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Este blog no es de crítica especializada ni académica, solo de comentarios «al dente» de un espectador común.

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08 septiembre 2014

Casanova - Federico Fellini (1976)



El sexo sin amor es una experiencia vacía; pero como experiencia vacía es una de las mejores.
Woody Allen


Llamada tradicionalmente El Casanova de Fellini, esta película está basada en la vida del famoso seductor Giacomo Casanova, tal como este la contó en su libro autobiográfico La historia de mi vida. Tiene algunos elementos de ficción, pero quizás también los tenga la voluminosa autobiografía del amante italiano. Este filme le supuso más de un dolor de cabeza a Fellini por diversos problemas, el mayor de ellos fue el financiamiento. Sobre este célebre personaje se han realizado una veintena de filmes en diversos países del mundo.

El Casanova es un mosaico felliniano de la vida de Casanova que nos cuenta las aventuras amorosas con algunas de las 132 amantes que, según él, tuvo y otras historias que Fellini adicionó, como la de la giganta (Sandy Allen). La trama es narrada por el mismo Casanova (interpretado por Donald Shuterland) y las escenas no necesariamente están ordenadas de forma cronológica, pues utiliza el flashback. El filme es un espectáculo visual, con fastuosas y hermosas escenografías, grandiosos vestuarios e impresionantes maquillajes. Todo muy a lo Fellini, con sus voluptuosas donne y personajes pintorescos, más pertinentes al grotesco imaginario circense del director que a la vida de Casanova. Pero, aún así, parece que guarda cierto rigor histórico relativo a la vida de Casanova y a algunas usanzas de siglo XVIII en Europa, zona de influencia del aventurero veneciano. Por su escenografía y vestuario la película recibió diversos reconocimientos.




Desde el mismo comienzo de este gran fresco del exótico mundo de Fellini nos damos cuenta de la inmensa artificialidad que enmarcará la historia. Un océano de plástico; los personajes coitando vistiendo todo el pesado ropaje de la época, incluyendo el bastidor de los vestidos de las damas; y el pájaro metálico que fija el tempo del acto fornicatorio[1]. Fellini nos muestra desde el inicio la artificialidad, no de su película, pero del personaje central. Un mundo de las más insulsas apariencias, que sirven de salvoconducto para el erótico encuentro. Es el mundo vacío de Casanova: mucha gente, muchas mujeres, muchos coitos, pero al final está totalmente solo. 

El Marcello de La dolce vita (Federico Fellini, 1960) también estaba vacío, pero él estaba consciente de ese vacío existencial que lo asfixiaba y lo angustiaba; en cambio, Giacomo parece no ser conocedor del gran vacío que le rodea y que le llena internamente. Su vida transcurre en un ir y venir sin fin, con la angustia del que está buscando constantemente algo y no lo consigue, pero sin sentir la angustia ni darse cuenta del vacío que reina en su triste existencia. La escena final lo resume todo: Giacomo, ya viejo, recuerda su vida y tiene un sueño en una Venecia con el mar congelado en el que los diversos personajes, incluidos su madre y el Papa, le saludan y marchan; solo queda acompañándolo la muñeca mecánica, con la cual baila, «dos maniquíes, dos estatuas de porcelana del siglo XVIII»[2]. Al final no consiguió el amor, a pesar de haberle dedicado tanto a Eros. Una vida insípida, inodora e incolora. Una vida perdida.


Casanova es por antonomasia «hombre famoso por sus aventuras amorosas».


El film también bosqueja la sociedad de la época, con sus costumbres —muchas de ellas totalmente absurdas como el sangrado para curar a una pálida muchacha—, sus intrigas, su hipocresía, etcétera. Pero el tema principal es el estudio del personaje central y su vida.

Excelente película del gran director italiano Federico Fellini, aunque ha generado opiniones opuestas: hay quienes no la valoran y hay quienes piensan que es su segunda mejor película, después de 8-1/2.





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[1] También la voz de Casanova no es de Shuterland, es de Gigi Proietti; aunque esto no creo que responda a la artificialidad deliberada sino a los requerimientos técnicos (lingüísticos) del film.
[2] Tomado y traducido libremente del artículo en Wikipedia:
«...due manichini, due statuette di porcellana del 700

Notas sobre el filme en el sitio de la Fundación Federico Fellini (en italiano):


14 julio 2012

Satiricón – Federico Fellini (1969)




La rígida virtud no dobla el cuello
ante el vicio triunfante
de El Satiricón de Petronio


Dicen que Charada (Stanley Donen, 1963) fue la película de Alfred Hitchcock que Hitchcock nunca hizo. Pues pienso que Satyricon, también llamada Fellini Satyricon, fue la película de Pier Paolo Pasolini que Pasolini nunca hizo. Claro, tiene el sello personal de Fellini. Satiricón es un gran fresco que el insigne director italiano pintó sobre el comportamiento libertino de la Roma del siglo I d.C., basado en El Satiricón de Petronio. Sangre, homosexualismo explícito, violencia, sexo, prostitución, gula, y toda clase de excesos figuran en esta película de corte teatral, con personajes deliberadamente sobreactuados. También emergen signos circenses, con los que Fellini siempre coqueteó. Hay personajes que son convidados de piedra, casi en sentido literal, pues ni siquiera pestañean, que son muy fellinianos. Los jóvenes bien parecidos, diría yo, son un toque más pasoliniano que felliniano. La escenografía es minimalista-surrealista, y el maquillaje es, en algunos personajes, exagerado. Estos elementos le imprimen una gran belleza formal al filme. Pero todos los excesos referidos son deliberados, para explicitar -sin que quede ninguna duda- los excesos que se pretenden criticar de la vieja Roma. Fellini quiere mostrar la banalidad, la superficialidad, la lujuria y los vicios de la hedonista vida de los poderosos de la época, y de quienes los rodeaban. Tal parece que eran las necesidades primarias del ser humano (fisiológicas) las que prevalecían, a pesar de tener poetas y filósofos en la corte, los cuales estaban presentes más por una falsa máscara de pretender una trascendencia y un gusto exquisito, que por sentir la necesidad real de elevar el espíritu.




Fellini no se preocupa, en esta cinta, de contarnos una historia hilada, sino de mostrarnos lo que Petronio dejó sentado en su obra sobre la simiente de la decadencia del Imperio Romano, cuando Emperadores del talante de Calígula o Nerón gobernaban. Pero, aparte de la importancia histórica, que tiene secuela en el tiempo, Fellini no deja de reflexionar sobre los tiempos que corren, e invita al espectador a que establezca similitudes de comportamiento entre ambas épocas. Es una de sus películas más críticas, con excepción de las de su denominada etapa neorrealista. Fellini, como todo intelectual, trata de entender el presente desde el pasado, a sabiendas de que puede haber cierta relación del tipo causa-efecto, o de que puede haber patrones de conducta que reinciden históricamente en las sociedades.




Pero ¿qué es lo que pretende Fellini con este film? No creo yo que la Italia de finales de los 60’s estuviese pasando por algo similar a lo que cuenta Satiricón, pero sí hubo cambios radicales en esa década. La década de los 60’s fue una de las más importantes del siglo XX. El advenimiento de la píldora anticonceptiva y la consecuente “liberación sexual”, el movimiento hippy, las revueltas de los jóvenes en todo el mundo (el mayo francés o las protestas en las Universidades de Estados Unidos, por ejemplo), las novedosas telecomunicaciones que permitían informarse al momento de cualquier acontecimiento de alguna relevancia histórica, cultural o social, son algunos de los cambios que sembró la década de los sesenta. Los sectores conservadores de la sociedad veían con ojos entre escépticos y escandalizados todos estos cambios, que les hacían prever una decadencia súbita de la sociedad occidental. Esa interpretación de los conservadores quedó registrada en obras de arte, libros, periódicos, filmes, y programas radiales y televisivos. Quizás El Satiricón sea el grito de alerta de Fellini. Por supuesto que es una interpretación personal, como todo comentario que no venga del realizador de la película.




Una gran producción cinematográfica que todo admirador de la filmografía del maestro de Rímini debe ver (también los admiradores del cine de Pasolini). 


31 enero 2012

La dolce vita – Federico Fellini (1960)


Imagen del póster en IMDb.


La vacuidad de la existencia


Conociendo la obra global de un realizador no es lo mismo que conocer una sola obra individual. Es el caso que nos ocupa. 8-1/2 fue una película posterior a La Dolce Vita. Sabiendo esto, nos damos cuenta de que una es consecuencia de la otra. Si en 8-1/2 Fellini nos relata la falta de inspiración de un director de cine (y ese estado resultó ser algo autobiográfico), en La Dolce Vita nos muestra a un periodista, de nombre Marcello (interpretado por el gran actor italiano Marcello Mastroianni), que ve pasar su vida vacía sin poder llenarla con algo sustancial. Tan vacía y superficial es su vida como lo son las banales actividades periodísticas: frívolos sucesos que tiene que cubrir para el diario, o las tertulias y fiestas con la aburrida burguesía. Desde afuera se ven como actividades propias de la “dulce vida” alrededor de –a la postre- famosa Via Veneto, pero el personaje que las vive está derrumbándose por dentro. Incluso sus intentos como escritor son fatuos y estériles, pues no consigue escribir, pese a que ello podría significar el salir del vacío existencial. Ve en su amigo Steiner (Alain Cuny), un sosegado intelectual que está satisfecho con la vida, con los pies en la tierra, que sabe cómo alternar su rol de amoroso padre de familia con su vida intelectual, un ejemplo a seguir o, por lo menos, un amigo al que pedirle guía y consejo. Pero un día Steiner asesina a sus dos hijos y se suicida. Se ha caído el referente, ahora todo tiene menos sentido que antes. También, según algunos comentaristas, se hace alusión al tema de la incomunicación. La incomunicación es consecuencia del vacío que rodea al Ser, de la nada que lo envuelve y lo aísla. Ésta es una posible exégesis.





Imágenes tomadas de IMDb.


La historia de un pedazo de la vida de Marcello consiste en diversos eventos. El primero es la visita de una actriz extranjera muy hermosa, de nombre Silvia (interpretada por Anita Ekberg), y que da ocasión de una de las más célebres escenas del mundo felliniano: Silvia bañándose en la Fontana de Trevi a medianoche, clamando por Marcello, quien no logra siquiera tocarla a pesar de su sensualidad. Eso no le exime de una golpiza que le da la pareja de Silvia. El siguiente es la cobertura de la aparición de la Virgen a dos niños en las afueras de Roma. Resultó ser un fiasco, y solo se trataba de una treta para obtener dinero con los visitantes al supuesto sitio sagrado. Otro evento es la visita de su padre, quien quiere salir con una mujer, pero su salud le impide llegar muy lejos con ella. También hay fiestas de la burguesía en las que el aburrimiento es el gran convidado. En la última de ellas Marcello, pasado de tragos, hace estragos e inventa juegos libidinosos. Los personajes, al salir de esta fiesta, se dirigen a una playa en donde unos pescadores recogen una raya que tiene días muerta. Son unas excelentes escenas finales. Una joven mesonera le pregunta, desde lejos y con señales, como va el libro (antes lo había visto escribiendo), pero Marcello no logra comprender y le indica que no le oye (la incomunicación). Él se retira, luego de mostrar, con un ademán, su desinterés e incapacidad para "dialogar", y el film termina.


En la escena final. Imagen tomada de IMDb.


M. Mastroianni, A. Aimée y P. P. Pasolini.
Imagen tomada de IMDb.


Esta extraordinaria película de Federico Fellini (Fefe), es más universal que 8-1/2. Quizás sea la más universal de sus películas y, de seguro, la más existencialista. Uno puede visualizar el Dasein de Heidegger: el individuo arrojado en el mundo, a su suerte, solo siendo, rodeado de una nada nada regocijante, de un vacío que le vela al resto de los seres. Es el aislamiento del hombre postmoderno. Solo somos o estamos siendo, pero no estamos con el otro, y menos somos con el otro. Con la globalización, ese aislamiento se ha acentuado. Las personas ahora estamos más comunicadas, pero también más aisladas. Estamos más comunicadas, pero no somos más comunicadas. Como ejemplo, uno puede observar grupos de personas o parejas que están en la calle, o en un restaurante, obedeciendo a un artefacto minúsculo en el que teclean mensajes, la mayoría de ellos insustanciales y escritos en lenguaje icónico, a veces ininteligible. Cada quien con su artefacto, pero no hay interacción entre los portadores de artefactos. Es la soledad globalizada, el aislamiento globalizado. Todavía es muy temprano para sentenciar que es malo o bueno, pero no parece que enriqueciera la verdadera comunicación de persona a persona en estado presente.


El padre de Guido. Imagen tomada de IMDb.


Ahora es más fácil de entender el origen de 8-1/2. Puede ser que La Dolce Vita también tenga algo de autobiográfico. El maestro de Rímini sentía un vacío que, ineludiblemente, lo llevó a la falta de inspiración. Es la secuencia lógica entre estos dos filmes, entre los más significativos y relevantes de su prolífica filmografía. Estamos ante una obra maestra de Federico Fellini. No deja de ser actual, profunda y universal. Es, de entre todas sus películas, la que mejor refleja el concepto que de él mismo tenía: “soy un artesano que no tiene nada que decir, pero sabe cómo decirlo”. La Dolce Vita parece no decir nada, ¡pero cómo lo dice!


18 octubre 2011

Amarcord – Federico Fellini (1973)



Solo soy un artesano que no tiene nada que decir, pero sabe cómo decirlo.
F. Fellini

Recordar con amor


Estando en Italia, en el 2006, tuve la oportunidad de ver por TV una entrevista a un crítico de cine, en la que le preguntaron ¿por qué no tenemos un Fellini? La –lógica- respuesta fue que no nace un Fellini todos los días. Los italianos tendrán que esperar. Federico Fellini ha sido, sin duda, uno de los más altos representantes de la prolífica y excelente cinematografía italiana, si no el más alto. Hay todo un portafolio de directores icónicos en el cine italiano: Fellini, Visconti, Rossellini, DeSica, Bertolucci, Antonioni, Pasolini, Benigni, Scola, Leone, Zefirelli, y pare usted de contar; aparte de los cineastas que tienen “pedigrí” italiano, que son norteamericanos: Scorsese, Coppola, De Palma, Tarantino, etc. De ellos, Fellini es el maestro del onirismo, de la nostalgia por su pasado en Rímini, que parece que tanto lo marcó, para bien del cinema. Si hubiera que escoger una tríada que representara el cine italiano, muy probablemente ésta estaría conformada por Fellini, Sofía Loren y Marcello Mastroianni. Usted diseñe su propia tríada, pero seguro que Fellini va en ella.


Federico Fellini, Marcello Mastroianni y Sofía Loren


Dentro de la filmografía felliniana, Amarcord destaca por la sencillez de su lenguaje cinematográfico, por su belleza plástica y por la forma de contar un pasado nostálgico, un tanto bucólico, recordado con cariño. Haciendo caso de su frase –que encabeza este comentario-, Amarcord no dice nada desde el punto de vista de la reflexión filosófica de corte académico, no tiene la sátira del Satyricon o del Casanova, tampoco los problemas existenciales de 8-1/2, La Strada o de Julieta de los espíritus; pero es un poema de película, un canto a la vida, que nos lleva a la Italia de preguerra, a un pueblo no exento de esos personajes folclóricos que hay en todo pueblo, y nos envuelve en el ejercicio que Fellini hace para retrotraerse a aquellos tiempos: una Italia pueblerina, inocente, mítica, en las fauces del Duce, pero con el respaldo de un glorioso pasado, representado por un Imperio de los más grandes e importantes que hayan florecido a lo largo de la Historia. Con una diégesis impecable, como en muchas de sus realizaciones, nos pasea por ese mundo, guiándonos con la voz de un alegre narrador, que podría ser el propio Fellini, y nos hace recordar nuestra propia infancia, aunque fuese en un ambiente muy distinto, travesuras infantiles incluidas. No hay que olvidarse de la excelente música de Nino Rota, común en muchos filmes de Fellini, y que le imprime una fuerte carga emocional y sentimental a esta historia.




El recuerdo en Amarcord es feliz, agradecido y, muchas veces, gracioso. Es la película que expresa, por excelencia, la forma en que los italianos ven la vida. A pesar del pesimismo de postguerra que selló al neorrealismo italiano, ellos en realidad aman la vida, y saben que el propósito de ella no es más que deslizarse por los acontecimientos con el mayor optimismo y regocijo del que uno pueda hacer prenda. A pesar de que haya vicisitudes, gritos, momentos duros, nostalgia, peleas, tristeza y malinconia, a la final se trata de vivir la vida, de disfrutarla, tenga ésta sentido o no. Viva la vida, como tituló Frida Kahlo su último cuadro...





05 enero 2011

8-½ - Federico Fellini (1963)



¿Cómo se puede filmar el pensamiento de un hombre, su imaginación, sus sueños?
Pregunta que se hacía Fellini


8-½ es, sin duda alguna, la mejor película que se ha rodado en el subgénero que podríamos denominar “el cine visto por el cine” o “el cine en el cine”. Es considerada, asimismo, una de las mejores películas jamás realizadas e, invariablemente, figura en la lista de las mejores 10 películas de todos los tiempos. Federico Fellini, uno de los mejores cineastas que ha dado a luz la Humanidad, proyecta en este film la misma problemática que le asediaba para rodarlo; motivo por el que este film es, ciertamente, algo autobiográfico. Esto ha sido desmentido y afirmado en diversas ocasiones por el propio Fellini. En esta historia, un director de cine está bloqueado creativamente, y no logra discernir la trama de su próxima película. Lo acosan el productor, los actores, la prensa, los amigos, todos los de su entorno, a objeto de conocer de qué tratará la próxima película que Guido, representado por el gran actor Marcello Mastroianni, planea hacer. El acoso no es solo exógeno, pues también los fantasmas del pasado y los personajes oníricos lo persiguen internamente. Al final, Guido se dará cuenta de que la mejor trama para su próximo proyecto cinematográfico es justamente describir los tormentos por los que pasa un director cinematográfico (vale decir un artista) cuando las musas lo abandonan. Eso es, precisamente, el proceso por el cual Fellini mismo está transitando. Fellini, el gran director del onirismo, se hacía, en aquel entonces, la pregunta: “¿cómo se puede filmar el pensamiento de un hombre, su imaginación, sus sueños?[1] ¡Vaya si la contestó!






Desde el punto de vista formal, la película está muy bien realizada, la fotografía es convenientemente en blanco y negro, el vestuario recibió un Óscar en 1964, la excelente música es de Nino Rota, el invariable músico de muchas de las películas de Fellini. Obtuvo, en 1964, el Óscar a la mejor película extranjera. También recibió otros premios tanto nacionales (italianos) como extranjeros. Suele figurar entre los primeros films de las listas de las 10 mejores películas del cinema y su director Fellini como uno de los 10 mejores directores de cine. Por cierto que tanto la película como el director están mejor clasificados en la lista elaborada por los directores de cine que en la elaborada por los críticos; quizás porque los directores conocen de primera mano los intríngulis de la actividad creativa, mientras que la actividad de los críticos es más sencilla, y puede ser que éstos no comprendan a fondo aquello. Destacan las actuaciones del icónico actor italiano Marcello Mastroianni, la bellísima Claudia Cardinale y la francesa Anouk Aimée (célebre por la película Un hombre y una mujer, de Claude Lelouch). Algunas escenas de antología de esta joya son: la escena inicial (un sueño) en la que Guido sale del túnel flotando y se eleva para luego caer; la escena en el spa de aguas termales en la que Claudia (personaje de Claudia Cardinale) se le aparece intermitentemente; la escena de la Saraghina (recuerdo de infancia); la memorable escena en la que Guido está en una casa familiar (donde él se crió) con todas las mujeres –vivas o muertas- que han significado algo en su vida, él es amo y señor de ellas, y es mimado y afrontado por éstas, mientras bulle un torbellino juglaresco que se convierte en el numen de Guido; y la escena final, también memorable, en la que se reúnen todos los personajes, reales y ficticios, que decantan cual risas en un circo, las ideas finales de nuestro ahora inspirado director cinematográfico. El director está dentro de la película, pero también está fuera: es el actor central y es el director de la historia. En 8-½ el personaje central, Guido, logra inspirarse para hacer su película justamente cuando ésta termina, y se da cuenta de que la película ya resultó hecha. Si hay algo de autobiografía, entonces Fellini también se da cuenta de ello. Una suerte de agujero negro narrativo, pleno de onirismo poético.




Fellini no deja de plantear una sátira irónica en este film. La burla, si podemos llamarla tal, trata sobre lo engorroso e íntimo del proceso creativo, la intelectualidad académica en la que se desarrolla, la complejidad que está presente en todo el proceso. Finalmente, envuelve al mismo Fellini. En debate permanente con los recuerdos, con los sueños, éstos recobran, finalmente, su papel en el Hombre, en lo que Él es y, por ende, en lo que Él hará: es la idea de que somos la suma de nuestra historia como personas, y de ello depende lo que pensamos y lo que hacemos en el presente. La intelectualidad académica está claramente representada en el crítico de arte del cual, en diversas escenas, brota una suerte de verborrea sobre el arte y las implicaciones trascendentales de los elementos que lo conforman, con carácter taxativo, dogmático, pero con más preguntas que respuestas, muchas veces minimizando el cine respecto a otras artes. Ignoro si esta parte del guión fue una broma del autor, pero se puede entender como una burla a los críticos de arte. Guido no parece tomar en serio ninguna de las observaciones de este crítico. Hay, a lo largo del film muchos diálogos de gran profundidad reflexiva, y frases de colección. De ellas, me quedo con una corta que dice Guido en un paréntesis del jolgorio con sus mujeres, en la sobremesa: “…la felicidad consiste en poder decir la verdad sin herir a nadie[2]. Acto seguido, una de ellas comienza a tocar un arpa y luego le sucede un fundido a negro. Fellini tuvo esa libertad al hacer esta película, una de las obras cumbres del séptimo arte. La libertad de reflexionar, al mismo tiempo de reírse de sí mismo y del mundo cinematográfico; y la libertad de dejarnos a nosotros, su público, esas reflexiones y esas risas.

Constituye -pienso yo- junto con La dulce vida, Satyricon, Amarcord y Casanova, lo más representativo de Fellini; sin que desmerezcan otras de sus cintas como La strada, Giulietta de los espíritus, Las noches de Cabiria, La ciudad de las mujeres,… Gracias Federico por universalizar tus alegres y nostálgicos recuerdos de infancia en Rímini, tus sueños, y dejarlos como Patrimonio de la Humanidad en una filmografía inmortal.

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Trivia: Las primeras proyecciones de la película presentaban escenas con tonalidades sepia o azul (dependiendo de la copia), para diferenciar que las mismas se trataba de imaginaciones o sueños de Guido[3], mientras que el blanco y negro era la historia "real". Las restauraciones posteriores obviaron esa distinción.


Escena inicial


Escena de la Saraghina


Escena de Guido con sus mujeres, a veces llamada “escena del harén”


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[1] Traducción libre del texto que figura en http://it.wikipedia.org/wiki/Otto_e_mezzo
[2] Traducción libre de “Mie care, la felicità consiste nel poter dire la verità senza far mai soffrire nessuno”, que figura en http://it.wikiquote.org/wiki/8%C2%BD
[3] Tomado de http://it.wikipedia.org/wiki/8_%C2%BD


Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, la mayoría a través de Translate Google. Ahora la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

Las 10 + proyectadas