Bienvenid@

Bienvenid@
Este blog no es de crítica especializada ni académica, solo de comentarios «al dente» de un espectador común.

Advertencia: destripe.

Algunos comentarios hacen referencia a momentos claves del argumento o al desenlace de este (destripe, spoilers).
Mostrando entradas con la etiqueta Terry Gilliam. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Terry Gilliam. Mostrar todas las entradas

05 octubre 2011

Brazil – Terry Gilliam (1985)



El totalitarismo visto a través del humor


Las películas de Terry Gilliam (Las aventuras del Barón Munchausen, Doce monos, El imaginario mundo del Doctor Parnassus, entre otras) tienen su sello muy particular. Este director ha creado un mundo fantástico propio, al igual que Tim Burton. Ambos son una especie de Fellinis hollywoodenses, que llevan el mundo onírico al plano del espectáculo visual de gran factura, que apreciamos en sus películas.

Brazil no es la excepción. Pero Brazil tiene como trasfondo una peculiar crítica sobre política y burocracia, con un fuerte contenido sarcástico, aderezado con un toque de humor. No podría ser de otra manera viniendo de un ex Monty Python. El personaje central, ilusamente, persigue dos cosas que no tiene y que solo consigue en sus sueños: la libertad y la belleza, pues está inmerso en un mundo opuesto: caótico, distópico, gobernado por un sistema totalitario, cuyos procedimientos burocráticos hacen de la sociedad un ente disfuncional y frustrante; amén de lo exagerado de las penas impuestas a los habitantes que “se salgan del carril”.

Realizada un año después de 1984 (la versión de Michael Radford, con Richard Burton), no esconde la influencia del planteamiento original de George Orwell, aunque tiene diferencias. La diferencia más notoria estriba en la exageración de los procedimientos burocráticos y, sobre todo, en la aparente libertad que ofrece un sistema, igual de totalitario que el del Gran Hermano, pero sin Gran Hermano. La falsa libertad del régimen no solamente está evidenciada por la libertad de expresión (incluida la disensión discreta), sino que abarca todo el entorno ciudadano. Este hecho está simbolizado por los ductos flexibles, presentes en todos los semi góticos hábitats, por los que fluyen los servicios, entre ellos el de “información”, dando la impresión de que es una sociedad con mayor participación ciudadana, más informada, y a la que le llegan todos los beneficios de una tecnología moderna (caricaturizada en la película con objetos antiguos y bizarros, de ridícula apariencia). También está ridiculizada la fútil y banal frivolidad de las clases altas de la sociedad. La careta del régimen la constituye, precisamente, su antítesis. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Bueno, esta es una lectura posible de la cinta.

Hay que destacar que la despiadada crítica que hace la película, cabalga sobre una alfombra de humor negro (Monty Phyton), muy inglés, muy Chaplin: seductoramente, a través del humor, se invita al espectador a reflexionar sobre los aspectos criticados. No es en balde que este filme está en la lista del BFI de los 100 mejores filmes británicos. Como muchas otras películas que pasaron desapercibidas en su estreno, hoy, sin embargo, se ha convertido en una película de culto. Discrepamos de Roger Ebert, y nuestra apreciación tiende más a la que tiene la película en Metacritic. Otra buena película de Terry Gilliam. Una tragicomedia humana, demasiado humana.


30 mayo 2010

El imaginario mundo del Dr. Parnassus - Terry Gilliam (2009)



El Fausto a lo Monty Python


Esta producción de Terry Gilliam (Brazil, 12 monos, la mal ponderada Las aventuras del Barón Munchausen) fue víctima de una interrupción que por poco le fue letal. La muerte del actor Heath Ledger en 2008, cuando se estaba rodando, casi paraliza su realización. Los también buenos actores Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell se encargaron de sustituir el personaje que caracterizaba Ledger, el cual sufrió las metamorfosis respectivas de acuerdo a los actores que lo representaban. Este cambio realmente no menoscabó el producto final, pues tratándose de un argumento fantasioso, el cambio de rostro en el mismo personaje no es más que otra fantasía dentro del imaginario de Parnassus. Terry Gilliam le dedicó, con justicia, la película a Heath Ledger.

El psicodélico argumento de esta película navega entre el Fausto y Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll. La puesta en escena de Gilliam recuerda a las de Tim Burton: con elementos surrealistas, dentro de un mundo onírico-infantil, con personajes extravagantes y situaciones que rayan el delirio. Es un espectáculo visual, tal como lo fue recientemente la Alicia de Burton. La puesta en escena de esta película tiene el corte de otra buena película de Gilliam: Las aventuras del Barón Munchausen. Los efectos visuales, en ambas, juegan un papel importante que el director de Brazil no desaprovecha. Nuevamente la evasión de la realidad, presentada a través del también evasor de la realidad: el cine, juega un importante papel en una historia. El satírico ex Monty Python utiliza al Fausto y a Alicia como excusa para la crítica social que, de fondo, se desarrolla en esta cinta (tal como en Fausto y Alicia), si bien las críticas están veladas con alucinantes alegorías. La burla de estereotipos y situaciones sociales convergen en una aventura aderezada con elementos "bizarros", que hacen a esta película entretenida e incitadora a la reflexión. No desatiende, sin embargo, ciertos planteamientos del Fausto, cuya historia se convierte en la columna vertebral, con el agravante (y eso lo sabemos quienes somos padres) de que en lugar de vender su alma al diablo, Parnassus vende a su hija. El espejo de Parnassus, cual espejo de Alicia, transporta los personajes que se atreven a cruzarlo hacia variables mundos donde se desarrollan historias aparentemente absurdas que van hilando, a veces “flojas” y sin convencer, el argumento.

El imaginarium de Parnassus nos hace pasar un entretenido rato, llamándonos a reflexión sobre algunos absurdos de nuestra sociedad, mientras evoca dos granes clásicos como lo son el Fausto y Alicia. La evasión de la realidad a plena carga! Lástima que en Puerto Ordaz la hayan exhibido por tan cortísimo tiempo.


Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, la mayoría a través de Translate Google. Ahora la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

Las 10 + proyectadas