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Este blog no es de crítica especializada ni académica, solo de comentarios «al dente» de un espectador común.

Advertencia: destripe.

Algunos comentarios hacen referencia a momentos claves del argumento o al desenlace de este (destripe, spoilers).
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20 abril 2018

Elisa, vida mía - Carlos Saura (1977)




¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que había de ver, con largo apartamiento,
venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
Garcilaso de la Vega


Elisa (Geraldine Chaplin), visita a su padre Luis, interpretado por Fernando Rey, quien se ha retirado a vivir aislado del mundanal ruido. Lo hace en medio de una crisis conyugal, pues su esposo la ha engañado con su mejor amiga, Sofía. Años atrás, Luis se había separado de la madre de Elisa. Actualmente Luis escribe una suerte de memorias, a las que accede -sin permiso- Elisa. Tanto lo que lee como la convivencia con su padre, hace que Elisa y Luis se conozcan mejor de lo que se conocían. Este acercamiento entre padre e hija no solo sirve como hilo conductor de la historia, también es el eje sobre el cual gravitan las cavilaciones que uno, como espectador, puede tener. Las reflexiones que están expresadas en el manuscrito de Luis parecen las de alguien que ya ha vivido algún tiempo. ¿Es el propio Carlos Saura, también guionista del filme, y quien contaba con unos 45 años al momento de rodar esta película, quien habla? 

Elisa, vía mía es, para quien esto escribe, una de las películas más intimistas de Saura, una de las más explícitas también. Pertenece a esa década prodigiosa de su cine, los años setenta, cuando eclosionó con varios filmes uno mejor que el otro. En este, la cercanía con el cine de Bergman es notoria. Saura ausculta a sus personajes de manera incisiva, insistente, reflexiva, en una danza en la que se confunden, a veces, las reflexiones de Luis y las de Elisa con las de uno mismo, con las del espectador. Al igual que nada de lo humano me es ajeno, también me es familiar las ideas que anidan en ambos personajes, y en Saura.

Las interpretaciones de Geraldine Chaplin y del veterano Fernando Rey son encomiables, al igual que la fotografía y la ambientación. Del guion no hay mucho que añadir, es de Carlos Saura y es, hasta donde se puede percibir, bastante autobiográfico, en el sentido que exhibe reflexiones a viva voz que bien podrían ser las de él o de cualquiera de nosotros. Excelente película, una de sus mejores, si no la mejor. De visionado imprescindible para quien quiera tener una idea de la extensa filmografía del cineasta oscense.


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Ficha en IMDb: https://www.imdb.com/title/tt0075983
Artículo en Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Elisa,_vida_mía
Carlos Saura, una vanguardia en solitario, por Norberto Alcover Ibáñez: 
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/carlos-saura-una-vanguardia-en-solitario-19701980--0/html/ff8fce6e-82b1-11df-acc7-002185ce6064_1.html 
Artículos sobre la novelización del guion de Elisa, vida mía:
http://www.abc.es/hemeroteca/historico-28-10-2004/abc/Cultura/carlos-saura-novela-el-guion-de-su-pelicula-elisa-vida-mia_963113994022.html
http://www.abcguionistas.com/noticias/guion/saura-convierte-en-novela-su-guion-para-elisa-vida-mia.html
https://www.eluniverso.com/2004/11/04/0001/260/5C4E6F4DF5CC40BC93FF6838732B403E.html



14 febrero 2014

Mamá cumple 100 años - Carlos Saura (1979)


Imagen del póster en IMDb.


Como el cine de Chaplin: reír reflexionando, o reflexionar riendo.


Una familia se reúne en la casa de la matrona (Rafaela Aparicio) para conmemorar su cumpleaños número cien. Hijos, nietos y Ana (Geraldine Chaplin, la hija mayor de Charlie Chaplin con Oona O'Neill), que había sido la institutriz, con su esposo. Los hijos esperan que la mamá finalmente muera para poder desarrollar un complejo urbanístico en los terrenos de la hacienda. Incluso intentan envenenarla, pero «la vieja es dura». Suceden eventos de pasiones recién nacidas, de viejas pasiones, de conflictos no resueltos, de tensiones y toda clase de situaciones hilarantes, pero con la incisiva narrativa de Carlos Saura, un creador cinematográfico que rehuye a la trivialidad, a lo banal y, allende las jocosas escenas, se esconde una reflexión, una crítica. Es una de las películas más populares del cineasta aragonés (coterráneo del genial Buñuel, de quien Saura dijo que era «su maestro»), fue nominada al premio Óscar y recibió un premio en el Festival de cine de San Sebastián.

La película está muy bien hecha, y evidencia el sello personal de su director. Las actuaciones son muy buenas, destacando las excelentes interpretaciones de Rafaela Aparicio como la mamá que cumple 100 años, Geraldine Chaplin, la hermosa Amparo Muñoz y el extraordinario actor Fernando Fernán Gómez, que interpreta a un muy curioso personaje, hijo de la matrona, científico frustrado que torpemente intenta volar, pero que es el más noble de los hijos. Es una incursión de Saura en el subgénero comedia, a decir del director. Sin embargo, tal como apunté arriba, no es trivial y plantea algunas reflexiones, unas más relevantes que otras. Ya muerto Franco, la censura prácticamente perdió su influencia en el mutilado ambiente cultural de la España franquista; de suerte que la simbología antaño imprescindible para criticar el régimen, ya no era necesaria. El filme incluso cuenta con un desnudo de la bellísima Amparo Muñoz, precisamente en la época del «destape» español ocurrido durante el período de transición hacia la democracia.




Quizás no tenga otra lectura que la primera y llana historia de una familia que se reencuentra para una ocasión tan especial como el centésimo cumpleaños de la mater familias. Esta historia ya de por sí plantea críticas a los personajes y a sus conductas que son evidentes: la relaciones sexuales y el adulterio, la carrera frustrada y la persona cándida (el caso del personaje de F. F. Gómez), los intereses materiales sobre la vida de la madre, etcétera. En este último punto, llegan los personajes más allegados (nótese esta acotación), a planear el homicidio de la propia madre, incluso con la anuencia del más inocente de los hijos, Fernando, a quien lo persuaden con relativa facilidad a que participe de la piñata de la que serían beneficiarios en caso de que la mamá «falleciese». La guinda del filme es la entrada de la madre desde las alturas (donde ellos quisieran que estuviese) a la terrenidad. Luego de esa apoteósica entrada los hijos le dan chocolate envenenado. A veces los enemigos son los más cercanos y, al contrario, son menos peligrosas las personas menos allegadas.

Un filme que podría tener otra lectura, más enrevesada, similar a la que se le dio a las producciones de Saura durante el franquismo, o al Espíritu de la colmena, de Víctor Erice; en la que los personajes y las situaciones serían reflejo de instituciones y hechos reales bajo la dictadura. Por ejemplo, el hijo ya fallecido, José (José María Prada), fanático y coleccionista de trajes militares, podría haber significado justamente el franquismo, también ya desaparecido para la época. Este actor murió luego de participar en esta película. Macabras coincidencias de la vida.

Un excelente filme de corte ligero, pero no trivial, entretenida pero que llama a reflexión. Todo un Saura.



Imágenes tomadas de IMDb.


12 julio 2013

La caza – Carlos Saura (1966)



Salvaje hipocresía


La caza es la película que lanza a Carlos Saura al ruedo internacional. Filmada en un agreste terreno y en blanco y negro (probablemente por razones presupuestarias), nos narra la historia de tres amigos, ex combatientes de la Guerra Civil Española, que van de cacería de conejos a la hacienda de uno de ellos. El clima de la película aumenta en tensión sutilmente, como un efluvio atomizado, hasta el sorprendente final. Saura ganó el Oso de plata al mejor director en 1966 en el Festival de Berlin por este film.

La excelente fotografía y una música que teje el devenir de la historia hacia senderos insospechados, constituyen dos de los elementos mágicos del filme. Uno de los tres amigos, debido a dificultades financieras, le solicita dinero al más pudiente. Éste se lo niega, pero le ofrece trabajo en su empresa, donde también trabaja el tercero de ellos. Esto constituye casi una ofensa para el orgulloso solicitante. A partir de este momento, los acontecimientos comienzan a desencadenarse de forma cada vez más tensa y peligrosa. La irracionalidad irrumpe como solo ella sabe hacerlo, en este caso apoyada por el elemento climático (un insoportable calor que ahoga a los cazadores). La psiquis de cada uno -que Saura nos muestra a través de sus pensamientos en off- sufre devaneos que los lleva a lo impensable. Detrás de la deshonesta careta, se encuentra un resentimiento cuya raíz es una malsana envidia, detonante de lo postrero.




La amistad, empañada por una hipocresía muy bien matizada, que socialmente es aprobada por todos, puede caer en barrena cuando se le somete a lo que –parafraseando a los contadores- sería la “prueba del ácido”: el desvelar el barro en el cual se ha sustentado. La obsecuencia da paso a la intransigencia y a la intolerancia. Detrás de la cortina de una hipócrita solidaridad y “fraterna calidez” se esconde egoísmo, individualismo y envidia. Surge el resentimiento como calmante peor que la enfermedad, hasta que tenemos una sociedad dividida, conformada por individuos que solamente comparten un territorio. No es de extrañar que muchos estudios den resultados del tipo "yo soy más feliz mientras a mi vecino no le vaya mejor que a mí"[1].

Esta película de Saura, realizada en la época de una recalcitrante censura franquista[2], también tiene una lectura política, más allá del planteamiento sicológico. Es contra el franquismo que Saura cornea, contra esa respuesta brutal que el caudillo le da a una sociedad que desea independencia, autarquía, y la posibilidad de entrar en el carril de la postmodernidad. La tensa relación entre la moral del amo y la del esclavo. Es, aún hoy en día, una triste realidad en muchos países.

En La caza, Saura plantea una posible salida a esa situación límite, en la que la relación ganar-ganar pasa a ser perder-perder. Excelente película, cuyo desarrollo prende al espectador de principio a fin.



[1] Ese ha sido el resultado en un estudio realizado en USA.
[2] En los sesenta, el mundo se convulsionaba por severas reformas en lo moral, en lo político, en lo social, en lo cultural, en lo religioso, en todos los órdenes; ésto invitaba al conservador franquismo a aumentar su rígido control sobre la sociedad española, a ahogarla como el clima a los cazadores de Saura, a fin de hacerla impermeable a los progresistas cambios que se gestaban en su derredor, que eran contrarios a los intereses de la dictadura.


26 enero 2013

La prima Angélica – Carlos Saura (1974)


Imagen del póster en IMDb.

Las cosas no son como las vemos, sino como las recordamos.


Luis (caracterizado por el legendario actor español José Luis López Vázquez) traslada personalmente los restos de su madre –que están en Barcelona- al cementerio de su ciudad natal, Segovia. Allí visita a su tía y a su prima Angélica (Lina Canalejas), ya casada y con una hija de nombre Angélica (el argumento detallado está en este enlace, en inglés). A medida que se suceden las cosas, Luis evoca y reconstruye las situaciones pasadas, con los personajes del pasado mezclados con los del presente, pero siendo él siempre adulto (presente).

El hilo narrativo a veces se complica un poco, pero pronto salimos del embrollo y armamos el rompecabezas. Es un excelente guión, obra del propio Carlos Saura (conjuntamente con Rafael Azcona), en el que la historia pasada y presente se entretejen de manera coherente, y muy llamativa. Ya desde el mero aspecto sicológico el film es muy interesante. Pero lo es aún más cuando podemos leer entre líneas las frustraciones, desencantos y pesares del personaje central, producto de una crianza férrea, fascista, que cercena las posibilidades y la autoestima del individuo. Esa crianza es propia de la época de la Guerra Civil Española y de la posguerra franquista. Y José Luis López Vázquez refleja en la cara triste del personaje ese hecho. Y Carlos Saura precisamente critica eso: la dictadura franquista y la opresión que ella ejercía sobre toda la población, incluidos los niños. La Iglesia Católica ayudó sobremanera a que eso fuera así. Fue el tercer guión presentado ante la censura franquista el que fue aprobado. Saura realizó varias películas de crítica antifranquista, que burlaba la censura a través de elementos simbólicos, como ya hemos comentado en otras notas. Actualmente ha enfilado su producción a excelentes obras musicales con base en el flamenco.




Personalmente pienso que, por ejemplo, en el caso del fútbol español (que siempre fue muy bueno), es ahora, algo más de una generación posterior a la caída del franquismo que la autoestima de los jugadores les permite ganar encuentros que anteriormente también pudieron ganar, pero las escuadras estaban conformadas por jugadores criados con la estela de esa España de posguerra, que criaba a los niños de esa manera, y la fortaleza sicológica no era suficiente para ganar. Esa es una opinión personal, sin basamento científico.

De evocación a evocación, removiendo un pasado que se quería olvidar, se transcurren los días hasta que Luis decide regresar a Barcelona, cuando se da cuenta de que entre su prima Angélica (cuyo matrimonio fenece) y él puede renacer aquel amor de juventud, ahora con consecuencias funestas, pues ella está casada. Las escenas iniciales, de los niños en la escuela al momento de estallar una bomba cerca de ahí, son de antología. A cada personaje le podemos asignar actores sociales de la sociedad española de esa época, tal como en Cría Cuervos o en El espíritu de la colmena.

Una de las buenas películas de Saura, que no son pocas. Esta está dedicada a Oona O’Neill y Charlie Chaplin, padres de Geraldine Chaplin, la pareja de Saura en la época del rodaje. La producción correspondió a Elías Querejeta, el Médicis del cine en la dura época del franquismo. Excelente película.


18 julio 2012

Cría cuervos – Carlos Saura (1975)




y te sacarán los ojos


Cría cuervos, al igual que El espíritu de la colmena, tiene dos lecturas: una sicológica y una política. En tiempos del franquismo (Franco murió justamente en 1975), el cine español que quería ser contestatario contra el régimen, debía emplear símbolos, historias amañadas que no se entendiesen, historias que tuvieran una máscara con la que tapar el verdadero rostro o intención de la película, a objeto de burlar la censura oficial. Recuerdo que en aquél entonces, viviendo en Madrid entre 1973 y 1974, la censura cultural era cosa seria. Por ejemplo, había que ir a Francia (generalmente la gente iba a Biarritz) para ver Jesucristo Superestrella. O, si uno quería comprar el álbum Quadrophenia, de The Who, de hacerlo en España tenía que conformarse con la versión mutilada. La censura llegaba incluso a material en lenguas foráneas que fuese vetado por el comité censor. El consagrado cineasta Carlos Saura tuvo que hacer eso (burlar la censura), al igual que Víctor Erice y otros, entre ellos el gran Luis Buñuel. Esta película es una de sus mejores obras, y fue reconocida en varios festivales de cine.




Ana, interpretada por la niña Ana Torrent (siendo niña) y por Geraldine Chaplin (ya adulta), quien también interpreta a la madre de Ana, es la mediana de tres hermanas, hijas de una mujer que tuvo que abandonar su carrera artística para dedicarse a criar las hijas, y de un militar típico de la época de Franco: duro, machista, inflexible para con los demás y licencioso para consigo mismo, interpretado por Héctor Alterio, quien estaba exiliado en España en esa época. Ana cree que mató a su padre con un polvo que en realidad es bicarbonato de sodio. Lo quiere matar porque se portaba mal con su querida madre, quien sufría los improperios del déspota. Ana piensa, de esa manera, que tiene poder sobre la vida y la muerte de los demás. El tema de la muerte es recurrente, por varias vías, en este filme. A la muerte del infiel padre, posterior a la de la madre, Ana también le proporciona una buena dosis del “veneno” a la despótica tía Paulina (interpretada por Mónica Randall), que quedó encargada de cuidarlas. La tía, obviamente, no se muere, y eso decepciona a Ana. Inmediatamente termina el verano, temporada durante la que se desarrolla uno de los tiempos de la película, y comienzan las clases. El retorno a la rutina y a la alienación. Ahí termina la historia. Durante el desarrollo de la trama, Ana ve a su madre, o bien recuerda episodios con ella; también nos habla frente a la cámara, ya adulta, contando su triste niñez y la alegría de la visita a la estancia campestre de los amigos de su familia (los Garontes, cuya mujer tenía relaciones adúlteras con el padre de Ana) en el verano en el que ocurren los hechos narrados en la película. Parece que Ana era la hija más allegada a su madre. Ana ha sido víctima, al igual que sus hermanas y su madre, de la férrea imposición del padre. Esa crianza autoritaria fue sello de la época franquista, más en la casa de un militar. De ahí la lectura sicológica del film: una crianza totalitaria que aplasta la individualidad, cercenando sueños, esperanzas, y la libertad de la vida cotidiana; que alimenta los deseos de la niña de actuar para acabar con la vida del tirano, bien sea su padre o su tía. Por otra parte, Ana es testigo de las infidelidades que se dan a su alrededor; esto es un doble mensaje: rigidez de comportamiento para ella y licencia lujuriosa para con los que gobiernan su vida. Menos mal que Ana tiene como válvula de escape la buena relación que lleva con sus hermanas, con quienes juega a ser grandes y a imitar los patrones de comportamiento que han visto en su casa.




Desde el punto de vista político, haya sido o no la intención expresa del realizador, pueden interpretarse los diversos personajes como actores de la sociedad española de la época: el padre militar como el gobierno, duro para con la población: esposa e hijas, y libertino para consigo; la madre como la España que sufrió en carne propia los injustos embates de la tiranía; la tía como esa España franquista que quiere continuar con el statu quo; la criada Rosa (Florinda Chico) como los españoles adultos antifranquistas, sometidos aún por el franquismo; la abuela (Josefina Díaz) como la España de antaño, la que ya era adulta durante la guerra civil, ahora moribunda; los adúlteros como la parte corrupta de la sociedad y del gobierno que quieren dar continuidad al régimen. Las niñas, al igual que en El espíritu de la colmena, representa cada una un tipo de joven español que, de diversas formas, según su personalidad, sueña con los cambios, que le molesta sobremanera la injusticia e inequidad del régimen que detenta el poder, que quiere entrar en la modernidad. Ana es la más sensible de las tres, y representaría el sector más rebelde y revolucionario de los antifranquistas, básicamente la élite intelectual.





Unas notas antes de finalizar. Hay que reconocer la encomiable labor de Elías Querejeta, productor que apoyó proyectos que podrían lucir descabellados, como el cine de autor, no comercial, pero con contenido muy interesante y cuya trama tuviera que esconderse de la censura oficial. No son muchos los productores que arriesgan su dinero en tales empresas. Las patas de pollo en el refrigerador. Mucho se ha especulado sobre eso. Puede significar prácticamente lo que uno quiera. Las patas del cuervo (que por algún motivo murió), la continuidad de las cosas, la muerte o el deseo de que alguien muera. Tengo entendido que Saura dijo que se recordó que cuando él era niño había patas de pollo (o de gallina) en el refrigerador, y que solo las incluyó como elemento surrealista, sin significado alguno para él. Eso es todo. Muchas veces, escenas así son para burlarse de la crítica especializada, a menudo demasiado intelectual, que busca símbolos en todas las cosas y expresiones de todas las escenas de una película. ¿Una poltrona es roja porque significa algo, o porque el escenógrafo la quiso combinar con la alfombra, también roja, y la usaron porque era la que tenían a mano, debido al bajo presupuesto para realizar el film? Me imagino que es divertido para los realizadores conocer la significación que la gente le da a cosas o expresiones de sus películas. Hay objetos, expresiones o personajes que son -o pueden ser- símbolos de algo, pero no siempre es así.




Cría cuervos consagró internacionalmente a Carlos Saura, pese a que ya había realizado excelentes películas con anterioridad. Cualquiera de las dos lecturas posibles que se hagan de esta realización (o ambas), satisface al espectador, pues se está ante una película inteligente, que tiene contenido y poesía, amén de que está excelentemente realizada. El tema musical, Porque te vas, interpretado por la anglo hispana Jeanette, fue un éxito rotundo el año anterior al rodaje de esta película. Exquisito film del mundo visto por los niños, y una mordaz crítica al régimen franquista.


Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, la mayoría a través de Translate Google. Ahora la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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