Bienvenid@

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Este blog no es de crítica especializada ni académica, solo de comentarios «al dente» de un espectador común.

Advertencia: destripe.

Algunos comentarios hacen referencia a momentos claves del argumento o al desenlace de este (destripe, spoilers).

27 noviembre 2020

Ciudadano X - Chris Gerolmo (1995)


Imagen del póster en IMDb.

La nomenklatura que opacaba la competencia.


Citizen X nos cuenta la pesquisa para atrapar al mayor asesino serial de la U.R.S.S., Andrei Chikatilo, entre principios de la década de 1980 y finales del año 1990. Este «individuo» asesinó despiadadamente a más de cincuenta jóvenes de ambos sexos entre 1978 y 1990; incluso llegó a comerle partes de sus cuerpos, a eyacular sobre sus caras mientras agonizaban, entre otras barbaridades. El argumento está bastante detallado en Wikipedia. Este film se basa en los hechos reales y en un libro escrito sobre el caso; fue realizado para televisión.

La película está muy bien hecha, los escenarios y vestuario, así como la fotografía y las actuaciones son excelentes. El trabajo actoral del protagonista, Stephen Rea, es notable, también las actuaciones de Donald Sutherland, como el jefe de la unidad que investiga, y Max von Sydow, el siquiatra que diseña el perfil del criminal (pero de estos siempre esperamos buenas actuaciones).

Si bien la historia es sobre la investigación de los hechos para dar con el implacable asesino, y es muy entretenida y bien realizada esta parte; más interesante resulta ser la lupa que pone sobre el aparato burocrático soviético, que entorpecía en lugar de facilitar el trabajo de los investigadores. Una burocracia tan pesada que está más allá de lo kafkiano, más allá de todo sentido común. La nomenklatura comunista y su fardo de burócratas ideologizados e irracionales facilitó el asesinato de muchas víctimas, pues impedía cualquier iniciativa dirigida a mejorar la pesquisa para encarcelar al criminal. El jefe de ideología del partido comunista incluso no acepta que haya asesinos seriales, pues dice que eso es algo propio de la «decadente sociedad capitalista». Solo después del colapso de la URSS, Viktor Burakov, el forense devenido en detective, logra atrapar al criminal, para lo cual incorporan nuevas estrategias que el viejo régimen soviético no permitía. El viejo sistema entorpece, incluso, los interrogatorios a Chikatilo. El siquiatra, por sugerencia de Viktor, logra, con su parsimoniosa actitud (muy propia para el flemático Max von Sydow), desentrañar la turbia mente del asesino y hacerlo confesar el último día que podían retenerle en prisión. Buena película.


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Artículo en Wikipedia:


26 noviembre 2020

Caín adolescente - Román Chalbaud (1959)


Imagen del póster en Filmaffinity en el
que se aprecian Juana y Juan.

El primer Chalbaud


Juana (Carlota Ureta Zamorano) y su hijo Juan (Edgar Jiménez) son dos cándidos provincianos recién llegados a Caracas. Viven en un barrio (probablemente San Agustín) y apenas son conocidos por los vecinos. Juan es aprendiz de mecánico, de manos de otro emigrado que conoce, Matías (Orángel Delfín). Poco a poco la vorágine de la gran urbe les va desproveyendo de su candidez y, al mismo tiempo, los acontecimientos —infaustos en su mayoría— se suceden sin que ellos puedan ponerle freno. Juana se enamora del curandero Encarnación (Enrique Alzugaray), al que le da albergue porque la policía lo persigue debido a que le dio muerte a una mujer al provocarle un aborto. Juan se enamora de Carmen (Milagros del Valle), anterior novia de Matías, del cual está embarazada. Dos de los personajes culminarán su vida en la tragedia de la iglesia de Santa Teresa, acaecida en 1952, en la que una falsa alarma de fuego produjo una estampida que ocasionó la muerte de más de 40 personas.

La cinta es una adaptación de la obra de teatro homónima, escrita por Román Chalbaud, que también es el guionista de esta temprana producción. Si bien la coetánea Araya, de Margot Benacerraf, trata sobre la invasión del medio rural por la industrialización (llegan las máquinas a las salinas que antaño se explotaban a mano); en Caín adolescente se denuncia un proceso inverso: la emigración de la población rural hacia las grandes ciudades persiguiendo un mejor porvenir, pues los centros urbanos se estaban industrializando con gran rapidez y se requería mano de obra. Este proceso industrializador tuvo su punto de apoyo en la explotación petrolera. Ambos fenómenos se produjeron en la Venezuela de la primera mitad del siglo XX (y aún en la segunda mitad), sin que se excluyesen mutuamente. Esto causó no pocos problemas en un país que había sido rural por tradición, desde su nacimiento. Las urbes no estaban preparadas para recibir tantos habitantes, ni los campos tanta industria. Uno de los desajustes más pronunciados fue el cultural, la nueva forma del tejido social que se urdió.

Un joven Román Chalbaud, con apenas 28 años, se atrevió a realizar su primera película; quince años antes de la que fue su primer éxito, La quema de Judas. No está nada mal; la película tiene claras influencias de la diégesis y de la estética del cine mexicano, en particular de las películas de la época de oro del cine mexicano. Incluso las actuaciones tienen, digamos que el sello azteca. No es de extrañar, pues Chalbaud fue pupilo de un cineasta mexicano (Víctor Urruchúa). Esto no es motivo de vergüenza; el cine mexicano de la época de oro es de lo mejor que hay en el cine. La importancia de la película radica en que ya un joven Chalbaud, que será a la postre uno de los más importantes cineastas venezolanos, se embarca en la producción de su primer largometraje. Ya se veía venir a un director denunciante de los problemas sociales.

Una curiosidad de este filme es que permite apreciar el trabajo actoral de quienes fueron pioneros en la televisión venezolana, como Orángel Delfín, Rafael Briceño, Enrique Alzugaray, Virgilio Galindo, Luis Gerardo Tovar,... Todos muy jóvenes para entonces...


Fotograma del film donde figura el título.
By Source (WP:NFCC#4), Fair use, 
https://en.wikipedia.org/w/index.php?curid=60395579


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24 noviembre 2020

Repulsión - Román Polanski (1965)


Imagen del póster en IMDb.

Cuando salen los fantasmas internos.


Carol (Catherine Deneuve), es una joven emigrante que trabaja en una peluquería londinense; vive con su hermana Helen (Yvonne Furneaux), que mantiene un romance con Michael (Ian Hendry), un hombre casado. El comportamiento de Carol deja ver lo que parecen ser síntomas del trastorno obsesivo compulsivo; no solo eso, también le tiene repulsión a los hombres, una androfobia exacerbada. Helen y Michael salen de viaje unos días y Carol queda sola en el apartamento. Falta al trabajo tres días, la reenganchan y tiene un accidente con una clienta: la corta mientras le hace la manicura. Es despedida y pasará el resto de la ausencia de su hermana enclaustrada en el apartamento.


Carol corta a una clienta y se le caen los objetos
en el centro de estética. Imagen tomada de IMDb.


Su desequilibrio mental empeora progresivamente; el apartamento se va convirtiendo en una pocilga maloliente (no lava los platos, saca un conejo del refrigerador y lo deja fuera durante días, rompe la línea telefónica, todo es un desorden). Durante ese tiempo, recibe la visita de Colin, un hombre que pretendía cortejarla; ella no le abre la puerta y él la fuerza y entra. Otro día llega el casero y entra sin problema, pues la puerta ya no está cerrada (ella le clavó una tabla pero no impedía abrirla). Le paga al cajero pero, al estar vestida en camisón, mostrando las piernas, provoca la líbido del casero. Su sindéresis llega al sótano, plancha sin conectar la plancha, ve agrietarse las paredes, sueña que es violada, alucina con manos que salen de las paredes y la tocan. Cuando llegan la hermana y su amante se consiguen con un panorama dantesco.


Carol no es capaz de pisar las grietas del piso.
Imagen tomada de IMDb.


Si en El cuchillo en el agua y en Callejón sin salida, los protagonistas traspasaban el límite por la influencia de otros personajes que los presionaban; en Repulsión, Carol rebasa su límite por elementos internos: su insania mental. Ella misma es la que teje su infausto destino y el de otros. Su degradación mental es tan acusada, que a pesar de ser —en principio— obsesiva compulsiva, logra convertir un hogar ordenado en una porqueriza.


Rostro con labios sobrepintados que evidencia
insania mental. Imagen tomada de IMDb.


Pero hay una novedad que hace destacar la historia: la angelical belleza de Carol. Lo bello, lo bueno y lo justo recibe un hachazo por parte de Román Polanski. Por tradición (casi que por sentido común) asociamos lo bello con lo bueno; pero en este caso el mal es personificado por una mujer de gran belleza; es una fractura respecto a lo que podríamos esperar. Este es un elemento crucial en esta película. Muy distinto hubiera sido si el loco fuese un hombre feo, o una mujer fea; de los que esperaríamos, sin mucha sorpresa, un comportamiento atroz como el que mostró Carol.


En una foto de familia, Carol de niña ya lucía extraña.
Imagen tomada de IMDb.


Gran actuación de Deneuve, excelente fotografía y diégesis. La música, que apuntala los momentos dramáticos, también es muy buena. Las escenas de los delirios de Carol son espectaculares, incluso los efectos especiales (un poco rústicos algunos, pero muy efectivos) son deslumbrantes. Polanski muestra un manejo maestro de los elementos dramáticos que definen el terror y el suspense; de los que hará gala en filmes posteriores como La semilla del diablo (El bebé de Rosemary), o El inquilino. Un thriller sicológico de antología.


Excelente escena con manos que emergen de las
paredes. Imagen tomada de IMDb.


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Artículo/Reseña en Wikipedia:














20 noviembre 2020

Johnny cogió su fusil - Dalton Trumbo (1971)


Imagen del póster en IMDb.


Dulce et decorum est pro patria mori.
(Dulce y glorioso es morir por tu país).
Epílogo del filme.


El guionista Dalton Trumbo dirigió la película basada en su propia novela, Johnny cogió su fusil. Trumbo era uno de los «Diez de Hollywood», perseguidos por el macartismo en los años 50 del siglo XX.

El joven Johnny Bonham (Timothy Bottoms) se presenta como voluntario para la lucha en la Primera Guerra Mundial. Luego de que una bomba explosionara en la trinchera en la que él se encontraba, regresa con las cuatro extremidades mutiladas, ciego, sordo y mudo. Respira gracias a una traqueotomía. Al comienzo, desconoce su verdadero estado, pero poco a poco lo va descubriendo y, por supuesto, se horroriza al saber lo que ha quedado de él. Lo que él piensa se oye a través de una voz en off. A lo largo del filme, Joe recuerda, sueña o tiene alucinaciones con el pasado y con el presente, con personajes de su entorno, incluyendo Cristo (Donald Shuterland), que los acompañó a él y a otros soldados que iban a perecer en la guerra antes de su accidente. Su padre (Jason Robards), en una alucinación o sueño, le dice que utilice la cabeza para comunicarse y le recuerda que él sabía Morse. Logra comunicarse con lenguaje Morse, gracias también a la muy entregada enfermera que lo cuida y que se da cuenta de que quiere comunicarse. Los militares no se alegran particularmente por este hecho. Él les pide que lo maten pero ellos no acceden; lo mantendrán vivo como objeto de estudio. La enfermera intenta practicarle la eutanasia pero la detiene un superior.

Es una de las películas antibelicistas más impactantes. Recuerdo que en su estreno, en 1971, fue muy comentada. Mientras él está en el presente postrado en cama, mutilado, la fotografía es en blanco y negro y durante los recuerdos o las alucinaciones es en color. Las actuaciones, la fotografía y demás elementos fílmicos no destacan, pero sí la trama y lo que plantea de fondo. No solo es una película antibelicista, también toca tópicos como la eutanasia e incluso el mismo concepto de ser humano: la imposibilidad de movimiento (a excepción de la cabeza), de asir nada, de ver, de oír y de hablar lo incomunican con el mundo y lo dejan —para los efectos prácticos— en un estado cuasi vegetativo. En cualquier caso queda peor que el protagonista de la película Mar adentro (Ramón al menos podía hablar), que ya es decir. No es de extrañar que quiera que lo maten. ¿Vivir así es vivir? Está, literalmente, muerto en vida.


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Artículo en Wikipedia:


17 noviembre 2020

Tres mujeres - Ingmar Bergman (1952)


Imagen del póster en IMDb.

El mundo de las relaciones de tres matrimonios.


Cuatro mujeres y una adolescente están en una aislada cabaña, con los hijos de algunas de ellas, esperando por sus esposos, los potentados hermanos Lobelius. Al reflexionar en voz alta una de ellas, las otras se abren y cuentan eventos singulares de las relaciones con sus maridos. El variopinto repertorio incluye infidelidades, momentos de pasión inusual, maternidad.


Esperaban a sus esposos mientras disfrutaban de un café.
Imagen tomada de IMDb.


Llamada también Secretos de mujeres (Secrets of women o Waiting women en inglés; Kvinnors väntan en sueco, que traduce «mujeres esperando»); esta irregular cinta del cineasta Ingmar Bergman es otro intento en el escudriñamiento del alma femenina y del amor a través del sentir de las féminas, uno de sus temas preferidos y reiterados. Bergman ya estaba en su tercer matrimonio y —al mismo tiempo— corría su romance con Harriet Andersson. No es de extrañar que llevase al cine sus inquietudes y sus reflexiones sobre el tema. Es una película fragmentada en tres capítulos, correspondientes a las tres historias que cuentan Rakel (Anita Björk), Marta (Maj-Britt Nilsson) y Karin (Eva Dahlbeck).


Algunas tomas son de gran belleza plástica.
La fotografía fue de Gunnar Fischer.
Imagen tomada de IMDb.


De los eventos que cuentan, llama la atención el de Rakel, que le fue infiel a su esposo Eugen (Karl-Arne Holmsten) con Kaj (Jarl Kulle, el actor que hizo de don Juan en El ojo del diablo). Al confesarle a su esposo la infidelidad (delante del adúltero amante), este reacciona con flemática violencia; primero quiere el divorcio y ella le pide que reflexione; luego pretende suicidarse; entonces un vecino lo hace entrar en razón al decirle que es preferible una infidelidad a que lo hubiese abandonado. Así, recupera la sindéresis y el matrimonio, que será más estable en lo sucesivo.


Excelente toma en contrapicado.
Imagen tomada de IMDb.


Otro punto interesante es que cuenta con un flashback dentro de un flashback en la historia de Marta. No era lo usual en 1952. La filmografía de Bergman tiene muchos títulos que versan sobre las relaciones de pareja. Tan es así, que su última película (Saraband, 2003) fue una suerte de resumen del summum de sus experiencias al respecto (como cineasta y como consumado esposo y amante).


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Artículo en Wikipedia, en inglés:


13 noviembre 2020

Onegin - Martha Fiennes (1999)


Imagen del póster en IMDb.

Amor y fidelidad de nuevo sobre el tapete.


Esta película está basada en la novela en verso Eugenio Oneguin, de Aleksandr Pushkin. Eugenio (Ralph Fiennes) es un bon vivant y desenfadado soltero de San Petersburgo; un buen día hereda los bienes de un tío que se emplazan en el medio rural. Allí toma posesión de ellos y conoce a los vecinos: Vladimir Lensky, de quien se hace amigo y la familia Larin. Olga Larin es prometida de Vladimir y su hermana Tatyana, interpretada por la hermosa Liv Tyler, se enamora del recién llegado. Se atreve a enviarle una misiva declarándole su amor y él la desestima. En una fiesta, Eugenio baila con Olga y Vladimir lo toma como una afrenta a su honor que solo puede ser saldada con un duelo, en el que muere Vladimir. Apesadumbrado por el desenlace del absurdo e innecesario duelo, Eugenio se va a recorrer Rusia, quizás con la esperanza de sosegar su alma. Años después se ha convertido en un hombre taciturno y asocial. De nuevo en San Petersburgo, vuelve a ver a Tanya (Tatyana), pero ella ahora está casada con un primo de él. Se da cuenta de que está enamorado de ella y se lo hace saber, pero ella no flaquea y —a pesar de que dice quererlo— no le va a ser infiel a su esposo. El final de la película, tal como el del libro, es abierto.

Esta producción está muy bien hecha, cuenta con muy excelentes actuaciones, decorados suntuosos y elegantes, vestuario de época, tiene buena fotografía y buena música. Es, en definitiva, una película muy decente. Hecha en familia, pues son varios los Fiennes que laboraron en ella. A pesar del argumento simple, tiene algunas escenas no exentas de símbolos (sutiles algunos, otros no tanto).

También es muy realista en lo que refiere a la verosimilitud que maneja la historia. En una época en la que el romanticismo y el cortarse las venas por amor era lo común, la afronta de Vladimir es injustificada y así lo entiende Eugenio, pero no logra hacer desistir al «deshonrado» joven Lensky. Por otra parte, si bien en esa misma época no era para nada común que una mujer tomase la iniciativa de un romance, lo que hace Tanya es ciertamente vanguardista, propio de una mujer de ideas propias. Su rechazo posterior es la viva imagen de la fortaleza de sus principios: le dio la palabra a su esposo y así la mantendrá. No ha podido el amor, en esta historia, por encima de los principios y valores que ella profesa. Sin embargo, el final abierto deja una rendija a la especulación del espectador (y del lector de la novela). Ni Pushkin ni Fiennes quisieron aventurar nada al respecto. Puede ser que algún día, ella claudique a sus férreos códigos morales y...



Imagen del póster en Filmaffinity.


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Artículo en Wikipedia sobre el libro:


12 noviembre 2020

El cine soy yo - Luis Armando Roche (1977)


Imagen del póster en IMDb.

El país soy yo.


Jacinto (Asdrúbal Meléndez) es un individuo que se dedica a diversos oficios pero no persiste en ninguno; se dedica a todo... y a nada. Es un todero. Un día, a propósito de un documental sobre un pueblo minero muy apartado, oye a un espectador comentar que el cine no llega a un sitio así. Se le prende el bombillo y cambia el negocio de reparación de silenciadores por un viejo camión, que —préstamo mediante— adecuará para instalarle un proyector de cine e ir por esos mundos de Dios mostrando el cinematógrafo a los pueblos a los que no llega el cine. En el camino, se le une Manuel, un niño que, para su infortunio, carece de padres. Manuel lo ayuda con el proyector, las cintas, incluso la limpieza del vehículo. Luego, bajo un samán en medio de la nada, la hermosa francesa Juliet (Juliet Berto) está viajando bajo la modalidad del autostop.


Entre los múltiples oficios de Jacinto, el de buhonero.


Acondiciona un viejo camión emulando a una ballena.
Se va por los caminos para ofrecer cine al pueblo.


Juntos recorrerán buena parte de la geografía nacional y, en ocasiones, tendrán momentos memorables, dignos de pertenecer a cualquier familia que es dichosa. Lo mejor de Jacinto aflora en estas escenas; también lo mejor del niño Manuel y de la joven Juliet. Pero la mala racha comienza a hacer mella en las finanzas de Jacinto y el humor y la actitud de este cambian de manera radical. Se vuelve regañón, iracundo; insulta a Juliet y a Manuel. Primero lo abandonará Juliet y luego será Manuel. Solo, triste y desamparado continúa —por poco tiempo— su viajar, hasta que llega a una población fantasma, en donde solo queda una moradora. En ese recóndito sitio lo alcanza la gente a la que le debe dinero para embargarle el camión y meterlo en prisión. En la cárcel, hace amistad con unos arrieros. Un día, andando a caballo con ellos (lo que deja patente que ha cambiado de quehacer), ve pasar su ballena halada por una grúa.


Gran algarabía en algunos poblados cuando llega
la ballena anunciando el cine.


En aquellos años (los 70), el público estaba un tanto hastiado de que el cine nacional se empeñase en llevar a la pantalla historias sobre criminales, pobreza, corrupción. La arista más desagradable de la sociedad venezolana; aunque real. Algunos realizadores hicieron esfuerzos por producir películas de otra índole, más optimistas; que dijeran: sí, hay pobreza y delincuencia, pero también hay de esto, hay gente que quiere hacer cosas buenas. Esta es una de ellas; Simplicio, por ejemplo, es otra de este talante; Macho y hembra es otra, aunque muy posterior. No son apuestas sin riesgo, pues no siempre responden al esquema dramático que garantiza cierto éxito: planteamiento, desarrollo y desenlace de un conflicto y, mientras mayor el conflicto, más potencial tiene el drama. En algunas ni siquiera hay un pequeño conflicto. La propuesta de El cine soy yo es una de las más suigéneris de este grupo de filmes. Es más difícil hacer una película de estas características que una de acción criminal.


Los mejores momentos son con Juliet y Manuel.
Juntos casi alcanzan el estatus de familia.
Estas escenas son inolvidables.


La actuación de Asdrúbal Meléndez es muy buena, al igual que la de Juliet Berto; incluso la del niño Álvaro Roche en el papel de Manuel. La puesta en escena es tan acertada que no hay espacio para el tedio; los recursos fílmicos han sido bien balanceados y se ofrece al espectador un rato entretenido; con el hilo conductor bien definido, permitiendo adivinar situaciones y llegar a conclusiones en su planteamiento. El paseo por diversos sitios de Venezuela evidencia el esfuerzo (y el gasto) necesario para su rodaje. Este es el primer largometraje dirigido por Luis Armando Roche; también coguionista del filme.


El último pueblo al que llega ha sido abandonado
por sus pobladores. Nótese que la fotografía en las
últimas secuencias es tenebrosa, fantasmagórica.


La historia de Jacinto es paralela a la del país al que pertenece. Muchos proyectos, muchas ideas; se empiezan todas y no se concluye ninguna. Así lleva doscientos años desde la independencia; buscando su modelo de desarrollo propio, endógeno, que no sea copia del de Europa o del de EUA. Pero nada pasa. La planificación y la perseverancia, así como una disciplina fiscal eficaz y eficiente, no son sino parte de lo que se requiere para ese éxito que no se logra alcanzar. Las buenas intenciones no son suficientes. Jacinto es el reflejo de ese país que quiere, que tiene deseos, que pone su corazón, sus músculos y su alma en ello pero no da más. Su actitud le pone trampas una y otra vez; una actitud que dista de ser la de una persona madura. A más de cuarenta años de rodada esta película; la lectura anterior no deja de ser vigente. Increíble. Se diría que hoy es así con más énfasis que hace medio siglo.


El inexorable e implacable acreedor, sabueso que se
presenta con la autoridad para encarcelar a Jacinto.


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The moving picture man; El cine soy yo.
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Reseña en Wikipedia:
Reseña en Wikipedia en inglés:


10 noviembre 2020

La carretera - John Hillcoat (2009)


Imagen del póster en IMDb.

Cada día es más gris que el anterior.
Los días son fríos, cada vez más fríos, mientras el mundo muere lentamente.
Los animales no sobrevivieron; los cultivos desaparecieron hace mucho tiempo.
Voz en off del hombre.


El hombre y su hijo. Imagen tomada de IMDb.


El mundo ha sido devastado por un cataclismo. Con algunas escenas del film, se puede inferir que la debacle ha tenido su origen en un fenómeno astronómico o geológico (dice la voz: «Los relojes se detuvieron a la 1:17. Hubo un prolongado destello que causó muchos desastres»). Un hombre (Viggo Mortensen, el narrador con voz en off) y su hijo (Kodi Smit-McPhee) se dirigen hacia el sur, a la costa, para evitar el frío del próximo invierno. Durante la travesía, se cruzan con otros sobrevivientes; algunos convertidos en delincuentes, otros en caníbales, otros que serán comida para los caníbales; pocos cuerdos, como el viejo que personifica Robert Duvall. La distopía definitiva, frente al vacío eterno de la nada.


La madre, Charlize Theron, minutos antes de
abandonarlos. Imagen tomada de IMDb.


La abyección a la que ha llegado la especie humana les obliga a buscar alimento de manera desesperada, tal como los animales. La lucha por la sobrevivencia ha incentivado el canibalismo. Algunos, que tienen armas, someten a otros que servirán de alimento para sus cazadores. Cualesquiera otras funciones o actividades son accesorias. En medio de este panorama tan sombrío y desolador, el hombre intenta inculcar algunos valores a su hijo, a sabiendas de que no podrá acompañarlo de por vida. El tegumento del código moral se ha fracturado y la cortina que separa la bondad de la maldad ha sido desgarrada. También el velo entre la sindéresis y la locura. El niño siempre le pregunta al padre si lo que hacen es bueno, o si el otro sobreviviente es bueno o es malo. El padre intenta esclarecer tan turbia diferenciación, no siempre con éxito.


Pandillas de asesinos siembran el terror
en los caminos. Imagen tomada de IMDb.


El pasado de esta familia se muestra en flashbacks, que forman parte de los sueños del hombre. De esta forma nos enteramos que el niño nació después de la catástrofe y por insistencia del padre, pues la madre no quería traerlo a tan apocalíptico mundo. Ella no soportó sobrevivir en tal situación y los abandonó, quedando a la suerte incierta del destino. El padre, de vez en cuando, y armado de un estoico valor, instruye a su hijo sobre la manera en la que debe suicidarse con un revólver que porta dos balas (después una sola) si llegasen a atraparlo.



El filme tiene algunas escenas de gran
belleza plástica. Imágenes tomadas de IMDb.


La difusa barrera que separa las acciones buenas de las malas está en relación íntima con la situación del entorno y de los individuos. Así como en un centro siquiátrico, entre muchos de los pacientes no hay conciencia de la diferencia entre las acciones; tampoco lo hay en este mundo distópico. La extinción masiva sobrevenida ha destruido el imperativo categórico kantiano y todo código moral ha quedado en ruinas. El padre debe matar a otro hombre que ha retenido a su hijo (lo tiene amenazado con un cuchillo en el cuello). ¿Esa acción es buena o es mala? Después mata a otro hombre, con una pistola de bengala, porque le clavó una flecha en la pierna. ¿Qué tan buena o mala es esa acción? Y al que los robó lo deja desnudo, contra el llanto de su hijo por lo que hacía. ¿Hay bondad o maldad en estos actos? Los titubeos del niño cuando recibe las respuestas de su padre explicitan una aceptación dubitativa, una falta de persuasión porque está en contradicción con el concepto de bondad y de maldad que su mismo padre le había enseñado.


En un sitio, el padre consigue un refresco.
El niño jamás había probado uno.
Imagen tomada de IMDb.


En matemáticas y en física, las ecuaciones tienen rangos de aplicación; fuera de los cuales no son válidas; por ejemplo, el dominio y rango de una función matemática. Algo así pasa con los códigos morales. Lo que es aceptable en un país musulmán, no lo es en uno cristiano, y viceversa. Lo que es aceptable en una sociedad libre, no lo es en un sistema totalitario, y viceversa. Lo que era bueno antes de la catástrofe apocalíptica, no lo es después. Los conceptos de bondad y de maldad, de belleza y de fealdad, de justicia y de injusticia; se pliegan a las circunstancias. También en Mad Max se violaban los principios y valores. En todas las distopías; muchas veces ocurre lo mismo en las guerras.


Vista del desolador panorama posapocalíptico.
Imagen tomada de IMDb.


La carretera (igualmente titulada El último camino, The road en inglés) es una adaptación de la novela homónima de Cormac McCarthyJohn Hillcoat hizo un trabajo notable. La actuación de Mortensen es excelente, el maquillaje y el vestuario aún mejores, al igual que la ambientación general y los efectos de posproducción. La corta actuación de la hermosa actriz Charlize Theron, esposa del hombre y madre del niño, es muy buena. Incluso la del niño. Huelga comentar la de Duvall. Excelente filme.


Las únicas escenas optimistas son las que
corresponden al tiempo anterior a la catástrofe.
Imagen tomada de IMDb.


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Artículo en Wikipedia:


06 noviembre 2020

El beso del asesino - Stanley Kubrick (1955)


Imagen del póster en IMDb.

Dirección, fotografía, edición, guión y producción: Stanley Kubrick.
Todo un todo-Kubrick.


Davey Gordon, un boxeador venido a menos, salva a su hermosa vecina Gloria Price de las garras del malvado Vinnie Rapallo (Frank Silvera), que es una especie de proxeneta de la bailarina. De paso, parecen enamorarse. El filme, de algo más de una hora, está correctamente hecho, muy bien editado y con los elementos dramáticos correspondientes en su sitio. El argumento es narrado por Davey Gordon en primera persona. En este enlace figura con cierto detalle.

Kubrick fue el director, el productor, el camarógrafo, el guionista y el editor. Y el novio de la madrina. No, en la película aparece Ruth Sobotka, que sería su segunda esposa. Así, este filme es todo un Kubrick total.

No se puede vislumbrar en esta película estándar lo que sería la producción posterior de Kubrick (que descolla desde Senderos de gloria en adelante), no tiene los elementos característicos de las grandes obras que hizo después; fue un proyecto formativo en el que daba sus primeros pasos (tenía alrededor de 26 años cuando la rodó). Sin embargo, está (como se dijo antes) muy bien hecha, ya se intuye cierto gusto por la perfección; tiene una o dos escenas oníricas y una escena con un toque de simbolismo: la pelea entre el malo y el bueno empleando los maniquíes de una factoría (pelean por el amor de una mujer); también tiene otras escenas y diálogos interesantes. En cuanto a la temática, es la misma que en sus obras posteriores, aunque no es exclusiva de él, tal como las circunstancias que rodean la existencia de sus personajes y cómo el destino les juega a favor o en contra, el sino (el hado), que exploró en casi todas sus cintas; la relación de pareja, que exploró muy bien en Barry Lyndon y en Ojos bien cerrados; el crimen, del que también habló en varios de sus filmes.

Uno de los detalles que destacan es la ambigüedad de la protagonista femenina, a la que parece darle igual con quién irse, si con el malo de Rapallo o con el bueno de Davey. Es una femme fatale con derecho propio y con valores ambivalentes ubicados en las antípodas, como mucha gente real. No puede uno menos que rememorar una de sus frases más célebre: «Las grandes naciones han actuado siempre como gánsteres, y las pequeñas, como prostitutas».


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Reseña en Wikipedia:


03 noviembre 2020

La condición humana II - Masaki Kobayashi (1959)


Imagen del póster en IMDb.

La condición humana: La gran trilogía de Kobayashi.


Al igual que la Trilogía de Apu, de Satyajit Ray (que trata de la vida de Apu), La condición humana es un tríptico de Masaki Kobayashi en el que narra parte de la vida de Kaji, un joven humanista, pacifista y socialista, durante la II Guerra Mundial. La monumental trilogía está basada en la novela autobiográfica homónima de Junpei Gomikawa (no confundir con La condición humana de André Malraux). Constituye un gran fresco del absurdo de la II Guerra Mundial y de la transformación de un individuo inmerso en tan abstracta e irracional guerra. Es una mirada introspectiva del Japón hacia sí mismo, a propósito del conflicto bélico. En el camino, se examinan otros tópicos propios de la condición humana. Quizás más exacto hubiera sido referirse al comportamiento humano en lugar de la condición humana; pero eso formaría parte de otro análisis; podemos considerar que el término es correcto.

Cada una de las películas de La condición humana (Ningen no jôken en japonés transliterado; 人間の條件 en japonés), dura al menos tres horas, sumando casi diez horas las tres; cada una se divide en dos partes, lo que totaliza seis partes. Podrían haber sido un poco más cortas sin detrimento importante del contenido. Los títulos de los tres filmes son los siguientes:

La condición humana II: El camino a la eternidad;
La condición humana III: La plegaria del soldado.

Pese a enarbolar valores, hoy comunes, relativos a los derechos humanos y al trato fraternal y amable entre las personas (lo cual es bueno, claro), a pesar de las diferencias de jerarquía; la trilogía es parte de la propaganda política subliminal, tal como El acorazado Potemkin: en la historia, los que son buenos son comunistas o socialistas y los malos son los que no son comunistas o socialistas. La Historia ha demostrado que los gobiernos de extrema derecha son funestos; y los de extrema izquierda lo son aún mucho más (ya lo había anticipado Aristóteles cuando sentenció que una virtud moral es mejor en tanto en cuanto esté alejada de los dos extremos, menos deseables; vamos, que ni tan calvo ni con dos pelucas). Kobayashi murió en 1996, después que cayó la Cortina de Hierro; de manera que es seguro que habrá confirmado, en vida, que el sistema genocida de la URSS, con el que simpatizaba, fue —además de criminal— un rotundo fraude. No hacía falta visitar un gulag para llegar a esa conclusión.


La condición humana II: El camino a la eternidad.

Kaji (Tatsuya Nakadai) ingresa en el ejército. Allí recibe el brutal entrenamiento de parte de los instructores y castigos por parte de los soldados más viejos en la fuerza. Vejámenes y humillaciones en ingentes cantidades. Lleva más golpes que una gata ladrona. Intenta, fiel a sus principios humanistas, sembrar un clima de concordia y camaradería; pero siempre tropieza con los duros del medio, los tradicionalistas que le impiden cambiar las cosas. Lo único dulce de su estadía en la milicia es la sorpresiva visita que Michiko (Michiyo Aratama), su esposa, le hace en una ocasión; en la que su superior le permite pernoctar con ella por una noche.

Le asignan un grupo de reclutas (algunos mayores de 40 años) para que los instruya. Para defender la dignidad de sus pupilos, debe sufrir las consecuencias, en general violentas reprimendas por parte de suboficiales y soldados de mayor rango o antigüedad. Para evitar males mayores, le envían con un pelotón de 28 soldados a excavar trincheras cerca de la línea enemiga (los enemigos son los soviéticos). Ahí los sorprende una desigual batalla en la que casi combaten con estacas de abedul (le llegaron fusiles a última hora); el enemigo lo hace con tanques blindados. No queda casi nadie con vida, solo Kaji y dos soldados más. Ocurren más acciones, pero sería muy largo enumerarlas; ¡son tres horas de película!


El único momento reconfortante fue con su esposa
Michiko, en la despensa del campamento. 
Imagen tomada de IMDb.


En la guerra puedes tener varios enemigos.

El enemigo en la primera película de la trilogía era el sistema empresarial, si bien custodiado por los militares de la Kenpeitai. En esta el enemigo externo es el país vecino a Manchuria, la URSS; pero el enemigo interno es el estamento militar japonés; en el que, lejos de prevalecer el compañerismo, la fraternidad; reina el trato despótico de quienes detentan una jerarquía superior a los subalternos; todo se limita a ordenar y a obedecer sin rechistar; sin importar lo justa o injusta, racional o irracional, que haya sido la orden. El positivismo a ultranza; tal como ocurrió en la Alemania nazi. Este esquema de pensamiento está en las antípodas de los principios y valores del protagonista. Pero la realidad es terca. A lo largo de su estadía en los cuarteles militares, Kaji va dándose cuenta de lo poco (casi nada) que le ha servido ser un hombre de principios y valores intachables. El mundo que le rodea ni aprecia eso ni se rige por los mismos parámetros. Lejos de ellos, en muchos aspectos está putrefacto. Kaji va, progresivamente, degradando su conducta, alejándola de los cánones iniciales. La entropía se apropió de su código moral.


En las trincheras, luchando con las uñas contra
tanques soviéticos. Imagen tomada de IMDb.


Debido a sus actitudes y a su amistad con Shinjô (un soldado que es comunista confeso), es observado con cautela por los superiores. Shinjô no soporta la estadía y huye un día que hay un incendio. Kaji no lo sigue, pero por poco. Ambos sueñan con una tierra en la que los hombres «son iguales» (se supone que la URSS). La gratificación de Kaji por haber sido un instructor condescendiente y amable con los nuevos soldados es la amistad y el respeto que ellos le profesan, solo eso. No ha cambiado al mundo. Apenas puede lograr cambios minúsculos en algunos hombres que le rodean. Tal como se resume en el breve diálogo con Kageyama, un viejo amigo con el que se topa en el ejército, ahora oficial (superior de Kaji):

—Ninguno de nosotros consiguió hacer nada especial —le dice Kaji.
—Eres un hombre inteligente, pero escoger el ejército como escenario para librar tus propias batallas, es de tontos. Es más inteligente andarse con cuidado que ser obstinado —contesta Kageyama.


En las trincheras, donde tantos consiguieron
la muerte. Imagen tomada de IMDb.


A través de pequeños cambios en pocas personas se puede, luego de mucho tiempo, lograr cambios en el mundo; avalados por reflexiones racionales sobre esos cambios y eventuales correcciones. Le llaman evolución. Suelen ser más sólidos y fundamentados que los generados por revolución; en las que suele gobernar la improvisación y lo visceral sobre lo racional.


Imagen del póster en Filmaffinity.


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Artículo en Wikipedia:


Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, la mayoría a través de Translate Google. Ahora la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

Las 10 + proyectadas