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El cine es ensueño, es música. No hay forma de arte que vaya más allá de la conciencia ordinaria como lo hace el cine, directamente a nuestras emociones, al penumbroso recinto del alma.

Ingmar Bergman.

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Este blog no es de crítica especializada ni académica; solamente de comentarios «al dente» de un espectador común.

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14 agosto 2012

Ciudad de Dios – Fernando Meirelles/Kátia Lund (2002)



Lucha y nunca sobrevivirás, corre y nunca escaparás.
Lema de la película


El cine latinoamericano es heredero del neorrealismo italiano: nos relata la vida diaria de nuestras ciudades y de nuestros campos. Puede o no ser con actores profesionales, pero el espíritu del neorrealismo está ahí. Ciudad de Dios es una de las películas que mejor retrata la realidad urbana contemporánea de las barriadas o favelas brasileñas, verdaderos enclaves de pobreza y crimen. Está realizada con gran maestría por el importante cineasta brasilero Fernando Meirelles (y la codirectora Kátia Lund), y tiene un guión inteligente, buena cinematografía y mejor edición, buenas actuaciones y buena música. La ambientación es realista, ya que se hizo en una favela. No sin razón es considerada una de las mejores películas latinoamericanas.

La película se basa en hechos reales y fue realizada con actores profesionales y con habitantes de la favela donde se rodó, con el debido permiso del capo de la favela. Nos cuenta la vida de algunos personajes, desde que son niños hasta que alcanzan los veintitantos años. La historia es narrada, con voz en off, por uno de los jóvenes, Buscapé, el más sano de todos, el que sueña con ser fotógrafo y ganarse la vida por medio del trabajo, sin delito que la enturbie. Los demás personajes son delincuentes para los cuales la vida de los demás no vale absolutamente nada. Al final, el mayor capo de la favela, Zé pequeño, asesino desde que era un infante, muere a manos de los niños que lo suplantarán como jefes del delito en su otrora territorio.

Para el espectador que desconoce la realidad latinoamericana, las escenas que muestra Ciudad de Dios han de parecerle exageradas, producto del ejercicio mental del director. Los que vivimos en la región sabemos que, por muy lamentable que parezca, la vida en las favelas es tal cual se muestra en la película. En Venezuela se han realizado filmes que describen ese mismo medio. Por ejemplo, se han producido Hermano y La hora cero, por mencionar dos películas de reciente rodaje. Todos los elementos negativos se conjugan para que la delincuencia campee libremente y sea la dueña absoluta de las vidas de los que ahí habitan. Elementos endógenos y exógenos a la favela: pobreza, mala formación, ocio, circulación libre de la droga, complicidad de la policía, etcétera, condimentan la triste vida de ese submundo.

El diagnóstico en relación a qué ha ocurrido para que se haya llegado a tal situación, que arropa a una parte importante de la población, es suficientemente conocido por todos, especialmente por aquellos que pueden hacer algo para solventar el problema. También se conocen las acciones que se deben acometer para revertirlo, tales como: desarme de los delincuentes, presidio correccional para la reinserción en la sociedad de aquellos que sean candidatos a ello, vigilancia preventiva, erradicación de la pobreza, educación instrumental y en valores, depuración de los órganos de seguridad corruptos, combate del narcotráfico, y un largo etcétera. La gran incógnita para el ciudadano común es: sabiendo lo que hay que hacer, ¿por qué no se hace?


El peor daño es el asesinato, que ya es un hecho común en nuestra sociedad. En Venezuela es asesinada una persona cada 35 minutos, para totalizar unos 15.000 muertos por asesinato cada año. Más bajas por hora que muchos conflictos bélicos, ¡qué eficiencia! Y nadie hace nada. El robo es el pan nuestro de cada día. No conozco a nadie, absolutamente a nadie, que no haya sido víctima del robo, generalmente por vía del atraco. Y nadie hace nada. ¿Cómo es posible que para hacer esta película hayan tenido que pedirle permiso al criminal mayor de la favela? ¿Dónde están las autoridades que permiten ese estado de cosas?

Hay algunos inconvenientes que, ciertamente, paralizan las acciones conducentes a eliminar este nefasto fenómeno social. Una de ellas es la incompetencia técnica de los gobiernos para aplicar las leyes y castigar a los delincuentes, o evitar que éstos delincan. Poca dotación a los organismos de seguridad, y poca formación y exigencias a su personal son ejemplos de esa incapacidad. La impunidad le permite al hampa desempeñar todas sus actividades, con muchas menos trabas que las que tienen los negocios legales. ¿Temen que no haya impunidad quienes deben aplicar la ley, para que también la haya cuando les toque a ellos dar cuenta de sus actos? Otra cosa es la incompetencia administrativa de los gobiernos (por llamarla de esa manera); lo que en realidad se denomina corrupción, producto de los bajos principios morales que tienen los que ejercen el poder, los cuales incluyen antivalores. Por otra parte, parece haber un interés subrepticio en las altas esferas del poder, porque la situación realmente no mejore. Hay sistemas y negocios que viven de ese caos: todos los negocios que tienen que ver con la (in)seguridad y vigilancia, los que dotan a los organismos de los insumos (armas, equipos diversos), el negocio de las armas y municiones, las funerarias, los jueces y demás autoridades corruptas que viven de los pagos del hampa, el narcotráfico,… La aparente contradicción entre el hecho de que los organismos no poseen equipos (armas y demás) y que hay un interés por mantener ese negocio no es tal, pues los recursos –cuando se asignan- se desvían de múltiples maneras; una de ellas se ve en esta película: los policías dotan de armas a los hampones. ¿Qué se puede hacer para combatir el crimen cuando la mayoría de los que deben hacerlo son criminales?

Finalmente, lo más triste: prácticamente toda la sociedad está corrompida. ¿No es disfuncional una sociedad en la que los niños de clase media deben cuidar sus útiles escolares en la escuela para que no sean robados por otros niños, o por los maestros, o por otras personas que están en el instituto educativo? La clase media también roba. De la clase alta sabemos -desde siempre- que una buena cantidad de ella debe su riqueza al robo, a la explotación de otros y a los negocios turbios. Es un círculo vicioso, tal como lo expresa el lema de este filme, que costará un mundo convertir en círculo virtuoso.

Al hablarnos del mundo de la favela, Fernando Meirelles ha abordado todos éstos álgidos temas. Cruda realidad que algún día Latinoamérica debe superar, so pena de quedarse en las tinieblas.


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Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, mayormente a través de Translate Google. Actualmente la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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