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El cine es ensueño, es música. No hay forma de arte que vaya más allá de la conciencia ordinaria como lo hace el cine, directamente a nuestras emociones, al penumbroso recinto del alma.

Ingmar Bergman.

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08 junio 2012

Yawar Mallku – Jorge Sanjinés (1969)



Eugenesia sin aviso y sin anestesia


También llamada La sangre del cóndor, esta película del realizador boliviano Jorge Sanjinés hace la denuncia, a viva voz, de la esterilización inconsulta de las mujeres de la etnia quechua, del asesinato de sus niños y del abuso y el desamparo a los que son sometidos. Rodada en el bucólico ambiente andino, con fotografía en blanco y negro de Antonio Eguino, este importante film-denuncia, narra la historia de Ignacio y su mujer Benedicta. Ellos han perdido a sus tres hijos debido a una peste, que se sugiere fue inducida artificialmente. Los lugareños (campesinos quechua) se han dado cuenta de que unos gringos asentados en el lugar, con la excusa de someter a las mujeres a “un tratamiento” (pues oficialmente los han venido a ayudar), las están esterilizando. Toman la casa donde están los gringos y, quizás, los ultiman, aunque en la copia que he visto no se explicita eso. Luego tres de los campesinos, entre los que se cuenta Ignacio, son llevados por autoridades locales a un sitio apartado, donde matan a dos de ellos. Ignacio, gracias a la desobediencia del soldado que se encarga de él, solo sale herido de bala. Su mujer Benedicta lo lleva a la ciudad, en donde busca la ayuda del hermano de Ignacio, Sixto, marginal de la urbe, que apenas subsiste con su trabajo en una fábrica. Lo ingresan al hospital pero, en vista de la impotencia para conseguir la sangre requerida para la intervención quirúrgica que salvaría a Ignacio, y de los fármacos que también necesita, éste perece. En la última escena, Sixto regresa al pueblo acompañando a su cuñada Benedicta. Finalmente se muestra una imagen fija con fusiles alzados. La película es hablada en quechua, español e inglés.

El film, seguramente hecho con limitaciones económicas importantes, adolece de preciosismos técnicos que resalten, pero es –evidentemente- intenso en contenido reflexivo y de denuncia, muy en la línea del espíritu de los 60’s. Varios tópicos son la diana de esta obra. Vamos uno por uno, pues todos son importantes para nosotros.




Esterilización de los seres inferiores

Ya en aquella época (los 70’s), los inmigrantes bolivianos nos contaban sobre la esterilización no consentida en la población indígena de su país. A nosotros nos parecía inverosímil. Los años 70’s tenían una espesa bruma de influencia de los 60’s: gringos malos, soviéticos buenos, paz y amor, los hippies, el Che, la revolución (comunista, claro) y esas cosas. Investigando un poco, uno constata que realmente fue así (lo de la esterilización no consentida). Simplemente es algo monstruoso que se esterilice a las personas sin su consentimiento. Entre 1963 y 1965 se esterilizaron más de 400.000 mujeres colombianas de la etnia quechua[1]. En Perú, bajo el gobierno de Alberto Fujimori[2], se esterilizaron unas 200.000[3] mujeres y unos 20.000 hombres, aunque otras fuentes indican que fueron 300.000[4]. Entre 1965 y 1971, en Brasil, cerca de un millón de mujeres fueron esterilizadas[5]. Para mediados de los años 70’s, en E.U.A. habían sido esterilizados unos 800.000 indígenas[6]. No consigo data de Bolivia (¿?). Aún cuando estas cifras pueden estar manipuladas, exageradas, la denuncia de Sanjinés sigue siendo válida, y vigente, pues el gobierno de Fujimori es de reciente data, fue ayer en términos históricos. En otros muchos países esta práctica ha sido realizada, con la misma impunidad que en Bolivia.

La esterilización forzada está considerada delito de lesa humanidad, de acuerdo al artículo 7, numeral g, del Estatuto de Roma de la Corte Internacional Penal. Esta práctica se hizo enmascarada como ayuda humanitaria para reducir la pobreza a través de una “planificación familiar”. Es cierto que a través de la reducción de la natalidad, tal como pregonan los neo-maltusianos, muchos males serían menos malos, pero el problema es cuando la esterilización es no consentida, engañosa. Esto es lo que denuncia Sanjinés.


Ni gringos malos, nosotros buenos; ni gringos buenos, nosotros malos

Es ingenuo pensar, como lo hace toda la izquierda latinoamericana y la que no es latinoamericana, que todos nuestros males son achacables a los gringos. Ese es el enemigo necesario para el discurso de izquierda: somos pobres y desgraciados por culpa del imperio del norte. Es el discurso patológico de Fidel, por ejemplo. No pretendo defender a los gringos. No han sido unos santos, pero se les ha satanizado injustamente. Si bien algunas fuentes señalan que la esterilización fue impuesta por la Fundación Rockefeller, o por el Cuerpo de Paz[7], o por otra institución, ¿realmente fue impuesta? ¿Cómo van ellos a imponer algo en un país, si no es a través del consentimiento de los gobernantes de dicho país? Los gringos fueron la herramienta para realizar la esterilización, eran los que tenían la tecnología y la logística, pero necesariamente hubo un consentimiento de los gobernantes de Bolivia, Perú, etcétera. Habría que preguntarle al señor Fujimori si no es así. Bien por ignorancia, por ser víctimas del engaño, o por corrupción, los gobernantes regionales han aceptado que se instrumenten semejantes programas. La responsabilidad es compartida entre ellos y los ejecutores extranjeros. Esto ha ocurrido no solo en el caso de la esterilización no consentida, también en muchas otras negociaciones que se han hecho con U.S.A. La capacidad de negociación de nuestros gobernantes ha sido ínfima, o bien han sido comprados por intereses exógenos a los de los países que –infelizmente- representan.




Las razas superiores

En 1980, siendo yo un recién graduado, trabajaba en el Concejo Municipal del Distrito Sucre (Consucre), y un contratista que era militar retirado me contestó, a mi inocente pregunta de cómo se podría arreglar “eso” de los barrios (favelas, chabolas), que la única solución era poner algo en el agua para “salir de esa gente” o “tirar una bomba”. Lo dijo en serio. Quedé boquiabierto.

¿Qué llevó, o aún lleva, a realizar un programa de esterilización no consentida en las poblaciones más vulnerables? ¿Es cierto que la intención es reducir la pobreza, acabar con el hambre e instaurar la planificación familiar? ¿Por qué no se lleva a cabo en sectores de la población mejor ubicados en la escala socio económica? ¿Por qué no se solicita el consentimiento de quien va a ser esterilizado? ¿Por qué los dirigentes no se ocupan más bien de educar a la población?

No es de extrañar que las personas comunes estemos tentadas a pensar que hay razas superiores y razas inferiores; suponiendo que el término raza tenga algún sentido biológico, pues parece no tenerlo de acuerdo a la Declaración sobre la Raza y los Prejuicios Raciales del 27 de noviembre de 1978, proclamada por la Unesco, precedida por las declaraciones de 1950, 1951, 1964 y 1967[8]. Lo pensaron erróneamente personalidades como Kant y Nietzsche, cuando se refirieron a los “pobladores del Sur” en un tono un tanto despectivo. En relación a Heidegger, “el Führer del Führer”, prefiero no saber lo que pensaba de nosotros. Esto nos hace pensar que pensadores célebres, importantes e influyentes, han pensado cosas equivocadas. ¿Qué queda para nosotros, pobres aprendices de pensador? ¿Y para los dirigentes nuestros, que parece que ni siquiera llegan a eso?

Todo nos hace suponer que la esterilización se realizó para reducir las razas inferiores, porque representan, en términos económicos, una carga para las superiores. Quizás había algún componente ideológico mezclado en la decisión. La supuesta inferioridad está marcada predominantemente por elementos de índole exógena a la biología racial del individuo: educación (valores incluidos), ambiente en el que se desarrolla (incluso la calidad de la vivienda), alimentación, clima, igualdad de oportunidades e igualdad de acceso a las oportunidades, entre otros (véase el documento referido en la nota 8). ¿Qué tan inferiores pueden ser los herederos de los Incas, los Aztecas, los Mayas? Ya quisieran los indígenas de otras latitudes haber tenido semejante cultura. A pesar de nuestro hándicap hemos dado a luz portentos como Pablo Neruda, Frida Kahlo, Astor Piazzolla, Jorge L. Borges, Cantinflas, Octavio Paz, Roberto Mamani Mamani, Mercedes Sosa, Oscar Niemeyer, Simón Bolívar, Gabriela Mistral, Jorge Cortázar, Heitor Villa-Lobos, Jesús Soto, Pelé, Gabriel García Márquez, Andrés Bello, Mario Vargas Llosa, Humberto Fernández Morán, Atahualpa Yupanqui, Alirio Díaz, Rigoberta Menchú, y pare usted de contar, amén de celebridades y gente muy destacada en su área de competencia, en todas las áreas.


La violencia es el arma de los que no tienen la razón

La imagen final del filme, una fotografía de fusiles alzados, empuñados por las manos de quienes se sublevarán, es impactante. Explicita que hay que ir a las armas para reclamar los derechos –de los indígenas en este caso- que han sido violados. Parece un salvajismo el pretender arreglar todo con las armas. Esas armas, más allá de reclamar derechos, sirven para asesinar. Pero, ¿qué otro recurso queda cuando la capacidad de negociación es nula, cuando el poderoso simplemente no oye o apabulla al indefenso? ¿Es legítimo el empleo de la violencia para lograr las reivindicaciones sociales? Es pertinente que los que tienen el poder recuerden algo que dijo Foucault: “Lo que hace que el poder se sostenga, que sea aceptado, es sencillamente que no pesa sólo como potencia que dice «no», sino que cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; hay que considerarlo como una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social en lugar de una instancia negativa que tiene por función reprimir”.


Discriminación endógena

El maltrato que dan las autoridades a los implicados en la toma de la casa de los gringos, su posterior asesinato sin juicio previo, la impotencia de Sixto y Benedicta en la gran ciudad buscando ayuda para Ignacio, la indiferencia de los médicos en el hospital, son ejemplo de la gran indefensión que sufren los indígenas quechua. Pero, un momento, es exactamente la misma indefensión que tienen (tenemos) muchos ciudadanos en la Venezuela de hoy. Cuarenta años después de rodar Yawar Mallku, y en un país tan “rico” como Venezuela, se evidencia la misma impotencia del ciudadano común. ¡Qué paradoja! Si seguimos así, nosotros mismos tendremos que proponer una enmienda a la Declaración sobre la Raza y los Prejuicios Raciales.

Vaya que da para hablar esta corta película. La copia que vi de esta cinta no era de buena calidad, con relación de aspecto 1:1 (¿?), y la belleza formal del film no resaltaba, aunque la melancolía del altiplano se hacía sentir. También se hacía sentir la angustia del quechua ante tanta discriminación y prejuicio, reflejada en los toscos y callados rostros andinos. La musicalización, al igual que la fotografía, vestuario, y demás elementos fueron correctamente desarrollados. Es una película honesta, sin preciosismos innecesarios, pero con denuncias muy serias. Ese es su objetivo.


[6] Cfr. Ibídem.
[7] Instituciones que, al parecer, hoy se dedican a causas más loables y que en aquél entonces financiaron la campaña, no la impusieron.
[8] Recogidas en un extraordinario documento intitulado Cuatro declaraciones sobre la cuestión racial, también de la Unesco, con dos excelentes prólogos del problema, analizado desde los puntos de vista biológico y sociológico. Disponible en este enlace. Nótese que las fechas de publicación y de los programas de esterilización no amparan a los culpables por ignorancia, todo lo contrario.


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Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, mayormente a través de Translate Google. Actualmente la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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