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El cine es ensueño, es música. No hay forma de arte que vaya más allá de la conciencia ordinaria como lo hace el cine, directamente a nuestras emociones, al penumbroso recinto del alma.

Ingmar Bergman.

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26 septiembre 2014

Fresas salvajes - Ingmar Bergman (1957)



Envejecer es como escalar una montaña: a medida que se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre y la vista es más amplia y más serena.
Ingmar Bergman


Este filme, uno de los más emblemáticos del director sueco Ingmar Bergman, comienza con unas reflexiones un tanto misantrópicas del personaje principal, el profesor Eberhard Isak Borg, interpretado por el cineasta Victor Sjöström en su último papel. Luego entramos a un sueño de este, en el que ve ─entre otras cosas─ su propio cadáver intentando revivir y un reloj sin agujas, que sugiere que su tiempo ha terminado o que ya no es importante en esa instancia. El profesor debe asistir a un homenaje que la academia le hará en la Universidad de Lund y decide ir en automóvil en lugar de viajar por avión, como tenía previsto[1]. Su ama de llaves, la diligente señora Agda (con quien tiene una relación de distancia, aunque eso no descarta que haya ocurrido intimidad) le prepara la maleta después de una pequeña discusión por el cambio de planes, pero no le acompaña. Su nuera Marianne, personaje muy bien interpretado por la hermosa Ingrid Thulin, quien estuvo un tiempo en casa del anciano a consecuencia de una discusión con su esposo por diferencias sobre el embarazo de ella, lo acompañará.

A lo largo del viaje se detienen en una casa donde veraneaba la familia de Isak cuando él era joven, donde había un pequeño huerto de fresas, visitan a su madre e incorporan en la travesía a tres animados jóvenes que van a Italia en autostop. También tienen un accidente con otro vehículo y recogen a la pareja que iba en él, a quienes luego le piden que abandonen el automóvil porque no soportan la conversación agresiva de uno con el otro, plena de reproches. Muchas escenas son narradas por Isak, tal como las de los sueños y las de los recuerdos. Bergman no solo dirigió la película, también escribió el guión mientras convalecía en un hospital. El director no utiliza lo que Deleuze llamó las «miradas-cámara», que permiten al espectador escudriñar el alma del personaje, pero sí primeros planos que facilitan esa indagación.

Pero el descrito antes es el argumento físico. A lo largo del viaje, Isak va deshilando su vida, haciendo un ejercicio de introspección, valorando en la medida que puede valorar los hechos acaecidos durante su vida, evocando pasajes especiales de ella, muchas veces en cuerpo presente como espectador del recuerdo que recrea. Un tipo de escena creada por el director sueco y que Woody Allen, ferviente admirador del cine de Bergman, haría después en varias de sus películas. Estas escenas son particularmente especiales. Isak, inicialmente rígido y frío, va cobrando, gracias a la reflexión, cualidades que liman la dureza y lo acercan a la dulzura y a una mente abierta. Al rememorar los episodios con su prima Sara (interpretada por otra de las musas de Bergman, la hermosa Bibi Anderson), Isak no deja de acongojarse por la pérdida de ese su primer amor y evalúa el porqué de esa pérdida. Hay que señalar que la chica autoestopista, que va con dos chicos, que para los efectos representan la fe y la razón, o Isak y su hermano Sigfrid, el que se casó con la prima, también se llama Sara y es igualmente interpretada por Bibi Anderson. El profesor Borg ve en ella a su prima Sara, la que nunca fue suya. La compañía de estos tres jóvenes le da frescura al viaje de Isak y de Marianne y al filme.




La película realmente trata de la travesía de Isak hacia su interior, hacia el ser que hay en él. Esa travesía le hace conocerse mejor, algo a lo que quizás no le dedicó nunca el suficiente tiempo, y ahora este viaje le da una insospechada oportunidad de hacerlo. Se da cuenta de sus errores, del sentido de su vida, del valor del amor, de su soledad, de su relación con los otros, de los problemas y virtudes de los otros, de su egoísmo y de la muerte próxima. La muerte, obsesivamente presente en casi todos los filmes de Bergman. Es un despertar que le ocurre a los 78 años (la edad de Sjöström, y el doble de la edad de Bergman cuando hizo este filme), lo deja perplejo y lo cambia como persona. De una persona con tendencias ególatras cambia para entender y ayudar a otros. De hecho, ayuda para que su nuera regrese con su esposo, pues a lo largo del viaje el vínculo entre ellos ha evolucionado de lo áspero a lo cálido; al tiempo que se da el proceso de redención en el anciano, de un reconciliarse consigo mismo y con la vida. También se acerca a su hijo para interceder, pero este ya se ha doblegado a los deseos de su esposa porque no puede vivir sin ella y porque quiere salvar su matrimonio.

Otra muestra del cambio es que la deuda monetaria que tienen con él su hijo y su nuera pasa de ser un compromiso que se supone deben honrar, al comienzo del film, a la frase interrumpida «en cuanto al dinero que me debes...», y que se supone terminaría con un «no te preocupes», al final de la película. No recuerdo ahora si antes de Fresas salvajes se había tratado esta temática en el cine utilizando un viaje como telón de fondo, pero luego de este filme ha habido muchos que utilizan un viaje para que los personajes se reencuentren entre ellos o a sí mismos. Desconstruyendo a Harry, que es un homenaje de Allen a Fresas SalvajesEl Cadillac azul, Thelma y Louise, Azul y no tan rosa, Estación central, Las puertas del paraíso, La aventura y la reciente La distancia más larga son solo algunos que ahora recuerdo que acuden al recurso del viaje como catalizador de las emociones internas de los personajes. Sí, algunos viajes pueden cambiar desde algo hasta mucho en uno.


Los sueños y los recuerdos

Otro recurso muy importante en esta película lo constituyen los sueños y las remembranzas de Isak (comentados en profundidad en Cine y psicología, donde se hace un análisis del film desde la perspectiva psicológica). En el filme se deja claro que los sueños y los recuerdos empujan a Isak a confrontar y cuestionar su moral, en tanto esta se entienda como marco del comportamiento de Isak (de cualquiera de nosotros) con sus congéneres, al tiempo que lo acercan a la famosa frase del oráculo de Delfos[2]. Es relativamente fácil colegir que un cambio interno, producto de un «sismo psicológico» que se da en el interior del personaje, puede igualmente ocasionar cambios en su trato con los demás. Y es esto lo que le ocurre a Isak. Y es lo que se da en cada uno de nosotros si reflexionamos sobre lo vivido y tenemos voluntad para cambiar lo que hay que cambiar. Isak se convierte en un hombre mejor toda vez que interioriza y reflexiona sobre los mensajes que le sugieren los sueños y los recuerdos, pero también por lo que le dice Marianne y su interacción con su madre y los otros personajes de la película, que constituyen una variada muestra de diversas cosmovisiones y comportamientos posibles.

Dice el comentario de Wikipedia: «Su título en sueco, "Smultronstället", esconde una clave interpretativa que puede pasar desapercibida para el público no escandinavo. La simple traducción literal no recoge la complejidad de sentidos que tiene en la cultura sueca, donde suele decirse que "un pequeño rincón de frutillas silvestres" es un lugar, generalmente privado, que evoca sentimientos positivos y agradables para la persona en cuestión, tales como pueden serlo, por ejemplo, felicidad, tranquilidad y paz»[3]. Si esto es así, entonces nuestro doctor Isak también añora su «Rosebud», tal como Charles Foster Kane, y se reconforta evocando los recuerdos de su niñez y de su juventud para dormirse en la noche «después de un día intranquilo o tristón». Bergman, el director existencialista por excelencia, una vez más incursiona en el alma y en la mente de sus personajes para realizar un estudio sobre los problemas primordiales que son constantes en su filmografía y en la existencia del ser humano; esos problemas que podemos enunciar pero cuyas respuestas solo podemos conjeturar.

Este filme recibió algunos reconocimientos; fue uno de los predilectos de Stanley Kubrick[4] y está en la lista de 45 filmes seleccionados por el Vaticano con motivo del primer siglo del cinematógrafo, en el renglón valores[5]. Todo un Bergman.




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[1] El viaje de Estocolmo a Lund puede demorar unas 6 horas. Isak dice que tiene 14 horas para hacerlo, de manera que los hechos ajenos a la conducción del automóvil ocurrieron en unas 8 horas.
[2] «Conócete a ti mismo».
[3] Ver:
http://es.wikipedia.org/wiki/Smultronst%C3%A4llet#Comentarios, y:
http://ettsmultronstalle.wordpress.com/2011/02/07/a-definition/ (en inglés).

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Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, mayormente a través de Translate Google. Actualmente la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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