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Este blog no es de crítica especializada ni académica, solo de comentarios «al dente» de un espectador común.

Advertencia: destripe.

Algunos comentarios hacen referencia a momentos claves del argumento o al desenlace de este (destripe, spoilers).
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05 octubre 2021

El diablo sobre ruedas - Steven Spielberg (1971)


Imagen del póster en IMDb.

Del fr. suspense, y este del ingl. suspense.
1. m. Expectación impaciente o ansiosa por el desarrollo de una acción o suceso, especialmente en una película cinematográfica, una obra teatral o un relato.
Definición de suspense en el DRAE.


El diablo sobre ruedas (Duelo o Reto a la muerte, Duel, en inglés) es un film para televisión; uno de los primeros dirigidos por Steven Spielberg; quizás su película de menor presupuesto. El argumento es muy sencillo: David Mann (Dennis Weaver) sale de su casa en dirección hacia otra ciudad, en la que tiene una reunión de trabajo. En el camino se encuentra (a los cinco minutos de comenzada la película) con un camión cisterna con el que se batirá en duelo durante toda la historia, pues el conductor de este es un hombre enfermo (Cary Loftin) que quiere matar a David. Está basada en un cuento homónimo de Richard Matheson. El argumento más detallado en este enlace.


Al comienzo, el espectador cree que el camión solo
desea ir delante del automóvil. No.
Imagen tomada de IMDb.


Lo que comienza siendo similar a un pique entre adolescentes, termina en tragedia. La música, el rugir del motor del camión, las atinadas tomas de cámara, una buena actuación de Weaver y la historia bien dirigida, crean una atmósfera de tensión que no cede en ningún momento; el suspense de la película va en crescendo hasta el clímax final, con pocas escenas que no incrementen la intensidad. Esto lo hizo Spielberg cuando contaba con solo 25 años de edad y pocos recursos (medio millón de dólares, que no es gran cosa en el mundo de la TV norteamericana); hay que acentuar este hecho, que es una producción de bajo presupuesto. Después de su exitoso estreno, se amplió un cuarto de hora para exhibirla en cines.


En lugares insospechados, el camión estaba a la
espera de su víctima. Imagen tomada de IMDb.


Clásica película de carretera (road movie) en la que el protagonista (David Mann) tiene una experiencia que le hará cambiar su apreciación de la vida; tal como reflexiona en un momento en el que se detiene para comer: «Vas por la vida pensando que algunas cosas nunca cambian; como poder conducir por una carretera pública sin que alguien quiera asesinarte. Y luego, ocurre una estupidez, 20 o 25 minutos de tu vida y todo en lo que la basabas se ha desmoronado...». El individuo da por sentado que algo que es demasiado extraño, que tiene una probabilidad casi nula de que ocurra, no va a ocurrir. Pero ocurre y es tal su asombro que su sistema de creencias se viene abajo. 


Un momento de peligro inminente. El camión embiste
contra la cabina telefónica: quiere asesinar a David.
Imagen tomada de IMDb.


Lo maravilloso que es la vida, el asombro que es ella en sí misma, es vapuleado por una situación como la presente; en la que no tiene ningún sentido lo que ocurre, no tiene explicación ni justificación alguna; pareciera un juego del demonio, una afrenta de Satán. Probabilidad casi nula de que ocurra, sí; sin embargo, no es imposible, le ha sucedido. Al final, cuando David sale exitoso de la traumática experiencia, se regocija como si fuera un niño, como si hubiera ganado un juego de pelota. A lo largo de la tortuosa travesía no solo cambió su forma de percibir la vida, también tuvo una regresión hacia el cerebro primitivo, ese que gobierna según la intuición, el instinto animal, el componente lúdico.


Los asesinatos masivos del 11 de septiembre de 2001
también emplearon máquinas como armas.
¿Ingenio o cobardía? Imagen tomada de IMDb.


Como colofón, cabe destacar que el conductor del camión no se quiere dejar ver por David. En una ocasión en la que David corre hacia el camión detenido, este comienza a moverse. Tras la máscara del anonimato, cubierto por la máquina de asesinar (el camión), el homicida siente vergüenza por lo que está haciendo, se rechaza a sí mismo; y al tiempo revela que sin la máquina se siente castrado, incapaz; detrás de ella se escuda de manera cobarde. Este rechazo a sí mismo ayuda a explicar el trágico final.


Imagen del póster en Filmaffinity.


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Artículo en Wikipedia:
Artículo en Wikipedia en inglés:


19 marzo 2021

E.T. el extraterrestre - Steven Spielberg (1982)


Imagen del póster en IMDb.

El más exitoso extraterrestre.


Parece que fue ayer cuando asistimos al estreno de esta película de Steven Spielberg, pero va para cuarenta años muy pronto. Si se la ve hoy (y lo hice) se llega a la conclusión de que no envejece. Se mantiene tan tierna y cautivadora como antaño. Con el mismo sentimentalismo que, en ocasiones, raya con lo cursi y lo sensiblero. Es un filme apto para ver en familia, desde niños pequeños hasta ancianos. Es ligero de ver, sencillo, no es complejo ni profundo en sus planteamientos y el lenguaje en el que está escrita la historia es fácil de entender.

Un extraterrestre (se presume que infante) es abandonado por la nave que explora la Tierra. Logra llegar a una casa de clase media cuya familia formada por una mujer y sus tres hijos, el mayor, el mediano (Elliott) y la niña pequeña (Gertie, interpretada por una Drew Barrymore niña, casi lactante). Elliott se convierte en su amigo y protector; pero también se establece una conexión biológica y telepática entre ambos (si se emborracha uno, se emborracha el otro; igual si enferma uno de ellos). Los niños, a espaldas de la madre (que solo logra verlo al final del filme), lo defenderán de las fauces maquiavélicas de los hombres de negro, los científicos que lo quieren para hacerle la autopsia, los malos. El E.T. hace un teléfono con materiales y dispositivos reciclados para comunicarse con su gente y estos vienen por él.

El filme es, a día de hoy, un clásico de Hollywood; uno de los varios clásicos que ha realizado este genial cineasta, que podríamos colocar en la cúspide de la industria. Con E.T. cristalizó un sueño personal (a decir por lo que se comenta). Elliott, también carente de su padre, encuentra un amigo digamos virtual (tal como Spielberg tuvo en su momento). E.T. es la historia de una amistad de diferentes, en cierta forma de excluidos o, por lo menos, reducidos, tal como el niño y el visitante de otro mundo. También nos habla sobre la intolerancia, la incomprensión a lo desconocido; personificada en los científicos que quieren hacerse del regalo que cayó del cielo para diseccionarlo y examinarle las vísceras; eso permitirá la redacción de numerosos papers y así granjearse el financiamiento para más investigación. Spielberg no deja de criticar, aunque sea más sutil que otros cineastas como Oliver Stone o —peor aún— Pasolini. Como es un virtuoso del cinematógrafo, lo hace con esa delicadeza que apenas deja secuela, sin trasgredir, pero igual inserta la daga. 

En cuanto a su lectura como película de ciencia ficción que relata el encuentro de extraterrestres buenos con hombres malos es sesgada, muy sesgada. Podría haber sido extraterrestres malos con hombres buenos, que también los hay en este planeta. Es una visión romántica que los que vengan de afuera sean magos que hagan levitar a los niños en sus bicicletas para burlarse de los malos del FBI. También lo eran los de Encuentros cercanos del tercer tipo. Los que vengan de afuera pueden ser tan malos como los de Día de Independencia, tal como señalara Stephen Hawking. Nadie lo sabe con certeza. El filme funciona mejor en su nivel de historia de una amistad. En esa instancia es conmovedor como un melodrama, sin llegar a serlo (por los pelos, y para más de un espectador lo es). Como filme de extraterrestres es mejor y más pertinente Encuentros cercanos, que comentaré en otra ocasión. Sin embargo, E.T. es una gran película que se deja ver varias veces a lo largo de la vida. En relación a su calidad como producto fílmico es intachable.


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Artículo en Wikipedia (incluye argumento detallado, análisis de temas y mucha información sobre la producción):

13 octubre 2012

Inteligencia artificial – Steven Spielberg (2001)



Entre realidad y deseo


Esta película fue el último proyecto de Stanley Kubrick, quien lo llevaría a efecto conjuntamente con otro gigante del cinema: Steven Spielberg. Kubrick murió antes de cristalizarlo, pero Spielberg lo concluyó, y la película está dedicada a Kubrick(1). Narra la historia de un robot niño que quiere ser humano, que quiere ser amado por su “madre” humana. Esta historia no es nueva, ya la habíamos visto en producciones anteriores; una de ellas es el Hombre bicentenario, con una decente actuación de Robin Williams, que –sin embargo- no logró eximir de empalagamiento sentimental el film, que raya en lo cursi, pese a que la historia ofrece la oportunidad para un tratamiento más profundo de los diversos tópicos que toca. Inteligencia artificial no llega tan allá, no raya en lo cursi, pero por poco. Para quienes somos amantes de la ciencia ficción, la trivialidad con la que es abordado -las más de las veces- este subgénero, nos irrita.

Pienso que el proyecto no sería el mismo con el aporte de Stanley Kubrick. Al menos, el edulcoramiento típico del cine estadounidense no hubiese sido uno de los ingredientes de este film. Sin embargo, la película es todo un Spielberg, y está muy bien lograda, muy bien puesta en escena, y con efectos especiales de primera categoría, que la hacen destacar, aunque está lejos de ser la mejor Spielberg. Sobre los posibles temas que asoman en la historia, nos llama la atención el que subtitula estas notas. Cual Pinocho, el androide David, dirigido por un algoritmo especial que su “madre” humana activa, comienza a amarla y desea ser correspondido. Debido a múltiples vicisitudes, no lo logra durante la vida de ella. La humanidad sucumbe ante la glaciación y este robot hiberna durante dos mil años. Sus descendientes cibernéticos lo reactivan y le ofrecen una reminiscencia de su madre: un día con ella (con un clon de ella) para poder disfrutarla y acceder a su amor. Estos postreros androides muestran el mayor de los respetos -casi adoración- por la especie humana, celebran sus grandes logros y se placen por acceder a los recuerdos que David porta sobre ella, y a través de los cuales nuestra especie se muestra en todo su esplendor a los androides del futuro. Sin embargo, en escenas previas, un grupo de gente contraria a la irrupción de los robots en la vida humana, destrozaban a los sofisticados mecanismos, en una suerte de salvaje “carnicería”, de la que se salvó David por mostrar rasgos humanos que lo distinguían de las demás máquinas.

Pese a los desafueros humanos, la película opta por reivindicar la naturaleza humana, su grandeza y su espíritu de trascendencia. La realidad nos ha mostrado que somos más animales de lo que deseamos ser, que queremos llegar a una humanidad que aún nos es algo ajena, de la que solo tenemos una idea, en el sentido platónico del término idea. El alcanzar el gran logro humano: el amor, es el sino del robot niño, como lo era alcanzar la condición de humano para el robot Andrew de El hombre bicentenario. El nuestro es alcanzar esa humanidad de la que tenemos una idea que se nos hace inasible.

Debido a que los androides del futuro pueden también entenderse como alienígenas, no deja uno de reflexionar sobre nuestra propia existencia, y recordar ese pensamiento según el cual sería tan extraordinario sabernos únicos en el Universo como lo sería sabernos acompañados. Si somos únicos ¿por qué somos únicos? Si no estamos solos ¿cuántas especies más habrá y en qué estadio evolutivo estamos nosotros? Finalmente, ¿qué es lo que realmente desearíamos: estar solos o no estar solos en el Universo?

Inteligencia artificial también plantea un tema muy polémico, aunque menos trascendente, que es la evolución de los androides: ¿podrán llegar al nivel nuestro, nos igualarán? Las máquinas han sido nuestra competencia desde siempre, pero también nuestras aliadas, nos han facilitado el trabajo, pero también nos lo han quitado. De ellas dependen nuestras vidas, pero también están supeditadas a nuestra voluntad. Ya tenemos máquinas que hacen máquinas, aunque bajo nuestras órdenes. Pero no veo cómo vayan a tener algún día esos atributos intangibles que nosotros tenemos; eso que llamamos alma, o espíritu, nuestra mente, nuestra voluntad y curiosidad, nuestro juicio y racionalidad, nuestra capacidad comunicacional, perceptiva e intuitiva, todas esas cualidades que nos distinguen de los demás seres vivos que conocemos. Desde hace mucho tiempo se han presagiado cosas imposibles que, a la postre, se han hecho una realidad cotidiana en nuestras vidas. Podemos mencionar centenares de objetos e incluso ideas que son ejemplo de ello. Si algún día llegan los objetos cibernéticos a tener una especie de remedo de alguno de nuestros atributos intangibles, sin duda éste será definido por algún algoritmo diseñado por humanos. Tal como el algoritmo especial de David, que su "madre" activa para que ame. A pesar de ello, queda en el aire otra incógnita, mencionada por uno de los técnicos de la empresa que creó a David: Aunque ellos (los robots) fuesen capaz de amar, ¿seríamos los humanos capaces de corresponder a ese amor?


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(1) Como dato curioso, La lista de Schindler fue un proyecto que Kubrick abandonó y Spielberg retomó.


Proyecto El chico

En 2007 realizamos un proyecto en ambiente Web 2.0: traducir la película -en dominio público- El Chico, de Charlie Chaplin (1921), a diversas lenguas. Inicialmente en Google Video se tradujo a 26 lenguas, 4 de ellas por humanos: 3 por colaboradores de Portugal, Francia e Italia, y el autor de este blog. Las demás lenguas se tradujeron vía traductores online, la mayoría a través de Translate Google. Ahora la película está en YouTube, con intertítulos en 12 lenguas. Más información sobre este proyecto en este enlace. Ver la película en YouTube.

Las 10 + proyectadas