto, al coronel que nadie le escribe. Es una gran película. Dice en Filmaffinity que a García Márquez le pareció muy buena(1). 

El film es una adaptación. Hay elementos dramáticos del cine que pesan más que la fidelidad literaria. El argumento, empero, sigue las líneas de la novela original. Una sinopsis de la película se puede ver en este enlace. Un resumen de la novela se puede leer en este enlace. 

El coronel espera por una pensión que nunca llega, va todos los viernes al embarcadero del río a esperar la valija del correo, solo para decepcionarse. Vive en la miseria con su esposa y a su hijo lo mataron. Tiene un gallo que fue propiedad de su hijo. En el gallo tiene fundadas todas sus esperanzas para salir de la miseria en la que están sumidos su esposa Lola (española) y él. Su hijo tenía una amante prostituta (Julia, Salma Hayek) y a él lo mató un tal Nogales, también querido de Julia. El coronel, urgido por su esposa, vende el gallo a un compadre y compañero de armas y luego deshace el trato. Venden un viejo reloj y la esposa vende su anillo de matrimonio al cura del pueblo para retornar el dinero de la venta del gallo, que ya lo habían gastado.

Una primera lectura lleva a las entrañas de los personajes, su soledad y pobreza, su luto por la muerte del hijo, sus esperanzas y desengaños; sus relaciones, de amor entre ellos, y con los demás habitantes del pueblo. Todo esto es parte del universo interior de cada uno, en particular del coronel y de su esposa. Ya esta lectura por sí sola es enriquecedora y significativa. Es suficiente para una buena película, tal como en efecto es. Los soberbios escenarios de casas centenarias, casi abandonadas, de pobreza generalizada, las calles enlodadas, no solo es parte del universo fílmico de Ripstein, sino que también lo es de los caseríos de las novelas de García Márquez. Esta población bien podría ser Macondo. No hay realismo mágico, pero podría haberlo. Está flotando en el aire, en la lluvia, en los rostros, en las casas, en la cadencia lenta de la vida de ese recóndito lugar y en la forma de vida de los pobladores.


Exégesis política

Viendo la película, o leyendo el libro, uno no puede abstraerse de la interpretación política de la historia. El coronel espera y espera, siempre en vano, como los pueblos hispanoamericanos esperan por gobernantes que dirijan sus naciones hacia derroteros prósperos y dignos (al menos que no sean ladrones, por lo menos eso). Esa espera no es correspondida nunca jamás y la susodicha espera-nza se basa en un pasado glorioso, en una guerra en la que participó, pero no en nada tangible del presente o del futuro, tal como Hispanoamérica. En esa guerra, él era del bando liberal, entiéndase socialista o comunista, como el Gabo. Vamos, los buenos (¿?). El protagonista de esta historia todavía tiene resentimiento hacia los curas y el cristianismo, a quienes combatió en vano en la guerra que él menciona varias veces.

El coronel, al igual que los pueblos hispanoamericanos, tiene sus espera-nzas en suspenso, supeditadas a un elemento fortuito, como lo es que el gallo gane una pelea, un gallo que ni siquiera ha sido entrenado para ello. Dios proveerá. El coronel ha perdido un hijo (¿el futuro?) a manos de los malos, que son los que controlan ahora el gobierno (tal como en Hispanoamérica). Nogales, el asesino, le ofrece solventarle lo de su pensión a cambio del gallo (el gallo es ahora su futuro), pero el coronel se niega, no se doblega porque sus principios los mantiene incólumes. Nogales también le dice que en ese duelo, uno de los dos moriría, ergo cualquiera de los dos, el que quedara vivo, sería el malo. Esto es muy típico de la idiosincrasia caribeña, en la que los malos y los buenos (la maldad y la bondad), a los ojos de la moderna relatividad, banalidad y falta —o enturbamiento— de referentes y de valores, apenas se distancian por una membrana porosa de espesor molecular (por eso muchos veían/ven al asesino Pablo Escobar como a un prócer). El paralelismo entre los hechos relacionados con la muerte del hijo del coronel y la vida social en esos países es innegable, como los otros paralelismos descritos antes. Por ello, no escapa de la mente del espectador —que conozca ese medio— la exégesis política de este relato... aunque esa no haya sido la intención ni de García Márquez ni de Ripstein ni de Garciadiego.

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(1) Según Filmaffinity, el Gabo dijo: «El coronel no tiene quien le escriba es un gran filme. Ripstein me ha hecho justicia y yo a él al seguir escribiendo 30 años después.».

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Una buena reseña en Tiempo de cine, con anécdota incluida, relacionada con la frase mencionada en la nota (1):
Reseña en Wikipedia: 


Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, la mayoría a través de Translate Google. Ahora la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

Las 10 + proyectadas