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Este blog no es de crítica especializada ni académica, solo de comentarios «al dente» de un espectador común.

Advertencia: destripe.

Algunos comentarios hacen referencia a momentos claves del argumento o al desenlace de este (destripe, spoilers).
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18 abril 2011

Titanic – James Cameron (1997)


Imagen del póster en IMDb.

El precio de la arrogancia humana


El versátil y exitoso director canadiense James Cameron, realizador de famosas películas como Terminator I y II, Avatar, Mentiras verdaderas, El secreto del abismo, entre otras, es el responsable de este monumental film, cuyo aspecto formal es impecable: excelentes vestuarios, decorados, dirección artística, edición, fotografía, banda sonora, efectos especiales, amén de unas legendarias interpretaciones tanto de Leonardo Di Caprio como de la hermosa Kate Winslet. Una narración a medio camino entre la especulación y los hechos reales relativos al naufragio del célebre trasatlántico Titanic, ocurrido el 14 de abril de 1914, transcurre paralela a la historia de amor entre dos jóvenes de distintas clases sociales. La historia de amor es abruptamente interrumpida, al igual que el futuro de la nave, por el desafortunado hundimiento de ésta. Hundimiento que es consecuencia de múltiples factores y que nos muestra, una vez más, que no podemos hacer nada contra la naturaleza, y que nuestra torpeza puede llegar a ser catastrófica y, cuando se suma la arrogancia, irónica.

Muchas son las escenas de antología en esta cinta, y entre ellas recordamos las eróticas escenas en la que Jack (Di Caprio) pinta a una Rose (Winslet) en pose de Maja, y la que ocurre en la bodega del barco, dentro del automóvil, en la que la pareja se entrega, de manera delirante, al acto del amor carnal respaldado por el amor espiritual. Lo máximo. Escenas estas en las que el distingo social se ve desvanecido por el sentimiento del amor. Los jóvenes, probablemente, hubiesen continuado su romance toda vez que llegaran a Nueva York, pero el destino decidió algo distinto por ellos.





Una escena que llama a reflexión es aquella en donde la tripulación del barco le niega la posibilidad de subir a la cubierta a todos los pasajeros de las clases inferiores. Es indignante ver como un mandato se convierte en una aberración que ocasiona la muerte de inocentes. Si ocurrió o no es irrelevante: sabemos que pudo haber ocurrido, y que han ocurrido cosas peores en lo que concierne a las diferencias sociales. Estoy curioso por conocer qué hubiese pensado Immanuel Kant al respecto. Pero ello no es posible saberlo, solo especularlo.

En cuanto al aspecto técnico referente al hundimiento en sí, así como a los detallados escenarios, Cameron sorprendió con la exactitud de rigor de un cineasta de alto calibre, y haciendo de esta versión del hundimiento del Titanic la mejor película que sobre este tema se haya rodado, y una de las 3 más premiadas películas en el certamen del Óscar, conquistando 11 premios (al igual que El Señor de los Anillos: el retorno del Rey y Ben-Hur) y la más nominada en la historia del Óscar: en 14 categorías. James Cameron, de esta forma, ingresa en el Hall de la fama de los grandes directores.

Desde el punto de vista de una propuesta filosófica, nos ofrece lo ya comentado en relación a la diferencia de clases y a la arrogancia humana que, en muchas ocasiones, raya con la que tendría -justificadamente- una divinidad. Constituye una magnífica película, todo un gran espectáculo que gusta a todo público y cuya diégesis es grandiosa. Es una gran película que no cansa volverla a ver varias veces.

PS: Meses después de este post, parece injusto decir que no tiene más nada de lo que se dijo en el post. La titánica tarea de hacer esta película, los preparativos de investigación en relación a los restos del Titanic que llevó a cabo Cameron, son más que loables. En su reciente programa (por History Channel) conmemorativo de los 100 años del naufragio, se comentó los intríngulis de dicha investigación. La película ofrece un homenaje a aquellos que murieron en tan desafortunado accidente, y las investigaciones de Cameron por entender las razones que llevaron al fondo del mar al trasatlántico inhundible. Es un homenaje que da cuenta de las personajes involucradas y de un misterio que aún permanece vivo. Como se diría en el argot coloquial, es "un peliculón".

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Nota: Este artículo ha sido reescrito el 12/04/12.


27 diciembre 2009

Avatar - James Cameron (2009)



La transculturación interplanetaria


El exitoso cineasta canadiense James Cameron (Terminator I y II, Titanic, El secreto del abismo, Mentiras verdaderas, entre otras) ha sido el escritor, productor y director de este su más reciente y costoso film. Avatar, en el marco hinduista, significa algo así como “encarnación” de una deidad, su descenso al mundo mortal. Precisamente eso es lo que hace el protagonista para contactar con el mundo exterior, que le está vedado a su cuerpo humano por las condiciones ambientales del satélite Pandora, donde se desarrolla la acción. El soldado Jake, cual caballo de Troya, se camufla en el campo enemigo con un objetivo militar pero, gracias al amor y a la transculturación, se integra a la sociedad en la que se infiltró, tal como le ocurrió al teniente Dunbar, de Danza con lobos. Esta incursión sucede en forma similar a la de Eno en Matrix: desde el mundo real, a través de una alquimia de alta tecnología, el personaje transita bidireccionalmente de un mundo real hacia otro mundo que se puede considerar también real. La diferencia entre ambas realidades es prácticamente inexistente.

Colonización, transculturización, crisis de identidad, justicia y derechos de los seres vivos (por no poder llamarlos “derechos humanos”), bioética, son temas expuestos en esta película digital, ganadora ya de varios premios y nominada para muchos otros. Una vez más, la ciencia-ficción nos presenta la violencia de la colonización, aunque en esta ocasión nosotros somos los colonizadores. Las sospechas del físico Stephen Hawking nuevamente en la pantalla: no podemos pensar que unos extraterrestres de nivel superior vengan a visitarnos amistosamente, a enseñarnos tecnología, a contestar las interrogantes que tenemos en relación con el cosmos; bien podrían venir a colonizarnos de forma violenta, tal como hemos hecho nosotros aquí en la Tierra entre nosotros mismos. No es la primicia en cine, pues hay una larga lista de películas que lo han planteado previamente (Día de independencia y La guerra de los mundos son dos ejemplos recientes). La colonización violenta hoy la vemos como cualquier otra actividad violenta: con repulsión, respuesta por la que también toma partido Avatar. La transculturación, en cambio, es una oportunidad de enriquecimiento en la mayoría de los casos. La integración del intruso en la cultura que lo circunda se evidencia en la emigración, cuando el emigrante logra identificarse con la esencia de la cultura huésped, pero en nuestros personajes se acentúa por la fuerza de un lazo aún mayor: el amor. En ambos casos, los protagonistas (el teniente Dunbar y el soldado Jake) logran deslastrarse de la parcialidad que tenían al comienzo de sus misiones, de manera que pueden juzgar mejor los acontecimientos y sentir la injusticia que se perpetra. Si bien no podemos pretender que todos amemos a todos los demás, tampoco se puede pensar que la injusticia, el irrespeto por los derechos del otro (siendo aquí el “otro” cualquier organismo vivo), el ventajismo por superioridad de fuerza o de intelecto, se puedan erradicar con actos hostiles sino todo lo contrario. Ese parece ser el mensaje subyacente de esta cinta.

No hay que pasar por alto otro mensaje importante y muy pertinente: el relativo a la bioética. El voraz colonizador impasiblemente destruye todo a su paso para conseguir el trofeo producto de la aniquilación de una exótica biosfera conectada de manera sináptica, al mejor estilo de Gaia. La irracionalidad llevada al extremo, actitud también vituperada por Avatar. Muy relevante esta triste reflexión, máxime cuando recientemente ha fracasado -una vez más- la crucial reunión sobre el impacto ambiental en Copenhague.

Técnicamente es una película innovadora, que empleó medios novedosos para el rodaje: realizada en versiones 2D (desafortunadamente la proyectada aquí) y 3D (IMAX 3D, que imagino debe ser soberbia). Empleó unos 8 actores humanos para generar los homólogos digitales de los roles principales, siendo los demás aborígenes de Pandora generados por computadora, así como todos los exteriores. La técnica para la versión en 3D fue la denominada Reality Camera System (Sistema de cámara real) que consiste en el uso de 2 cámaras de alta definición ligeramente separadas, funcionando sincrónicamente en una misma ubicación, a objeto de generar la profundidad de campo real en 3D, tal como vemos los humanos.

Podemos discrepar o no del crítico Roger Ebert en cuanto a calificarla de “extraordinaria” pero, en cualquier caso, es un film de gran belleza formal, técnicamente impecable e innovador, y un entretenido espectáculo cinematográfico con moraleja incluida. No deje de verla.


Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, la mayoría a través de Translate Google. Ahora la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

Las 10 + proyectadas