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Este blog no es de crítica especializada ni académica, solo de comentarios «al dente» de un espectador común.

Advertencia: destripe.

Algunos comentarios hacen referencia a momentos claves del argumento o al desenlace de este (destripe, spoilers).
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06 noviembre 2020

El beso del asesino - Stanley Kubrick (1955)


Imagen del póster en IMDb.

Dirección, fotografía, edición, guión y producción: Stanley Kubrick.
Todo un todo-Kubrick.


Davey Gordon, un boxeador venido a menos, salva a su hermosa vecina Gloria Price de las garras del malvado Vinnie Rapallo (Frank Silvera), que es una especie de proxeneta de la bailarina. De paso, parecen enamorarse. El filme, de algo más de una hora, está correctamente hecho, muy bien editado y con los elementos dramáticos correspondientes en su sitio. El argumento es narrado por Davey Gordon en primera persona. En este enlace figura con cierto detalle.

Kubrick fue el director, el productor, el camarógrafo, el guionista y el editor. Y el novio de la madrina. No, en la película aparece Ruth Sobotka, que sería su segunda esposa. Así, este filme es todo un Kubrick total.

No se puede vislumbrar en esta película estándar lo que sería la producción posterior de Kubrick (que descolla desde Senderos de gloria en adelante), no tiene los elementos característicos de las grandes obras que hizo después; fue un proyecto formativo en el que daba sus primeros pasos (tenía alrededor de 26 años cuando la rodó). Sin embargo, está (como se dijo antes) muy bien hecha, ya se intuye cierto gusto por la perfección; tiene una o dos escenas oníricas y una escena con un toque de simbolismo: la pelea entre el malo y el bueno empleando los maniquíes de una factoría (pelean por el amor de una mujer); también tiene otras escenas y diálogos interesantes. En cuanto a la temática, es la misma que en sus obras posteriores, aunque no es exclusiva de él, tal como las circunstancias que rodean la existencia de sus personajes y cómo el destino les juega a favor o en contra, el sino (el hado), que exploró en casi todas sus cintas; la relación de pareja, que exploró muy bien en Barry Lyndon y en Ojos bien cerrados; el crimen, del que también habló en varios de sus filmes.

Uno de los detalles que destacan es la ambigüedad de la protagonista femenina, a la que parece darle igual con quién irse, si con el malo de Rapallo o con el bueno de Davey. Es una femme fatale con derecho propio y con valores ambivalentes ubicados en las antípodas, como mucha gente real. No puede uno menos que rememorar una de sus frases más célebre: «Las grandes naciones han actuado siempre como gánsteres, y las pequeñas, como prostitutas».


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Reseña en Wikipedia:


27 septiembre 2013

Ojos bien cerrados - Stanley Kubrick (1999)




El amor y las pasiones en la diana del último Kubrick


Hay películas que la primera vez que uno las ve ni siquiera le gustan. Esta puede ser una de ellas. Pero cuando se las ve por segunda o tercera vez, hacen presa del espectador y lo cautivan. Esta es una de ellas. Es la última película que hizo el poco prolífico y genial Stanley Kubrick. Este gran director realizó escasas películas; la peor de ellas es muy buena película, las mejores son obras maestras. En este filme, Kubrick revisa a fondo la naturaleza humana, específicamente lo que concierne al sexo. Como todas sus obras, está cuidada hasta el mínimo detalle por un rígido perfeccionismo.

Ojos bien cerrados cuenta la historia de la sexualidad de una pareja típica de la clase media neoyorquina. Ambos con episodios que bordean la infidelidad: ella por un deseo confeso y él explorando novedades, a la postre también confesas. Ella, la bellísima Nicole Kidman (Alice); él, el buen actor Tom Cruise (William)[1]. Kubrick puso en el banquillo no solamente la institución matrimonial, sino todo el espectro de relaciones sexuales monogámicas, la sexualidad en sí. Pero expone otros temas al margen del central. La complejidad implícita de la cinta deja abierto un abanico de interpretaciones, haciendo las delicias de los espectadores que queremos una lectura de segundo o tercer nivel en las películas. Esta es, junto con Lolita, las que podríamos calificar como las más bergmanianas de sus películas.

La sexualidad de la que da cuenta este filme tiene al menos dos facetas: la realidad y la fantasía. La realidad es circunstancial, es la vida del hogar, de la pareja en matrimonio. Otra realidad es la de la exploración y los intentos de convertir la fantasía en realidad. La fantasía la constituyen los deseos reprimidos por la realidad circunstancial y no satisfechos por la realidad de exploración. Viene en forma de sueños, de anhelos.

La fidelidad, al igual que otros atributos que caracterizan al hombre occidental, tiene varias aristas: psicológica, biológica, social, moral, incluso estadística. Desde todos esos ángulos puede comentarse, entonces, Ojos bien cerrados. Las reflexiones que siguen giran alrededor del elemento moral, que parece ser el interés del director.




Lo que aparenta ser un matrimonio perfecto, no solo para quienes lo ven desde afuera sino también para los cónyuges, casi se desmorona con la sola idea del deseo de infidelidad por parte de Alice, que no llegó a cristalizar por los muros morales. Pero la confesión de ese deseo dispara la alerta de William, quien se entrega a la indagación de exóticas fantasías, en una suerte de carrusel de la vendetta. Pero no es una entrega gratuita. Es el angustioso descubrimiento de que él también es capaz de ser infiel. Ambos descubren, para asombro de ellos, que no son impermeables a la infidelidad, que lo único que los podría detener son los valores morales, lo que de simbólico tiene la fidelidad, la institución matrimonial y la paternidad. Ese desvelamiento de la posibilidad real de caer en el adulterio los asombra y los aterroriza. Finalmente convienen en lo afortunados que han sido de no haber llegado a consumarlo, y que la forma de evitarlo es el acercamiento carnal, la realización de las fantasías juntos.

El inquietante asombro de saberse capaces de ser adúlteros, y la validez del código moral para evitar serlo, parece constituir lo medular del filme. Pero no es lo único que Kubrick explora. Generalmente en todas sus realizaciones hay rémoras que navegan con el tema central. En esta película hay varias. Una de las que llama la atención refiere a la licencia de transgresión que se otorgan las clases altas, y que en este caso se manifiesta con la lujuria; porque en otros casos se manifiesta con el robo, la explotación o el asesinato. Las escenas más escandalosas de este film son justamente las que refieren a la racionalmente planificada orgía que se lleva a cabo en la mansión. La frase que le dice Víctor (Sidney Pollack) a William: «Esta gente no es gente ordinaria, si te digo los nombres, no dormirías», refiriéndose a quienes estaban en el festín concupiscente, lo dice todo. La moral del amo y la moral del esclavo en todo su esplendor, haciendo gala de la ventaja del amo sobre el esclavo como objeto sexual: prostitutas y señores. También aflora en el episodio del comerciante que ofrece los servicios sexuales de su hija. No está lejos de lo planteado por Pasolini en Saló a este respecto. De hecho, es lo mismo.

Ojos bien cerrados es otra obra maestra de Stanley Kubrick, quien nos dejó apenas cuatro días después de la exhibición privada para ver el corte final de esta película. A lo largo de su carrera cinematográfica nos ofreció tanta variedad de géneros como de temas, todos expuestos con maestría inigualable. Su legado siempre estará en el Salón de la Fama del Cinema, junto a otros grandes del Séptimo Arte.

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[1] Casados en la vida real en ese entonces.
Un buen comentario de esta película se encuentra en este enlace.
Estadísticas sobre infidelidad: 


16 noviembre 2011

El resplandor – Stanley Kubrick (1980)



El terror a lo Kubrick


Stanley Kubrick no fue un realizador prolífico: produjo un filme cada 3 años (16 películas en 48 años de actividad); pero es uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos. Su maestría se puede apreciar en sus últimas 12 películas. Realizó películas épicas (Espartaco, Barry Lyndon), bélicas (Senderos de gloria, Nacido para matar, también llamada La chaqueta metálica, Dr. Strangelove), comedia (Dr. Strangelove, o cómo aprendí a no preocuparme y amar la bomba, también conocida como ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú), de ciencia ficción (2001: una odisea espacial, La naranja mecánica), policíacas (El beso del asesino, Atraco perfecto), de relaciones de pareja (Lolita, Ojos bien cerrados), y de terror: El Resplandor. Clasificación simplista, pues algunas pertenecen a más de un género. Prácticamente abarcó todos los géneros, y en cada uno hizo una película extraordinaria, algunas de ellas obras maestras del cine. De manera que no fue prolífico en lo que a número refiere, pero sí en calidad. En cada película hay símbolos y mensajes sobre algunos de los grandes temas inherentes al ser humano, y a su existencia en este mundo. Ninguna es pueril, ninguna es un simple cuento (quizás con la excepción de El Resplandor); y todas están impecablemente realizadas desde el punto de vista técnico.

A El Resplandor pertenece la que se ha determinado como la escena más terrorífica del cine: la del niño cuando asoma al pasillo y ve a las gemelas y a sus cadáveres. Basada en una novela de Stephen King, narra la degradación mental del personaje central representado por el excelente actor Jack Nicholson, al punto que quiere desesperadamente matar a su esposa y a su hijo (decentemente interpretados por Shelley Duvall y Danny Lloyd). La música empleada como banda sonora no pudo ser mejor seleccionada: piezas de música contemporánea de György Ligeti, Béla Bártok, Krzysztof Penderecki y Hector Berlioz mantienen, en todo momento, la tensión del film. Llama la atención la cantidad de escenas rodadas siguiendo a los actores, bien viéndolos frontalmente o por la parte posterior, a lo largo de los pasillos del hotel o en el laberinto. Para ello Kubrick empleó el –para entonces- novedoso sistema de estabilización de cámaras Steadicam. Muy kubrickianas estas tomas, que ya había utilizado y siguió utilizando posteriormente.

El resplandor es una película sin contenido filosófico importante, aunque sí sicológico y parasicológico. Excelentemente hecha, es, sin duda, una de las mejores que se han hecho del género terror.


19 abril 2011

2001: Una odisea espacial – Stanley Kubrick (1968)




“Hay algo en la personalidad humana que se resiente a las cosas claras, e inversamente, algo que atrae a los rompecabezas, a los enigmas, y a las alegorías”
Stanley Kubrick

Hay que comenzar diciendo que 2001: Una odisea espacial (también conocida como 2001: Odisea del espacio u Odisea en el espacio) es considerada la mejor película de ciencia ficción jamás rodada, y una de las 10 mejores películas de todos los tiempos. Esto pese a que obtuvo un solo premio Óscar por efectos especiales, único Óscar asociado a esta película de Stanley Kubrick, su director y productor, quien nunca recibió siquiera un Óscar como mejor director y es hoy considerado uno de los mejores del cinema. Este detalle anecdótico da cuenta de la subjetividad de los premios, tanto de los Óscar como de otros.

El guión de 2001 fue escrito por Kubrick y Arthur Clarke, novelista de ciencia ficción, durante el largo rodaje de la película, basándose en el cuento El Centinela, escrito por Clarke en 1948. El rodaje y la novela avanzaban retroalimentándose uno al otro. La película fue muy controversial, y aún hoy en día lo es. Kubrick dejó la interpretación del filme a los espectadores, señalando que éramos libres de interpretarlo como mejor nos pareciera. Esto ha traído una retahíla de interpretaciones desde muy simples a muy complejas. Sin embargo, una cosa es leer esta película como producto único de Kubrick (y de Clarke), y otra muy diferente es entenderla como parte de la saga conformada por las ulteriores novelas de Clarke asociadas a ésta: 2010: Odisea 2, 2061: Odisea 3, 3001: Odisea final. Estas novelas, no muy hiladas con la primera ni entre ellas, constituyen una serie basada en el éxito de la primera con el objeto de vender y ganarse la vida, cosa que nos parece totalmente legítima. Dentro del contexto de toda esa historia, 2001 podría tener otra lectura distinta de la que tendría como película o novela única, que no pertenece a ninguna saga. Esta es la lectura que hemos de darle en este comentario. Solo tendremos como complemento la obra completa de Kubrick y su visión del mundo, hasta donde ésta nos sea posible conocerla.





2001 abunda en efectos especiales que fueron toda una novedad para la época, tal como la simulación de la ingravidez; y su banda sonora es célebre. Kubrick innovó también en el aspecto técnico en casi todas sus películas. Pese a que hoy le han conseguido algunos errores a la película, tanto de orden técnico como de continuidad, ello no la hace desmerecer para nada, y particularmente en lo que refiere a su propuesta filosófica. Recordemos que también El Quijote abunda en errores, enmendados algunos en la segunda parte por Cervantes, y otros no tanto. Aún así es la obra cumbre de la literatura española. Igualmente, 2001 es la obra cumbre de la ciencia ficción y es una de las películas con los planteamientos filosóficos más profundos y trascendentales del cine.

Desde su estreno en 1968 he podido verla un sinnúmero de ocasiones, y en cada una la lectura se enriquece o cambia. Esto la hace aún más atractiva. Narra la Historia del Hombre, desde los albores cuando los primates nos antecedieron hasta el presente, y una especulación sobre el futuro. Uno de los planteamientos es el de las máquinas, o herramientas, que le facilitan las tareas al hombre, pero que también son instrumentos de muerte: en el inicio el simio mata a su congénere con una palanca (hueso) y al final el astronauta Dave (interpretado por Keir Dullea) desactiva al computador Hal 9000 con un destornillador. También se plantea, al final, el viaje a través del tiempo de una manera adimensional, o tetradimensional, como se quiera ver. Toca aspectos como el eterno retorno nietzscheano, la existencia de Dios y la evolución del Hombre.

Pero la trama central se teje alrededor del monolito que aparece en cuatro etapas de la historia: al principio, cuando sorprende a los primates, en la segunda cuando aparece en la Luna, luego cuando acompaña a Dave (o lo envía) a través de un alucinante viaje y, finalmente, en el ocaso del Hombre (Dave). Al comienzo se deja entrever que el monolito es responsable del proceso de racionalización del simio, puesto que el solo contacto con él hace que el animal logre discernir la aplicación de la primera herramienta: el hueso o palanca, con el que podrá cazar, pero también matar a su igual. Viene a ser como la luz de la razón que cae sobre el humano en ciernes. El monolito se adelanta temporalmente al Hombre, y la segunda vez que hace aparición es en la Luna. En esta fase el Hombre cuenta con máquinas sumamente sofisticadas, tales como computadoras, naves espaciales y armas de destrucción masiva [1]. Sin embargo, aún es incapaz de conocer la naturaleza y objeto del monolito. Por segunda vez el monolito se yergue como símbolo de algo inalcanzable para el Ser Humano. El monolito emplazado en la Luna envía un mensaje hacia Júpiter, que el Hombre atiende.




En el viaje hacia el planeta gigante, el Hombre ya cuenta con una máquina aún más avanzada, poseedora de inteligencia artificial: el computador Hal 9000, el cual controla todos los aspectos operativos de la misión y es el único conocedor del objeto de la misma. Sin embargo, la compleja máquina y el Hombre entran en conflicto, luego que la primera se equivoca en un diagnóstico y asesina a toda la tripulación excepto a Dave, por pensar que los humanos podrían poner en peligro la misión. El Hombre (Dave) la desconecta en virtud de que no hay posibilidad de razonamiento con la máquina; afirmando de esta manera la hegemonía del ser humano sobre sus creaciones. El final, que cada quien interpreta a su manera, es un encuentro de Dave consigo mismo a través del tiempo, en sucesivas etapas separadas años una de otra, hasta su muerte y posterior re-nacimiento como “el niño de las estrellas”, nombre que tradicionalmente le han dado al feto que magistralmente cierra el film. Muchos interpretan esta metamorfosis como un avance del Hombre hacia un estadio superior, algunos citan al superhombre nietzscheano.

Una posible interpretación

Partiendo de que Kubrick era aproximadamente agnóstico, algo pesimista respecto a la evolución humana (no en lo técnico pero en lo moral) y convencido de que el destino no lo forja el individuo per sé sin la influencia de agentes exógenos, se pueden interpretar algunos planteamientos de 2001 de la siguiente manera.

La evolución del Hombre. No solamente Kubrick lo interpretaría así, sino que cualquiera lo puede constatar por la Historia: la evolución del Hombre ha sido meramente instrumental, técnica, científica. El aspecto humano en lo concerniente a la moral ha evolucionado pírricamente en comparación a como lo ha hecho la técnica y la ciencia. El Hombre sigue siendo primitivo en su comportamiento social, capaz de las peores vilezas e incluso del asesinato. El violento siglo XX ha confirmado, de manera muy especial, este triste hecho. La violencia de los homínidos al comienzo, y la de Hal y Dave al final son vitrinas de esta visión. Por otra parte, el hombre sigue perteneciendo a un mundo contingente y no determinístico, el entorno le modifica su vida, sin que su voluntad pueda cambiar eso. Esta visión se puede apreciar en varias de sus películas: Espartaco, Lolita, Barry Lyndon, El resplandor, Eyes wide shut, incluso La naranja mecánica, entre otras. La suerte de Dave (el Hombre) queda a merced del monolito, muy fuera de su control. En esta película en particular, Kubrick plantea dudas sobre el evolucionismo, como se comenta más adelante, en el inciso El monolito.

Las máquinas. En virtud de la evolución técnica del Hombre, su producto: las máquinas, reflejan dicha evolución y se ve en 2001 el paso de la palanca a la nave espacial y luego a la inteligencia artificial. En Dr. Strangelove ya había abordado Kubrick el caso de las armas de destrucción masiva. Las máquinas que fabrica el Hombre le son útiles para sus fines, pero también matan. Pero el matar es, en efecto, uno de sus fines, aunque esto suene a tautología. En 2001 se plantea el bizarro, pero posible caso, de que la máquina por sí misma llega a la conclusión del asesinato necesario. La creación es "imagen y semejanza" del creador. El Hombre, como Creador de la máquina, finalmente puede decidir el futuro de ésta, acudiendo a su destrucción de ser necesario.






El monolito. Al haber dejado abierto el debate del significado de 2001 (al igual que el de sus otros filmes), Kubrick se desentiende de la existencia de Dios y nos deja a los espectadores la decisión sobre tan agudo asunto. El no manifestarse a este respecto ha sido beneficioso para la película, pues no entra en la eterna discusión en torno a la existencia de Dios. Si el monolito es la manifestación de una Inteligencia Superior, ésta es tan superior como si fuese Dios comparado con nosotros, pues ha producido hitos tan sorprendentes como el inicio del razonamiento en los simios, o el viaje temporal de Dave. Si es Dios o no, es prácticamente irrelevante. Es una Inteligencia o un Ente Superior, entiéndalo el lector de acuerdo a sus creencias, a su fe o a la falta de ella. En cualquier caso, el monolito –y la historia en sí- es abiertamente crítica hacia el evolucionismo. Por otra parte, difiero que deban ser dos, tres o cuatro los monolitos que intervienen. Basta que sea uno, pues la omnipresencia es inmanente a tan superior ente.

El eterno retorno. También en esto difiero de otros comentarios que leen el final como la ascensión del Hombre a un estadio superior, algunos dicen que a un estado de mente pura: a un Hombre incorpóreo. Dado el pesimismo en relación a la evolución humana que ha plasmado Kubrick en varios de sus filmes, no creo que signifique eso. Pienso que se trata de un eterno retorno no circular, una suerte de recurrencia, similar al ciclo histerético. No un empezar de nuevo desde cero, pero sí el regreso a un punto anterior desde el cual se iniciará nuevamente la evolución, esta vez corregida. El Hombre deberá corregir sus desviaciones en el campo moral. En las escenas finales pareciera que se le dijera al Hombre (personificado por Dave): “Has logrado cierta evolución, pero deficiente, de manera que debes re-comenzar. No eres más que una brizna en el Universo. Observa la Creación [escenas alucinantes del viaje temporal]. Ahora obsérvate a ti mismo, tu evolución, tu muerte y tu re-nacimiento [escenas finales en la habitación estilo Luis XVI].

Personalmente creo que estos son los aspectos primordiales que toca el film. Hay otros temas que se asoman, pero solo tangencialmente. Usted, amable lector, puede disentir de esta interpretación, evidentemente. Coméntenos sus impresiones sobre esta magna película. En la web abundan diversas interpretaciones de ella. Una interesante interpretación, muy elaborada formalmente, está aquí

Una obra maestra del cinema mundial.


Parodia de 2001, realizada por el autor de este blog (subtítulos en español)


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[1] Véase Dr. Strangelove o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba, Kubrick (1964).


09 julio 2010

Barry Lyndon – Stanley Kubrick (1975)




Auge y caída de un arribista que se dio cuenta de que no todo lo que desea se convierte en realidad


Hablar de cualquier obra maestra no es nada fácil, y una obra maestra de cine no escapa a ello. Barry Lyndon constituye, para muchos, una de las obras más logradas del extraordinario director Stanley Kubrick. De hecho, es la película de Kubrick preferida de Martin Scorsese. Una posible trilogía de su magna ópera estaría conformada por esta película, el Dr. Strangelove, o cómo aprendí a no preocuparme y amar a la bomba, y 2001: Una odisea espacial. Desde el punto de vista formal, Barry Lyndon es simplemente perfecta. Recuerdo que las salas de Caracas que proyectaban esta cinta se plenaban de artistas plásticos que acudían a apreciar la belleza estética de cada una de sus tomas. Si se pretendiese extraer una escena de antología de esta película, quien intentase el ejercicio se vería en serios problemas para decidir cuál escena sería seleccionada. Se puede escoger una al azar, sin que todas las demás desmerezcan. La ambientación, el vestuario, el maquillaje, el montaje o edición, la música, la dirección artística y, por supuesto, la dirección del film, todos estos elementos están impecablemente ensamblados para hacer de este film uno de los mejores de la historia del cine, honor que aún no se le ha dado, aunque sí figura entre los mejores 100 filmes del cinema. Personalmente le daría un sitial entre los diez mejores.


Cada toma es un cuadro de gran belleza


Kubrick en su corta pero intensa filmografía ha reincidido en trabajos impecables, y en un tema central: la impotencia del hombre común ante los avatares del destino, su exclusión parcial a la hora de forjar su destino y la incertidumbre con que éste le asombra en cada vuelta de esquina. Redmond Barry, al igual que el astronauta Dave en 2001: Una odisea espacial, Jack en El resplandor, Espartaco en el film homónimo, el Dr. Strangelove o el Dr. Bill Harford de Ojos bien cerrados (Eyes wide shut), Alex en La naranja mecánica, y otros personajes de sus historias, no logra controlar su destino, el cual lo conduce azarosamente a lo largo de su vida, de un evento a otro más afortunado o a otro menos afortunado. El epílogo al final la película es claro y contundente al respecto: “... todos estos personajes, buenos o malos, feos o bonitos, ricos o pobres, hoy son iguales”. Independientemente de sus códigos morales, de su recto o corrupto proceder, todos tienen un auge y una caída final. Redmond no es la excepción, si lo fuese sería una cuestión de mero libreto de ficción.

No importa lo que el hombre tenga en mente para sí y para los demás, siempre el destino le puede torcer sus intenciones, sean éstas dignas o no. No pocos pensadores tendrían problemas aceptando esto, desde Nietzsche y su superhombre a los pseudo filósofos actuales, de la New Age, quienes nos venden toneladas de libros de “autoayuda” que predican la falacia de que el dueño de su destino es uno mismo. Ortega y Gasset ya se dio cuenta de que era todo lo contrario: de que uno es uno y su circunstancia. Esa circunstancia, de la que no puedo escapar, modela mi destino, hace y deshace lo que puedo ser y puedo hacer. Esa circunstancia no se maneja a mi voluntad, nada más lejos de eso. Pues bien, Kubrick es un devoto de este pensamiento, y Barry Lyndon es bandera del mismo. No en balde no permitía que lo llevasen en automóvil a más de 40 km/h, máxima velocidad para evitar la muerte en un accidente automovilístico. Finalmente, cuando todo termina, cuando llegamos a nuestra predecible finitud, no podemos hacer absolutamente nada, tal como reza aquella recomendación que dice: “no te tomes la vida demasiado en serio, a fin de cuentas no saldrás vivo de ella”.

Estamos casi seguros de que, si no hubiese sido Barry Lyndon, sino Napoleón, cuya vida era la que Kubrick quería llevar a la pantalla en lugar de la de Redmond Barry, también hubiese sido una magna cinta. Barry Lyndon es una obra maestra del cine, una joya universal, cuya filosofía de fondo es un estudio de la vida tal como ella se nos presenta. No hay estrellas suficientes para ponderarla, sale de la escala.






15 febrero 2010

La naranja mecánica - Stanley Kubrick (1971)



Ultraviolencia pre-Tarantino


La naranja mecánica (A Clockwork Orange) es un extraordinario film de Stanley Kubrick rodado en 1971, luego de la celebérrima obra maestra 2001: A Space Odissey, y antes de otra obra maestra: Barry Lyndon. Decir Kubrick y decir extraordinario es lo mismo, es legendario su perfeccionismo minimalista a la hora de hacer una película, amén de los críticos planteamientos que presenta su obra, siempre con un lenguaje sencillo de entender, al menos para una lectura de primera instancia. Esta cinta, su novena de un total de trece, presenta decorados a veces delirantes, muy buena música, una edición notable, muy buenas actuaciones y una magistral dirección, obviamente. Pero más allá del aspecto técnico, está la propuesta que hace Kubrick, tal como todos los maestros del cine lo hacen en sus películas.

El inmortal cineasta nos relata las peripecias del joven Alex y sus amigos –desatendidos por los padres- adictos a las drogas, a la violencia y al ocio en una sociedad cuasi distópica, si bien el planteamiento se centra en la violencia y cómo ésta es utilizada políticamente. Lo interesante es que se manifiesta abiertamente que la violencia es utilizada como bandera tanto del gobierno como de sus opositores, de acuerdo a sus intereses; llegando al cinismo de revertir víctima por victimario y viceversa, cosa que, por cierto, vemos a diario en la vida real: nada tan cierto como que la realidad supera siempre a la ficción. El absurdo llega hasta el bizarro punto de que las "fuerzas del orden", las "autoridades competentes", están conformadas por ex delincuentes. Premonitoria coincidencia. Al final le queda al espectador la inquietante interrogante de si es factible modificar la conducta por medios psiquiátricos, pues tras el tratamiento al que someten a Alex para abandonar el comportamiento violento, éste parece que regresará a sus andanzas, tal como se deja entrever en la última escena. ¿Nos dice Kubrick que la única esperanza para un comportamiento social aceptable, adecuado, está basada en los preceptos morales solamente? ¿Hasta qué punto es dado que un gobierno modifique la conducta de los ciudadanos indeseables, de manera autoritaria? Sea como sea, el gobierno, que tiene el monopolio de la fuerza aunque no lo tenga del poder, lleva las de ganar. Es el drama de la Historia: las balas pueden más que las plumas. No deja uno de recordar la estructura social de El planeta de los simios.



Este film, que Usted no debe dejar de ver, es narrado en primera persona por su protagonista: Alex. En su momento fue objeto de severas controversias y censuras. Es reflejo fiel del pensamiento crítico de Kubrick quien, reiteradamente en sus filmes, satirizó el deleznable comportamiento humano, llegando a manifestar que “las más grandes naciones han actuado como criminales y las más pequeñas como prostitutas”. Nos deja en esta película serias reflexiones sobre la moral y la política, entre otras.


Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, la mayoría a través de Translate Google. Ahora la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

Las 10 + proyectadas