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Este blog no es de crítica especializada ni académica, solo de comentarios «al dente» de un espectador común.

Advertencia: destripe.

Algunos comentarios hacen referencia a momentos claves del argumento o al desenlace de este (destripe, spoilers).
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30 octubre 2020

Toma el dinero y corre - Woody Allen (1969)


Imagen del afiche en IMDb.

Genial opera prima de Woody Allen.


Esta es la primera película que Woody Allen dirigió en solitario. Cuenta la vida de Virgil Starkwell (personificado por el mismo Woody Allen), un desventurado e inepto chico que es maltratado por la vida desde que es niño (sus compañeros de juego y de escuela abusan de su torpeza, se burlan de él, lo que hoy se ha dado por llamar bullying), sus padres no se ocupan de él lo suficiente y cae en los vaivenes de la vida. El chico quiere dedicarse a la música pero no tiene talento para ello, de manera que la única salida que ve es el delito. Ante su torpeza supina es apresado en diversas ocasiones. A pesar de su disfuncionalidad innata, logra casarse con una bella chica (Louise, Janet Margolin), a la que le promete sacarla de la pobreza sin éxito.

La película es muy graciosa, desde el comienzo hasta el final. Tiene muchas escenas memorables, como la de los seis reos que, encadenados en los tobillos, caminan juntos en la casa de una mujer a la que entran cuando huyen para cambiarse de ropa; o la del arma falsa que construye con una pastilla de jabón y se convierte en espuma bajo la lluvia; o el atraco a un banco en el que entra otra banda a atracar al mismo tiempo. Abundan a lo largo del film escenas antológicas.

Es interesante observar que ya en esta primera película se aprecian elementos que serán constantes en la filmografía alleniana: la tragicomedia que reviste la vida de un torpe, un «perdedor»; la religión en general, el judaísmo en particular; las relaciones de pareja; la narración como hilo conductor de la cinta; las críticas al sistema político y social, entre otras. Un ejemplo de esto es que en la cárcel lo confinan a una celda de aislamiento junto con un vendedor de seguros, lo que es toda una tortura china.

A pesar de lo vieja que pueda parecer por sus cincuenta años, no presenta escenas ni tópicos que la hagan ver vieja en sí, todo en ella es actual. Y lo que aparece mimetizado como comedia de lo absurdo es, en el fondo, trágico o está matizado por la crítica. En este filme ya se ve aflorar la genialidad de quien será una de las figuras imprescindibles del séptimo arte en el siglo XX.


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Artículo en Wikipedia:


02 octubre 2020

Misterioso asesinato en Manhattan - Woody Allen (1993)


Imagen del póster en IMDb.

No puedo escuchar tanto a Wagner, ¡me dan ganas de invadir Polonia!
Dice Larry a la salida de un concierto con su hastiada esposa.


Carol (Diane Keaton) y Larry (Woody Allen) son una típica pareja neoyorquina de mediana edad; llevan una vida bastante monótona y aburrida, en especial Carol. Ella sospecha que un vecino ha matado a su esposa y comienza a indagar para aclarar lo que ha ocurrido. Larry se empecina en que desista de ello, que evite problemas; pero ella acude a un amigo, Ted (Alan Alda), que gusta de ella, y ambos comienzan la investigación. Luego se les suma Marcia (Anjelica Huston), una escritora de la que Larry es editor y que, por su misma naturaleza de escritora, descifra posibles procedimientos que ha seguido el sospechoso que encajan con el misterio que los ocupa. Más pronto que tarde, Larry también se incorpora a la informal pesquisa (más por celos que por curiosidad) y logran desvelar la extraña desaparición de la esposa del vecino; todo ello en el marco de una serie de enredos, situaciones jocosas y frases graciosas, típicas del cine de Allen.

Hay directores que, al menos en la cima de su etapa creativa, como es el caso de Allen cuando era pareja de Keaton, todo lo que hagan está bien hecho. Esta película funciona como policial o de misterio al tiempo que deja percolar la comedia hasta en las escenas más trágicas, como en el siguiente diálogo:

-¡Qué horror lo de este tipo de Indiana! Mató a 12 víctimas, las descuartizó y se las comió.
-¿En serio? Bueno, es un estilo de vida alternativa.
-Sí, desde luego.

IMDb la etiqueta de comedia y misterio, Filmaffinity como de intriga, crimen y comedia. Eso responde a la lectura primera de la cinta, la cual constituye, por mérito propio, una buena historia.

En otro nivel, lo que plantea el aclamado director es un tema recurrente en su filmografía: la relación de las parejas, de las personas. A lo largo de las acciones que emprenden los distintos personajes para dilucidar el supuesto asesinato de la vecina por su esposo, se dejan entrever tensiones sexuales no resueltas, atracciones, celos, inseguridad, hastío de una vida monótona que no logran reconciliar y visos de solución en compañía de otra persona, no necesariamente la pareja de turno. Tanto Larry como Carol son víctimas de los celos que sienten uno del otro cuando aparecen en escena Ted y Marcia. La aventura que significa averiguar la verdad del supuesto homicidio llena el aburrido mundo de Carol de emoción, la hace sentir valiosa pero, más importante aún, la hace sentir viva. Este refrescamiento de su rutinaria vida, gracias a un evento fortuito e intrigante y al empeño que ella pone para resolver el suspense, es la medicina que, en principio, salva a su matrimonio.

De manera que el filme es un alegato en contra de la vida monótona de las parejas y a favor de la incorporación de diversidad en la misma, a objeto de romper con la devastadora (y desbastadora) rutina. Pero no solo la aparición accidental de un evento es necesaria, también la motivación interna de los individuos para aprovechar el acontecimiento y, mediante acciones improvisadas, algunas temerarias, dar el salto que aderece sus insípidas vidas. Allen, siempre tan incisivo y crítico nos lo recuerda a través de esta excelente película.


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Artículo en Wikipedia:


27 marzo 2015

Medianoche en París - Woody Allen (2011)



Es el trabajo del artista no sucumbir a la desesperación, sino el de encontrar un antídoto contra el vacío existencial.
Dice Gertrude Stein en el filme


Gil Pender (muy bien personificado por Owen Wilson) pasa una temporada en París junto a su prometida Inez (la hermosa Rachel McAdams) y los padres de esta. Gil es un guionista cinematográfico, pero quiere incursionar como escritor de literatura, algo que considera más serio. Los desencuentros entre Gil e Inez no se disimulan, al tiempo que Inez está prendada del encanto intelectual de un pedante amigo común, Paul Bates (Michael Sheen), a quien Gil no pasa. Terminan, como era de esperarse, saliendo cada quien por su lado. En una noche, mientras Gil deambula por un París mojado por la lluvia, es invitado a abordar un viejo automóvil, conducido nada menos que por Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, y llegan a un bar de los años 20, con gente de esa época y de esa estirpe. Gil queda maravillado y en las noches posteriores va al mismo rincón para abordar un vehículo del pasado que, cual máquina del tiempo, lo transporta el mágico mundo de la gente que él tanto admira: Ernest Hemingway, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel y demás luminarias de ese entonces. En una ocasión le deja la copia del libro que escribe a Gertrude Stein, de quien obtendrá objetivos y sinceros comentarios. También inicia un romance con Adriana (la hermosa y excelente actriz Marion Cotillard), amante de Modigliani, Picasso y Hemingway. Estos escapes espacio temporales de Gil terminarán por cambiar su vida y la relación con su prometida Inez.

11 octubre 2013

Bananas - Woody Allen (1971)



Las grandes naciones han actuado siempre como hampones,
y las pequeñas como prostitutas.
Stanley Kubrick


Esta pequeña joya de la filmografía del cineasta judío-neoyorquino Woody Allen pertenece a su mejor etapa: la etapa de sus películas cómicas, o cómico-reflexivas. Recientemente se ha puesto muy serio y circunspecto, probablemente por la cercanía de la muerte debido a su edad; aunque no por eso sus actuales películas no son buenas. Las cómicas son más ligeras e igualmente profundas. Su terror a la muerte lo ha expresado públicamente tanto en entrevistas como en sus películas. Este filme es muy grato de ver ya que a través del buen humor y de situaciones ridículas nos hace reflexionar sobre un sinnúmero de tópicos. También se le conoce con el título La locura está de moda.

Un ciudadano norteamericano típico se ve envuelto en una serie de circunstancias «bizarras» que lo llevan incluso a ser presidente de un país bananero, San Marcos (el argumento detallado está en este enlace). El tema principal de la película es político, pero Allen no desperdicia ninguna oportunidad para criticar cualquier otra cosa, desde los mass media hasta el sexo, pasando por el interés que mueve a las personas, la arbitrariedad, las apariencias, el fingimiento y más. En eso, en que trata de muchos tópicos, se parece a Magnolia.

En lo político es particularmente interesante, pues es una crítica hilarante sobre cosas muy serias. Allen dispara simétricamente contra las repúblicas bananeras (las que están al sur del río Grande) y contra Estados Unidos. Igualmente a los gobiernos y a los habitantes, nadie se escapa del látigo de las bufonadas de Allen. San Marcos es un pobre país pobre (como el nuestro), formado por habitantes cándidos, preñados de esperanzas que nunca ven el momento del parto y por estólidos criminales que se hacen del poder de las maneras más extrañas e irracionales. Y USA es un país cuya ayuda siempre lleva de equipaje algún interés turbio como la venta de armas o la destrucción del país para la ulterior reconstrucción, a manos de ellos ambas operaciones. Lo más triste del caso es que lo que denuncia Woody Allen en esta película solo es una parodia de la brutal realidad. Es tan cierto lo que dice de USA como de X; siendo X cualquier país bananero. Ponga usted su país preferido amable lector. Sobre lo de USA, ha sido demostrado reiteradamente que sus intereses no son que haya democracia y/o libertad y/o cualquier otro atributo de los Derechos Humanos en el país intervenido, sino económicos o geopolíticos, llámese petróleo, oro, ubicación estratégica desde el punto de vista de su seguridad y de sus fines bélicos. Pero dejemos que critique un estadounidense su propio país con propiedad, tal como lo han hecho Allen, ChaplinOliver Stone y muchos otros. Vamos con X, que lo tenemos más a la mano y con el que tenemos más sentido de pertenencia, ya que vivimos en él.




En el filme, las situaciones realmente extravagantes nos causan risa, tal como la escena que encabeza estas notas, en la que el incipiente déspota decreta que el nuevo idioma oficial será el sueco y que la ropa interior debe ir por fuera. Es gracioso verlo en una película, pero es pavoroso ser habitante de un país donde ocurren cosas no muy distanciadas del decreto fílmico. Aquí se decretan cosas tan irracionales e incomprensibles como los decretos de Espósito en este filme. Además, el régimen ha acabado con la independencia de poderes, con el estado de derecho y con las instituciones, con la calma y sosiego que debe reinar en la sociedad, con la seguridad y amparo de sus ciudadanos contra el hampa, entre otras muchas cosas. Ahora parece encaminarse hacia una hambruna, de la que toda revolución comunista se jacta. Por si eso fuera poco, incluso un elemento cultural de vital importancia como es el lenguaje, lo tergiversa para aniquilar el referente cultural que aglutina el tejido social, para -en un infructuoso y ridículo intento- «demostrar» que la mediocridad es tan buena como la excelsitud, que lo pobre es bueno y lo rico es malo. Lo más deprimente es que un ingente de pobladores creen ciegamente en la nomenklatura decadente, moralmente mísera, con estenosis mental, sin imaginación ni preparación intelectual para otra cosa que no sea el delito y la arbitrariedad. Para colmo, copia los esquemas de comportamiento salvaje de esa élite mediocre que pretende educar al pueblo, cuando en realidad lo mediocriza y lo mantiene en una permanente zozobra.

Mucho después del filme de Woody Allen, las cosas siguen casi igual. Lo bueno es que viendo la película podemos abstraernos de la realidad y reírnos, antes de regresar a ella para lamentarnos. Y si a usted no le atrae la política, tiene muchos otros asuntos de los que incisivamente hace escarnio. Buena parte de la película está dedicada a las frustraciones amorosas del protagonista (el mismo Allen), reiterado tema en casi todas sus películas. El eterno e incomprensible femenino que trastoca la racionalidad del hombre que intenta cortejar a la mujer. Él propone y ella dispone, y en el caso de Allen casi siempre disponen en contra de él. En Bananas, la fémina acepta, ya al final, a su pretendiente, pues este ha demostrado firmeza de carácter al hacerse presidente de San Marcos. La firmeza, la fuerza, el temple, era algo que ella quería de él al inicio. El filme también tiene alusiones a otras películas, como Tiempos modernos o El acorazado Potemkin, y otros que ahora no recuerdo; y mucha simbología insertada casi imperceptiblemente en la historia. Muchos gags de Allen son chaplinianos, pero también provienen de Buster KeatonHarold Lloyd o Groucho Marx. Es un collage refrescante de ver, un filme fundamental de Woody Allen.


Extracto del filme con el enrevesado parlamento
 típico de los filmes de Woody Allen


11 mayo 2012

Manhattan – Woody Allen (1979)



Siempre tendremos a Nueva York


El sarcástico Woody Allen es un realizador que es amado o es odiado por el público. El ácido humor de sus producciones o no es entendido, o no es compartido por muchos. Sus películas intimistas, como Manhattan, dan cuenta de una prejuiciosa infancia semita en Nueva York, de la búsqueda del amor, de los complejos problemas existenciales del personaje central (usualmente protagonizado por el propio Allen), de la preocupación enfermiza por el desconocimiento de su incierto futuro, de la tensión entre la razón y la fe, o la razón y las emociones o los sentimientos, de su complejo de inferioridad y de su carácter dubitativo e indeciso. Estos personajes suelen estar asociados a la élite intelectual: son escritores, artistas, gente del ámbito de la cultura académica. Mucho de autobiográfico puede haber en ellos, pues el propio director lo ha asomado abiertamente en sus entrevistas. Allen es, sin duda, uno de los directores más talentosos y prolíficos de la historia del cine, digno merecedor de todos los premios y reconocimientos que se le han otorgado. Un ejemplo de que la vida privada (disipada para muchos, en el caso de Allen) a veces no tiene un reflejo exacto en la obra de un artista. Muchos genios han tenido una vida privada muy diferente a lo que su obra supone; lo cual da que pensar sobre la influencia del racionalismo en el arte: todo parece indicar que un toque de irracionalidad convierte -en muchos casos- una obra artística ordinaria en una obra maestra.

Manhattan nos cuenta la historia de encuentros y desencuentros amorosos del personaje central, protagonizado por Woody Allen, y de los amigos de su entorno inmediato[1]. Es una historia de amor, o de amores, pero contada con la genialidad de Woody Allen. La película hay que verla sin racionalizarla demasiado, pues se perdería su sentido emocional (si se desea, sentimental), el cual es clave para disfrutarla.

El cine de Woody Allen de esa época, y de épocas anteriores, tiene como elemento inmanente un humor sarcástico, crudo, muy inteligente, que irónicamente dramatiza la historia. Si bien ha realizado películas serias (por ejemplo: Interiores (1978) –de esa época- o las más recientes), son las satíricas las que me parecen sus mejores filmes y las que mejor representan su existencialista temática. Es el Ingmar Bergman norteamericano, pero con humor en lugar de nórdica circunspección. Un humor que sitúa al personaje que representa Woody Allen como la estoica víctima de las Leyes de Murphy. Cosa muy graciosa, por supuesto.




Su amada Manhattan, fotografiada en esta película con un espectacular blanco y negro, se yergue como la cosmopolita y bella ciudad, en donde el individuo no es nadie, ni nada, mientras las miserias humanas vagan por sus calles, tanto las de los ciudadanos de a pié como las de los delicados intelectuales, quienes también son satirizados por Allen, quien a su vez es un intelectual de la Gran Manzana. No por ser intelectuales son eximidos de los problemas sentimentales inherentes a la existencia humana. 

Una excelente música de Gershwin y buenas actuaciones completan los ingredientes de este muy alleniano film, considerado por muchos como un clásico. Extraordinaria película.

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[1] La historia es esta: Isaac (Allen) es un escritor de 42 años de edad y tiene por pareja a una chica de 17 años, de nombre Tracy (interpretada por la hermosa Mariel Hemingway), muy madura para su edad (¿presagio de su futura relación con su seudo hijastra, a la que le supera la edad en 35 años?). Su amigo Yale (Michael Murphy), a pesar de estar establemente casado, tiene un amorío con la intelectual Mary (la bella Diane Keaton). Paralelamente a la progresiva y justificada separación de Mary y Yale, Isaac y ella comienzan a sentir atracción entre ellos y a relacionarse. Mientras tanto, la segunda esposa de Isaac, Jill (papel que recae en la excelente actriz Meryl Streep), quien lo abandonó para vivir con otra mujer, escribe y luego publica un libro con las intimidades de su matrimonio con Isaac. Esto supone una puñalada para Isaac. Nuestro intelectual neoyorquino se separa de la precoz Tracy, para darle la libertad necesaria para que se desarrolle profesional y personalmente, pero también para consolidar su amorío con la inestable Mary, más contemporánea a él. Esto hiere a Tracy, que estaba enamorada de Isaac. Mary decide regresar con Yale, e Isaac decide regresar con la joven, pero ella justamente en ese momento está saliendo a Inglaterra, y estará ausente seis meses. Él la había alentado, reiteradamente, debido a la diferencia de edad, a que no se enamorase de él, que tomara la relación como algo sin importancia, que se desarrollara profesionalmente, pero su viaje a Europa lo deja con un vacío e incluso le pide a ella que no viaje, contradiciéndose a sí mismo respecto a lo que él quería para ella. Conviene resaltar que la madura Mary es una persona mucho más turbulenta, insegura, sin brújula, que la joven Tracy, quien persiste, con holgada seguridad en sí misma, en la relación con alguien que podría ser su padre.






Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, la mayoría a través de Translate Google. Ahora la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

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