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El cine es ensueño, es música. No hay forma de arte que vaya más allá de la conciencia ordinaria como lo hace el cine, directamente a nuestras emociones, al penumbroso recinto del alma.

Ingmar Bergman.

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Este blog no es de crítica especializada ni académica; solamente de comentarios «al dente» de un espectador común.

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13 febrero 2015

¡Bienvenido míster Marshall! – Luis García Berlanga (1952)



«Como alcalde vuestro, yo os aseguro que para pagar esto ni un céntimo ha salido de las arcas públicas, porque en las arcas jamás ha habido un céntimo».
Elocuente frase del discurso del alcalde de Villar del Río.


A un pequeño pueblo castellano, de nombre Villar del Río, llega un día la cantante andaluza Carmen Vargas (la bella Lolita Sevilla) con su representante, Manolo (Manolo Morán), para unas presentaciones en el bar del pueblo. También arriba un funcionario de alta jerarquía, el Delegado General, para informarle al alcalde del pueblo, Don Pablo (José Isbert, en una magnífica interpretación), que próximamente serán visitados por una delegación de norteamericanos, quienes están haciendo una gira para detectar las necesidades de los poblados, a objeto de incorporarlas al famoso Plan Marshall. A raíz de esta visita, se suceden diversas situaciones jocosas que tienen relación con el evento que hay que preparar para recibir las autoridades foráneas por todo lo alto, mientras se retrata a los personajes del pueblo, su idiosincrasia, sus maneras y su forma de vida. La película es narrada con voz en off por el actor Fernando Rey, quien le habla al espectador y, figuradamente, también a los personajes. Este es el primer filme que Luis García Berlanga dirigió en solitario (el anterior lo había codirigido con Juan Antonio Bardem).




Esta sencilla historia, escrita por Berlanga y Juan Antonio Bardem, es la excusa perfecta para criticar una serie de tópicos muy variados, con el difícil lenguaje de la comedia, haciendo gala de su mordaz humor. Prácticamente no hay llaga en la que Berlanga no ponga el dedo. Este filme es un gran fresco de la sociedad rural española de los años 50, que se recuperaba penosamente de la tragedia que las dos guerras pasadas habían ocasionado. Berlanga hace una exploración detallada de ese mundo de personajes y sus situaciones, no con la intención de la burla bufona y gratuita, pero sí de la reflexión, que invite al reconocimiento de la hispanidad de postguerra antes que se manifestasen los cambios propios del postmodernismo. Al menos es así con los personajes que lo merecen, aquellos que depuran candidez; pues de otros personajes sí hace mofa crítica.

En la narración se nos presentan las principales personalidades del pueblo. El mosaico incluye varios estereotipos, cada cual personificado de manera graciosa: el cura, que emplea el latín en su verborrea para lucir su erudición; el hidalgo, figura que recuerda al Quijote, quien desprecia a los visitantes, a los que considera inferiores, pues fueron conquistados por sus antepasados; la maestra de la escuela, que compite en sabiduría con el cura, pero que es soltera porque no parece saber cómo ser atractiva; el alcalde, un tipo bonachón e ignorante que, aunque quiere lo mejor para su pueblo, no deja de evidenciar sus carencias para lograrlo; el representante de la cantante andaluza, un empresario que es también el representante del depredador económico típico, el vivo que está a la caza de beneficios mediante la manipulación de otros; el labriego, que no logra superarse porque el estado no provee las mínimas facilidades para ello, tales como créditos agrícolas o asistencia técnica; el Delegado General, el arquetipo del burócrata de la capital que se siente superior a las autoridades de un pueblo, y se comporta de acuerdo a ese sentimiento. Hay otros personajes dibujados en la historia, todos con el detalle con el que lo hace un maestro incisivo como García Berlanga.




La interacción de estos y otros personajes da lugar a sucesos que, consecuencialmente, también están bañados de humor. Humor reflexivo, empero. Berlanga, repito, no hace mofa por hacer mofa, sino que pone en evidencia la realidad social de una época en la que los habitantes de su tierra sobreviven, luego de un período oscuro, en un período de penumbra como lo fue el franquismo; régimen que, por la ceguera y terquedad de un solo hombre, ralentizó el desarrollo del país, haciendo de él uno de los más atrasados de Europa. Quizás los españoles de hoy no lo vean, pero sus antepasados inmediatos sacaron a España de las ruinas de la Guerra Civil Española y de la II Guerra Mundial con el sudor de su frente, sin ayuda del Plan Marshall, del que sí se aprovecharían diecisiete países que quedaron igualmente destruidos. Los españoles tienen ese mérito: quizás fueron los de la retaguardia, pero lo hicieron a pulso, con sangre, sudor y lágrimas, sin ayuda. Una de las pocas ayudas externas fue el ingreso por las remesas que los emigrantes giraban a sus familiares radicados en tierra ibérica.

El director valenciano no pierde oportunidad de manifestar cierto agrado porque los americanos no hayan incluido a España en dicho plan. Quizás por aquello de no venderle tu alma al diablo, suponiendo que los gringos sean tal diablo. Es así como en un final que –diría yo– es atípico, los pueblerinos y el representante de la cantante, hacen una colecta para pagar los gastos en los que se incurrió para la bienvenida de míster Marshall. Hay otros tópicos de los cuales Berlanga hace crítica, pues la película es muy rica: el maquillaje del pueblo para hacerlo parecer andaluz, por aquello de que la imagen de España en el exterior está dada, básicamente, por una de las más pintorescas de su regiones: Andalucía; la reunión de las autoridades del pueblo para determinar qué se va hacer con motivo de la llegada de los visitantes, en la que cada participante propone distintas –algunas disparatadas– ideas, y en la que la retórica hispana es la protagonista; la charla que da la maestra al pueblo para informarlo sobre la grandeza de los EUA como país, pero que es interrumpida por una incisiva crítica que el cura hace sobre la sociedad norteamericana, basada en cifras negativas (asesinatos, secuestros, etc.) igualmente llamativas y que indican el nivel de pecado del tío Sam. Algunas de las escenas más interesantes son los sueños de tres personajes la noche anterior a la llegada de los norteamericanos: el del alcalde, el del hidalgo y el de un labriego. Distintas visiones para distintas realidades.

Esta película es, sin duda, una de las imprescindibles del cine español. Y una de sus mejores producciones. Una extraordinaria película. Exquisitamente española.


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El argumento algo más detallado, enlace para ver la película online (no gratuito) y comentarios sobre la película por el propio director en:
Comentario en Wikipedia:
Ficha en IMDb:


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Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, mayormente a través de Translate Google. Actualmente la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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