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Este blog no es de crítica especializada ni académica, solo de comentarios «al dente» de un espectador común.

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Algunos comentarios hacen referencia a momentos claves del argumento o al desenlace de este (destripe, spoilers).
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01 marzo 2013

Habana Eva – Fina Torres (2010)



Tin marín don piringüé,...


Eva (personaje a cargo de la joven y bella actriz Pakriti Maduro) es una alienada cubana, que trabaja como costurera en una fábrica de ropa en La Habana, pero quisiera ser diseñadora, y tener su propio atelier. Es novia de Ángel (Carlos Enrique Almirante), arquitecto, quien está construyendo un cuarto en la casa de la familia de Eva para que ambos puedan vivir privadamente. Eva conoce a Jorge (Juan Carlos García), un venezolano adinerado que va a Cuba para hacer negocios (rescatar inmuebles de su familia), y se enamora de él. Eva cae en una dicotomía y debe escoger entre Ángel y Jorge. A la postre le hace caso a su amiga Teresa (Yuliet Cruz) para solucionar esa dualidad. Logra, asimismo, abrir un café al aire libre (deseo de las tías de Jorge) con su respectiva exposición de los modelos de vestidos que ella diseña; esto en la casa de la familia de Jorge, donde viven las tías.

Una interesante película de nuestra cineasta Fina Torres, directora de Oriana (1985), que cuenta una historia romántica y de emancipación de una joven, que desea hacer cosas y no limitarse a coser los mismos feos vestidos todos los días. El romance con dos hombres de mundos opuestos, ambos con virtudes y ambos con defectos, es la encrucijada emocional en la que Eva se encuentra. También se le plantea una oportunidad para su actividad laboral, como es la posibilidad de emerger de manera independiente, con su creatividad y ganas de trabajar como único capital. Le ayudará a recorrer este ignoto camino su amiga liberal Teresa, abogada que ejerce como meretriz. Con ella, Eva descubrirá la vida licenciosa y discutirá sobre su futuro. Teresa le ayuda incluso desde ultratumba, hecho que podría encajar como elemento de realismo mágico.

Esta es la lectura digamos más humana, más sicológica, que corresponde al personaje Eva y su entorno. Pero también puede haber una lectura política. Si la única propuesta fuese el romance dual, no necesitaría que fuese en mundos tan distintos (...aunque cada vez se parecen más). La acción se desarrolla en Cuba por el tratamiento de la emancipación económica de Eva, y por la lectura política que puede tener la trama de la película.

La misma encrucijada de Eva la viven muchas personas y países enteros. ¿Es el alienante modelo cubano el mejor para vivir, o es el del inhumano capitalismo salvaje? Esa es la pregunta a la que Havana Eva (1) le da una posible respuesta, dejando para el espectador la discusión de otras soluciones más elaboradas. Constituyen ambos modelos dos formas distintas de ver la vida, casi antagónicas. Liberalismo versus comunitarismo. ¿Es posible que ambos modelos tengan virtudes que, unidas, constituirían un modelo mejor que ambos? Esta reflexión es válida, toda vez que uno disienta de ambos modelos. El sabio medio aristotélico nos viene a la mente una vez más (2).

Pakriti Maduro

Injustamente calificada en IMDb (6,3/10 al momento de escribir esta nota), Habana Eva es una excelente película, que plantea un tema muy serio e importante, con un lenguaje cinematográfico bien elaborado y accesible, y muy pertinente para lo que ocurre actualmente en Venezuela, país de Fina Torres. Técnicamente está muy bien hecha, destacando la actuación de Pakriti Maduro y la dirección de Fina Torres. Recibió el premio de mejor película internacional en el Festival Internacional de Cine Latino de Nueva York en 2010.


El famoso cuadro de Eugène Delacroix, La libertad guiando al pueblo.

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(1) El título de la película en el film es Havana Eva, mientras que en el póster y en diversos sitios web figura Habana Eva. Havana es en inglés. (¿y la v corresponde a Venezuela y a Eva?). Quizás fue intencional esta dualidad adicional.

(2) Ciertamente que la vida miserable que parecen vivir los cubanos no es el anhelo de la mayoría de la gente, tal como lo asevera Carlos Alberto Montaner en su libro No perdamos también el siglo XXI (digo, a nivel mundial, pues en Venezuela hoy en día parece que la mayoría prefiere ese modelo). Es un sistema totalitario, en el que el individuo está sometido a una despótica oligarquía que le castra sus derechos más elementales, y le pone techo a la ambición de las personas. Casi les quita su identidad y, por supuesto, toda su autonomía y su autarquía. La caída de la Cortina de Hierro demostró que ese modelo es inoperante. Los habitantes de esos países resultaron ser unos flojos, porque estaban mantenidos por un estado-padre. Esa situación, en la que el que trabajaba mucho ganaba casi lo mismo que el que no trabajaba nada, motivó a que la gente no trabajara ni tuviese ambiciones, ya que tenía la comida mínima y los servicios más básicos asegurados, mientras no disintieran del régimen. Eso es lo que se está gestando en Venezuela actualmente. Si algo bueno podría uno imaginar de un régimen como el cubano (parásito de los rusos antes y de Venezuela hoy), sería que la gente aprende a vivir sin el amor desproporcionado por los objetos materiales, tal como parece ocurrir en la sociedad estadounidense y muchas sociedades europeas. Hay que acotar que es el pueblo el que aprende, no la oligarquía que gobierna, que lo tiene todo.

Por otra parte, el capitalismo salvaje (ya lo denunció hace años el Papa Juan Pablo II, y otros antes que él) es también un sistema alienante, que lleva al individuo a vivir para trabajar, y nunca a trabajar para vivir. Es la selva en la que el hombre es lobo del hombre, en el que los inmorales sacan provecho de las fisuras del sistema jurídico (o lo violan completamente) y obtienen beneficios personales mientras que las posibilidades de la mayoría se cercenan. Es la inoculación del amor exacerbado por los bienes materiales, el cambio de los medios por los fines, como lo señalara Horkheimer, si no mal recuerdo. Claro, es el menos malo de ambos sistemas, pues en él, como individuo, puedo escoger ser pobre, incluso indigente, u optar por mejorar mi situación (dentro de ciertas limitaciones que me impone el sistema). Pero esa es mi elección, no es una imposición que deba ser pobre porque "ser pobre es bueno" y es el líder el que desea y ordena que yo sea pobre. Pero este sistema es algo inhumano, y hay quienes -argumentadamente- sostienen que es insostenible (valga el juego de palabras).

¿Entonces? La respuesta ha sido buscada con ansias por los humanos. Se quiere un sistema que, siendo humano, es decir justo, provea libertad e igualdad de acceso a las oportunidades para todos. Curiosamente parecido a las tres premisas de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad y Fraternidad. En un sistema totalitario eso es taxativamente imposible, de manera que hay que buscarlo en un sistema democrático o similar. Puede parecer una utopía, pero el Hombre siempre anda detrás de cosas mejores que las que tiene. Ese espíritu es el que le ha hecho llegar hasta donde ha llegado. Eva es esa humanidad que busca lo mejor para sí.


07 enero 2012

Oriana – Fina Torres (1985)




Dejemos las cosas del pasado en el pasado


Hacia el final de la “época de oro” del cine venezolano, irrumpe desde el exterior esta cinta aclamada en diversos festivales internacionales. De la mano de Fina Torres se nos presenta esta película de excepción dentro de la historia cinematográfica venezolana. Constituye, junto con Araya, de Margot Benacerraf, las dos películas venezolanas más acabadas y más premiadas. Quizás no las más vistas por el público, pero son las mejores. Oriana solo la he visto dos veces: en su estreno en cine en 1985, y recientemente para escribir estas notas. Luego de 26 años, ha sido todo un placer volver a degustar esta hermosa película, pobremente calificada en IMDb. El hilo narrativo es lineal, pero se presenta en cuatro tiempos, tres de ellos en analepsis (Oriana niña, adolescente, adulta y ya fallecida). Cada uno hace aparición según se requiera, de acuerdo a los recuerdos de personajes, a objeto de que el espectador reconstruya la historia paso a paso, hasta el sorprendente final.




María (interpretada por Daniela Silverio), sobrina de Oriana (personaje interpretado por Hanna Caminos en la niñez, Claudia Venturini en la adolescencia, y por la inolvidable y hermosa Doris Wells en la madurez), viaja desde Francia para vender la hacienda que ha heredado de su tía. María había visitado a su tía unos diez años antes, siendo adolescente (y Oriana adulta). A medida que María recorre la derruida casa, recuerda pasajes de cuando estuvo de visita. Durante el desarrollo de la historia, se presentan escenas de cuando Oriana era niña, de cuando era adolescente y de la visita de María a la Oriana adulta. Al final del recorrido, intentando hacer el inventario de las pocas cosas servibles que aún quedan, María (al igual que el espectador) se da cuenta de la historia que está detrás de las oscuras frases y respuestas de su tía y de la empleada Fidelia (Mirtha Borges), y resuelve no vender la hacienda... porque tiene lo que se podría llamar un dueño natural. Oriana fue víctima de la férrea moral victoriana de su padre, y su amor por su contemporáneo Sergio, criado desde niño en la hacienda, dio paso a su triste vida posterior.


La hermosa Doris Wells

La también hermosa Claudia Venturini

La película tiene una escenografía espectacular, obra de Asdrúbal Meléndez, quien también actúa en la película. Todas las interpretaciones son excelentes. La ambientación, la fotografía y el vestuario fueron muy cuidados, prácticamente impecables, y evocan los principios del s. XX, época que imaginamos, pero no conocimos. El papel de Rafael Briceño, como el padre tiránico, le sienta como anillo al dedo, pues este actor ya había interpretado al general Juan Vicente Gómez, personaje similar. La cadencia temporal del film permite que la película sea “saboreada” mientras se la ve.

Solo resta por comentar la moral victoriana de principios del siglo pasado y que tenía preceptos morales basados en creencias y mitos, como el de la raza o el de la condición socioeconómica. Muchos de esos mitos ya estaban superados en los círculos más cultos de las grandes ciudades, pero tardó prácticamente generaciones en llegar a los pueblos del interior de Venezuela. Esa moral, enclavada en lo que se llama la modernidad, arrastraba algunas creencias tan antiguas como el Medioevo, y fue desplazada por la postmodernidad, hasta la aparición de la globalización o transmodernidad. Pese a todo ello, aún hoy perduran algunos elementos medievales en nuestra cultura (cultura de refranes o prejuicios raciales), mezclados con algunos transmodernos (unión legal, mal llamado matrimonio, entre homosexuales).




Ficha técnica: Imagen: Jean-Claude Larrieu, Montaje: Christiane Lack, Escenografía: Asdrúbal Meléndez, Concepto de vestuario y ambientación: Fina Torres, Guión: Fina Torres (inspirado en un cuento de Marvel Moreno), Co-guionista: Antoine Lacomblez, Música original: Eduardo Marturet, Música complementaria: Fauré, Beethoven, Bach.

Una crítica interesante sobre esta película está en este enlace.


Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, la mayoría a través de Translate Google. Ahora la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

Las 10 + proyectadas