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El cine es ensueño, es música. No hay forma de arte que vaya más allá de la conciencia ordinaria como lo hace el cine, directamente a nuestras emociones, al penumbroso recinto del alma.

Ingmar Bergman.

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26 abril 2013

Teorema – Pier Paolo Pasolini (1968)



Entre alienaciones te veas


Hay que comenzar diciendo que Pier Paolo Pasolini fue un intelectual muy respetado en Italia. Fue uno de los más importantes intelectuales italianos del siglo XX. Escritor, poeta, crítico, periodista, actor, escenógrafo, cineasta y activista político. Fue incluso compositor. Todo un polímata. Dos características que siempre se mencionan de él: que era homosexual y comunista, admirador de Antonio Gramsci. El saberlo puede incidir en la forma en la que uno ve sus películas. Conocer al artista ayuda a entender su obra. No solo al artista como persona, sino también a su entorno: el contexto histórico, social y cultural en el que se desenvolvió, amén del contexto de la obra per sé. Las películas de Pasolini no son en absoluto triviales, ni son para todo público. Algunas de sus realizaciones son de ese tipo de filmes que invitan a muchos desinformados a abandonar la sala de cine, exclamando que la película es una porquería. No son cintas muy elaboradas estéticamente, ni tienen grandes actores, ni escenografía, maquillaje o vestuario que descollen; a cambio, son de mucha densidad simbólica y tienen un lenguaje propio que no es fácil de leer. Sexo, religión y política son los temas sobre los que más diserta Pasolini en sus filmes.

Un extraño (Terence Stamp) visita una familia milanesa acomodada, que tiene las rutinas comunes a la clase que, en lenguaje marxista, se denomina burguesa: hijos estudian, papá es dueño de un negocio, mamá (la hermosa Silvana Mangano) atiende a la familia y a la casa con la ayuda de una doméstica. Luego de tener relaciones sexuales con todos los miembros de la familia (por separado), incluyendo a la doméstica, y oír las inquietudes existenciales que tienen, se va de la casa. A partir de ese momento, cada uno encamina su vida de manera radicalmente distinta. La criada regresa a su pueblo y se convierte en una ascética que come ortigas, hace milagros y levita. La hija queda catatónica y es internada en una institución psiquiátrica. El hijo se va de la casa y le da rienda suelta a su verdadera vocación (la pintura), sabiéndose totalmente ignorante de ese arte. La señora de la casa se convierte en promiscua compulsiva y fornica con cuanto joven ve, y el jefe de la familia regala la fábrica a los obreros, se desnuda en una estación de trenes y vaga por un desierto de polvo volcánico (las faldas del monte Etna). Fine.




En relación a este filme, hay diversas interpretaciones, que suelen provenir de ámbitos académicos. Desde las que consideran el sexo como tema central a las que lo inscriben en la política. Optaré por la interpretación que me parece más plausible: la que lo emplaza en la instancia política.

Debido a que Pasolini era comunista hasta la médula, básicamente odiaba a la clase burguesa. Sin embargo, deja entrever –a través de una entrevista al inicio del filme- la utilidad de esa clase social y la paradoja que resultaría de su inexistencia. De acuerdo a ese esquema de pensamiento –pienso yo- la familia de Teorema es una especie de sujetos alienados[1] que viven juntos, más que conformar una familia. Esa alienación es afectada por el visitante. El visitante es el vehículo que les hace execrar su alienación, a través de una herramienta: el sexo. Podría ser otra herramienta y otro vehículo, pero Pasolini siempre propuso el sexo como el motor de nuestra existencia, tal como lo había enunciado Sigmund Freud al comienzo del siglo XX. También lo hace porque el sexo es un tabú desde el punto de vista religioso, y lo religioso es criticado abierta y descarnadamente por Pasolini, pues ha servido para reprimir a las personas, para tenerlas sometidas. El sexo es, por otra parte, una especie de crisol donde nuestras frustraciones y complejos convergen y hacen de las suyas. Cuando le preguntaron qué está detrás del poder, contestó que la educación, que la educación es la herramienta del poder. Lo podemos constatar en las sociedades absolutamente sometidas como la norcoreana (cuyos individuos tienen que leer todos los libros de su gobernante eterno, si bien eso es adoctrinarse más que educarse). Quizás Pasolini hubiese señalado la norteamericana, por su condición de marxista extremo. La religión, al menos en la Italia en la que él se crió, dejó una huella indeleble en la sociedad a través de la educación del dogma cristiano, que incluye férreos mandamientos y comportamientos, que –en aquella época- de ser violados eran severamente castigados. La homosexualidad era vista como un pecado, como una condición contra natura; no era considerada una “preferencia sexual”, como lo es hoy. Y la homosexualidad le concernía particularmente a Pasolini.




Es una idea muy científica pensar que el sexo es el epicentro de nuestra existencia (al menos de la existencia material), y que todo lo hacemos teniendo en cuenta ese hecho natural. La biología ya ha establecido que lo vital en un ser viviente es la reproducción. Es más, es un concepto de vida: los seres vivos son los que se reproducen, los que tienen ADN. Para ello deben sobrevivir: alimentarse y realizar las funciones vitales, una de ellas es la reproducción, es decir, el sexo. Regresando a Teorema, los alienados burgueses “abren los ojos”, se dan cuenta de su alienación toda vez que violan los principios que orientan su comportamiento (el sexo con el visitante representa una grave violación de uno de los principios primordiales) y reorientan su vida de acuerdo a los efectos que ese “despertar” les ha ocasionado. Cada uno a su particular manera. Recuerda la célebre frase bíblica: “La verdad os hará libres”. Removida la alienación, surge esa verdad. Pasolini puso a cada uno en el ejercicio que él creyó les correspondía.

Debido a su ideología, exaltó la nueva vida del proletariado (la doméstica), al colocarla en un sitial de mayor trascendencia que el resto de los miembros de la familia, los cuales quedaron sumergidos en sus miserias, alienados, ahora en un sentido más foucaultiano que marcusiano, pues tenían una falsa moral y una falsa vida, y ahora han pasado a una vida anormal respecto al estándar social. El proletariado es más genuino, por ende menos alienado, y merece ser más trascendente, aunque esa trascendencia sea dentro del marco religioso. Esto se puede interpretar de la siguiente manera: suele ser más cegado por la religión el estrato social más bajo, el proletariado, porque la religión le promete cosas buenas, aunque sean post mortem, y porque les sirve como referente existencial y como defensa contra el amo opresor y explotador. Por esa relación de dependencia entre la religión y el proletariado, el cambio de la doméstica es dentro del ámbito religioso. Tal como diría Marcuse, los personajes están en un vaivén incesante de represión-alienación... ¿y nosotros?

Una obra compleja, no apta para todo público, como todos los productos fílmicos pasolinianos. Es pertinente la misma advertencia que anuncian en la TV antes de transmitir algunos programas: “Véase con discreción”.

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[1] Alienación en el sentido marcusiano.


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Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, mayormente a través de Translate Google. Actualmente la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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